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El oficio de un escritor de Ciencia Ficción narrado por su viuda

FredricBrown-Paradoja Perdida

Cuando apareció el volumen de cuentos Paradoja perdida en 1973, su autor, Fredric Brown, llevaba un año de muerto. Su esposa Elizabeth C. Brown  hizo la introducción de este último libro; en su escrito, afirma que su marido no era prolífico pese a tener dos docenas de novelas y más de un centenar de cuentos, también ilustra cómo Fredric retrasaba el instante en que debía sentarse frente a su máquina de escribir:

Fred odiaba escribir. Pero adoraba haber escrito. Hacía todo lo que se le ocurría para postergar el momento de sentarse ante la máquina de escribir: le quitaba el polvo al escritorio, tocaba la flauta, leía un rato, tocaba un poco más la flauta. Si vivíamos en un pueblo en el que la correspondencia no se repartía, iba a buscarla al correo y después encontraba a alguien con quien jugar una – o dos o tres – partidas de ajedrez o de naipes. Cuando regresaba a casa, pensaba que era demasiado tarde para empezar. Después de hacer lo mismo durante varios días, empezaba a remorderle la conciencia y se sentaba realmente ante la máquina de escribir. Podía escribir una o dos líneas, o algunas páginas. Pero los libros acababan por escribirse.

No fue un escritor prolífico. Su promedio diario era de tres páginas. A veces, si un libro parecía escribirse a sí mismo, escribía seis o siete páginas diarias, pero eso era algo excepcional.

Fred caminaba de una habitación a otra cuando urdía el argumento. Puesto que los dos estábamos en casa buena parte del tiempo, tuvimos el problema de que yo le hablaba mientras caminaba, y así interrumpía el hilo de sus pensamientos. No le gustaba. Después de probas varias soluciones que no dieron resultado, le aconsejé que se pusiera su gorra de algodón rojo cuando no quería ser molestado. Poco después, le miraba automáticamente la cabeza antes de abrir la boca.

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Antonio Mora Vélez presenta “Lina es el nombre del azar”

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En la pasada feria del libro de Bogotá, el escritor Antonio Mora Vélez dio a conocer el libro “Lina es el nombre del azar”, editado por Collage Editores. El lugar que ocupa Vélez en la literatura de ciencia ficción colombiana es el de uno de los grandes dinamizadores del género que aún continúa produciendo. En el vídeo que a continuación les presentamos, Mora Vélez hace una contextutalización de este volumen y hace un rápido recorrido por esta literatura en Colombia:

 

 

Se abre la convocatoria del certamen Domingo Santos para relatos de CF, Fantasía y Terror

Tomado de la web de URANIK 

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El Colectivo Urânik, organizador de la XXXII Hispacon (MiRcon), abre la convocatoria del certamen Domingo Santos de Relato de Ciencia Ficción, Fantasía y Terror.

El certamen se regirá de acuerdo a las siguientes bases.

BASES:

1.- Tendrán derecho a participar en el certamen todos aquellos relatos escritos en lengua castellana susceptibles de ser considerados dentro de los géneros de ciencia-ficción, fantasía o terror.

2.-  Los relatos deberán ser inéditos (no publicados previamente en medio impreso o digital alguno) y no deberán concurrir a ningún otro certamen o premio entre la fecha de publicación de las bases y el final del período de recepción de obras.

3.- Se considerarán relatos válidos para el certamen aquellos que tengan una extensión no superior a 7.500 palabras. Cada autor participante tendrá derecho a presentar un único relato.

4.- El plazo de recepción de relatos para la presente edición finalizará el domingo 9 de Noviembre de 2014 a las 23.59 h. (GMT +1).

5.- Los relatos deberán ser enviados a la siguiente cuenta de correo electrónico: convocatorias@uranik.com indicando claramente en el asunto “PARTICIPACIÓN DOMINGO SANTOS”

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Qué hace a un escritor de ciencia ficción, por Jack Williamson

"La ciencia es la puerta hacia el futuro; la ciencia ficción es la llave dorada. " Jack Williamson

“La ciencia es la puerta hacia el futuro; la ciencia ficción es la llave dorada. ” Jack Williamson

 

En la Introducción a la antología de los primeros relatos ” Lo mejor de Jack Williamson”, dedicada enteramente a Isaac Asimov, el llamado decano de la ciencia ficción hacía un paralelismo entre la vida  del autor de la Trilogía Fundación y la suya, aunque era mayor 12 años. El propósito era  tratar de descubrir el momento en que ambas vidas se cruzaron por la pasión y vocación común por la Ciencia Ficción.

