Esfera Nelso. Entrevista.

La lluvia corroía las calles apagadas de una ciudad anegada en cortocircuitos nerviosos. Nuestros pasos chapoteaban, acelerados, los charcos en las aceras, fulminadas de escombros, mientras vagabundos y oficinistas del centro se abalanzaban sobre los últimos refugios en donde escampar el fin de una semana de sueños amordazados.

Íbamos en búsqueda de la única entrevista que hasta la fecha Nelso ha concedido. No sabíamos a ciencia cierta qué encontraríamos. Aventurábamos en cada respuesta una revelación o una bofetada de marica. Sin embargo, a la intemperie de una lluvia despectiva como la saliva de un idiota,  apurábamos nuestro paso y, como golosos tras un manjar, nos restregábamos las palmas de las manos con una emoción exuberante.

Lo esperamos en un bar  anegado de la juventud universitaria que se proyectaba como la próxima generación habitante de cubículos que preñaban los edificios de oficinas de la ciudad plateada. Nelso llegó dando pasos levitantes, de su escuálida y morena mano derecha colgaba un paraguas que parecía extraído de las ruinas del bogotazo. Su cabello negro, largo y liso parecía explotar en tímidos bucles ocasionados por el agua que, incesante, continuaba despreciando a toda la especie que se apostaba bajo los techos desiguales. La camisa azul que le apretaba sus muñequitas, brillaba en la penumbra del recinto y una sonrisa nerviosa, que le hacía brotar sus dientes perfectamente alineados, llenó de melancolía el trago de cerveza que en ese momento consumíamos. Apenas se sentó, lo primero que exclamó fue “Qué más da”.

Todo esto pasó hace un siglo. Ahora Nelso vive con Carlo y filman una película que se llama “Nelso y Carlo o Carlo y Nelso”.

Milnviernos: ¿Alguna vez escribió?
Nelson: Sí, alguno que otro texto pequeño.

M: ¿En qué consistían esos textos?
N: Relatos, cuentos y poemas de poca magnitud

M: Recordamos uno llamado Lorena, háblenos de él.
N: “Adiós Lorena” se llamaba. Fue un texto sobre decepciones (mueve las manos, como si estuviera revolviendo el éter), melancolías… en palabras de un amigo: algo ni siquiera vivido.

M: ¿Nelson, hay algún poema de magnitud en el Universo?
N: Claro que sí: César Vallejo.

M: César Vallejo, en su criterio, ¿es un poema?
N: No. Los poemas de Vallejo y muchísimos otros. El asunto es que a uno ni siquiera le importa eso.

M: ¿Qué le importa a Nelso?
N: Nada… eeeh… nada más (Ríe con abrasadora decepción)

M: ¿Alguna vez ha llorado con algún poema que haya leído?
N: Sí. Con poemas de Vallejo, de Alexaindre, Miguel Hernández.

M: Aparte de los poemas, ¿algo más le causa el llanto?
N: La música causa llanto. Una melodía que sea lo suficientemente hiriente para recordar lo poca cosa que es todo.

M: ¿Su silencio es musical?
N: No sé, intento desentrañarlo.

M: ¿De qué están hechas sus entrañas?
N: Puede ser de recuerdos

M: ¿Qué recuerdos?
N: Recuerdos de las infancias imperiales

M: Háblenos de su imperio Inca
N: Son historias que se tejen alrededor de mi figura triste, dicen. Yo no sé, porque de eso ya hace mucho tiempo.

M: ¿Qué es el Tiempo para Nelso?
N: Difícil definir eso, tampoco importa. Mientras estamos cuestionándolo, transcurre como un espectador; quizá el verdadero conductor de sus entrevistas.

M: A pesar de no haber vuelto leer un texto de su inspiración, se le escucha hablar de corrido de la palabra decepción, ¿Qué es la decepción?
N: El problema es que me preguntan la definición, cuando es algo real y palpable. Se olvida o se recuerda. Una partida no ganada o nunca jugada.

M: Defina Silencio.
N: (Cara con visos de creciente angustia) No diré nada.

M: ¿Le molesta la pregunta?
N: No; no sé qué decir. Me encuentro aturdido.