En este texto, Williamson recupera el artículo  “Ciencia ficción, faro de la ciencia” que publicó en Amazing Stories a los 20 años y daba cuenta de lo que significaba el género para aquel joven granjero.

A Isaac Asimov

INTRODUCCIÓN

Debo dar las gracias por este libro al buen doctor Isaac Asimov, que después de publicar una antología de sus primeras obras persuadió generosamente a los directores de la editorial Doubleday de que también debía publicarse una antología de mis primeros cuentos.

Aunque me siento adulado y satisfecho, la verdad es que me resulta difícil recordar al joven Williamson. Casi han pasado cincuenta años desde que probé a escribir por primera vez ciencia ficción. Buscando la verdad sobre aquel individuo casi olvidado, e interrogándome también acerca de lo que llega a hacer de un hombre un escritor de ciencia ficción, he hecho comparaciones entre lo que recuerdo de él y lo que sé acerca de Isaac.

Y he encontrado extrañas similitudes y grandes contrastes… lo que, probablemente, no signifique nada en absoluto.

He conocido y admirado a Isaac desde el momento en que él empezó a vender ciencia ficción. Afortunadamente para mí, yo ya era un veterano entonces, pues había comenzado doce años antes que él. En cierto modo nuestras carreras han sido parecidas, aunque no alcanzo, ni con mucho, su número impresionante de libros publicados, ni su fama bien ganada como autoridad en diversos campos.

Ambos crecimos en unas familias que hubieron de luchar realmente para sobrevivir, aunque yo creo que su familia gozaba de un poco más de seguridad que la mía. Ambos fuimos el mayor de varios hermanos; ambos, jóvenes introvertidos.

Y ambos nos enamoramos muy pronto de la ciencia ficción, lo que transformó nuestra vida.

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Una cerveza con Arellano

Juan Arellano del blog  Globalizado vino a Bogotá y aprovechamos su breve estadía para encontrarnos, intercambiar libros, hacerle una guía por las librerías del centro de la ciudad, y por supuesto, tomarnos una cerveza para hablar de Mil Inviernos y de nuestra perspectiva sobre la  Ciencia Ficción.

Esta charla sucedió en el restaurante “A seis manos”, el 18 de marzo del 2014.  Juan o  @cyberjuan (como se le conoce en el mundo de twitter) la registró y la subió a youtube. Se las presentamos:

H. R. Giger estuvo aquí con sus pesadillas

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Los clientes holandeses  una vez pensaron que mis imágenes eran fotos. ¿En qué parte de la tierra ellos pensaron que yo podría haber fotografiado mis personajes? ¿En el Infierno, quizás?

H.R. Giger

El pasado lunes 12 de mayo, el artista suizo H. R Giger murió tras haber sufrido una caída a los 74 años de vida. Esta es una noticia triste para el mundo del arte, la ciencia ficción, la fantasía, el terror y todo el espectro general que se ocupa entre lo imaginario y lo cruel.

H. R. Giger creó atmósferas y personajes de pesadillas, en la que las fronteras entre la máquina y lo humano se evaporaban como  gritos que escapaban entre grietas de carne helada, creando una extraña alusión a las formas de vida extraterrestres o bestias de submundos en el nuestro.

Hace pocos años, Giger accedió a una entrevista exclusiva para El Niuton con H.R Giger en su casa y taller en Zurich-Suiza, coordinada por  Gabriel Vanegas. En esta entrevista Giger recordaba la impresión que le quedó al  ver la momia de una princesa a sus ocho años, y ese mismo día recibir unos medicamentos por correo, como si “la salud llegara vía correo”. Todos estos temas fueron recurrentes en su obra.

 

El resto de la entrevista se puede leer en el especial dedicado al erotismo, de la Revista El Niuton: http://elniuton.com/erotismo/erotismo.html 

El Biblioburro, tecnología precaria de alto impacto social.

Luis Hernando Soriano, artífice del Biblioburro, se lamenta de que en el Magdalena no haya ríos, ni siquiera caños, como ese que apesta a la entrada de Bogotá, por el calor que hace en esta región. Calor que sobrepasa los 40 grados. “Yo soy tan blanco como tú”, me dice, tal vez para hacerme una idea del intenso calor y los fuertes rayos de sol que debe soportar en sus jornadas cotidianas, que le han generado un bronceado característico de la zona de donde proviene.

El colombiano ejemplar, en cultura, del año 2013 por El colombiano, agradece a Dios por su vocación como maestro. Yo lo veo como una encarnación  del sueño de Ray Bradbury, en Fahrenheit 451, pues Soriano ha encontrado la manera de preservar la memoria y sabiduría contenida en los libros, a través de sus burros que ofician de bibliotecas itinerantes.

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