M: ¿Qué más le aturde?
N: El aburrimiento. La sensación de no estar en ningún lado.

M: ¿Quisiera no estar?
N: Preferiría

M: ¿Es acaso por eso el silencio ancestral?
N: No había pensado en ello. Probablemente mi frustración fue por no lograr no estar en ningún lado (Una vez más, bate el éter con sus manitas). Ustedes me confunden.

M: Nelson, ¿algún poema a futuro?
N: Tal vez sí; pero ahora no escribo. Tampoco tengo de qué escribir.

M: ¿Quiénes tienen sobre qué escribir?
N: Quien vive (Ríe despavorido)

M: ¿Cree que escribir es de canallas?
N: ¿Por qué habría de pensar eso?

M: ¿Qué piensa del acto de escribir?
N: Puede ser un pasatiempo, una forma de vivir, una excusa, un silencio o, en últimas, un acto de arrogancia.

M: ¿Qué es el amor para Nelso?
N: Un sentimiento bello pero peligroso. Implica muchos desafíos, rupturas. Quizá el pensamiento de que uno podría estar en cualquier parte. -Tras una ligera pausa, añade:-
¡Qué mano de incoherencias estoy diciendo!

M: ¿Qué es nacer?
N: Físicamente existe. No sé si el nacimiento de cualquiera de nosotros sea lo mismo que su muerte. Muchos seres nacen y mueren todos los días.

M: ¿Qué es la muerte?
N: La muerte es el cese de un ente físico. Lo que aterra es el dolor que precede a la muerte.

M: ¿En qué consiste ese dolor?
N: Distintos tipos de padecimiento; actos continuos de decepción; cuestionamiento diario; un accidente, una agonía física; una herida en el alma. ¿Por qué preguntan tanto sobre la existencia?

M: No sabemos. Háblenos de sus ojos
N: ¿Por qué de mis ojos?

M: Porque son bellos.
N: Muchas gracias. Alguna vez compusimos con un viejo amigo una canción que se titulaba “Mis ojos están extraterrestres”. Quizá eso sea lo único que tenga que decir.

M: ¿Queda algo para mañana?
N: Rutina. Ese es el desayuno constante de mañana. ¡A alimentarnos pues!

M: ¿Tiene proyectos a futuro?
N: Pretextos. Proyectos, ninguno.

M: ¿Qué piensa del amor entre hombres?
N: Por fin una pregunta interesante. (Risa filena). No, cada cual tiene el derecho de amar a cualquiera. Ustedes, por ejemplo, podrían amarse… y mucho.

M: ¿Usted ama a alguien?
N: Claro que sí. La novia, los familiares y amigos.

M: ¿Ama las estrellas o la aurora?
N: Ambos son hermosos: son símbolos de lo decadente que se extingue. Son preciosos. (Risa de marica).

Por un momento Nelso se incómoda con la entrevista y ordena que a cada frase que él emita se le ponga la aclaración de que ríe como una marica.

M: ¿Cómo le afecta la belleza femenina?
N: Como una herida de la cual no se tiene recuperación.

M: ¿Una herida mortal?
N: Mortal. Peor aún, deja vivir para soportarla. (Sonríe a otros chicos que vagan por el bar).

M: Y la belleza masculina…
N: También existe. No me fijo mucho en ella pero existe. A ellas les fascina y a algunos hombres también.

M: ¿Espera la muerte?
N: No la niego. Si llega la acepto. Será un gran momento.

M: ¿Qué significa su obra, tanto para usted como para el mundo?
N: ¡Pero es que no hay obra!

M: Falso. Su silencio es un monumento legado a una civilización de humanos que fracasaron. ¿Qué puede decir al respecto?
N: La humanidad fracasó, no hay nada que hacer. Si yo le sirvo de monumento, cumpliré al menos algún propósito.

M: ¿Queda algo por vivir?
N: Viéndolo bien, cosas absolutamente triviales: una ida al campo, unas cervezas, una conversación. Nada más o pocas cosas.

M: ¿Quiere decir algo más?
N: Apreciados amigos: no comprendo esta entrevista, pero les quiero mucho.

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