Feria madre (undécima entrega)

Por Pedro Pablo Escobar Escárraga

Continuamos con la visita de Simónides a la Gran Feria que une todos los conocimientos terrestres (acá pueden leer la entrega anterior).

 

 

CAPITULO  XI.

RELIGIÓN DEL ABSURDO: CULTO AL ASNO DORADO

EL LIBRO DE LOS INFALIBLES

Paseaba Simónides por una calle cualquiera como era su costumbre, en busca de algún acontecimiento no registrado en la memoria. Había renunciado a indagar sobre los eventos del día, y vagaba libremente en caza de alguno, alejado de los parques donde seguramente encontraría faenas teatrales o discursos de oradores callejeros expulsados de los concilios o simples buscadores de gloria en el aplauso del eventual espectador.

Se detuvo al ver personas con el rostro cubierto por máscaras asnales, y colas de fique anudadas a la cintura, suspendidas por la parte de atrás. Hacían fila esperando el turno de entrada frente a un portón con el aviso: “RELIGIÓN DEL ABSURDO”,  “FUNCIÓN DE HOY: CULTO AL  ASNO DORADO” “SOLO PARA DEVOTOS”, y en letra  más pequeña “REQUISITO: PORTAR MÁSCARA Y COLA ASNAL”.  Vencido por la curiosidad, extendió unos billetes a través de una rejilla con el rótulo “Si olvidó el traje, aquí lo proveemos” y a cambio recibió la máscara y la cola. Ataviado de devoto traspasó el umbral. El espectáculo estaba por comenzar. Tomó asiento entre la concurrencia, y expectante fijó la mirada en el escenario. Se corrió el telón a la derecha.   

Un hombre taciturno, de inmensa resignación e igual paciencia llevaba de cabestro un jumento. Sobre este, apoltronada en la enjalma, la amazona con dolores de parto, miraba de soslayo algún sitio donde  depositar el fruto del inminente alumbramiento. Hombre y bestia se detienen. La mujer, más que mujer, parecía una diosa. Posó un pie sobre la espalda que el hombre le brindaba como peldaño, y bajó a tierra. Se tendió a la vera del camino, y en medio de un ventarrón fresco y el piar de aves que con su aleteo parecían ángeles buscando sitio dónde descansar de un largo vuelo, se levantó venturosa ofreciendo al cielo al híbrido infante –  dios-hombre –  al tiempo que el jumento lanzaba un rebuzno de indescriptible gloria.

Se corrió el telón hacia la izquierda.

Aplausos.

Alrededor de una mesa hexagonal, sentados de a dos por lado, sujetos de sotana negra unos y blanca otros, con ribetes de morado claro contrastantes, y capuchas y calzado rojos, ricamente enjoyados, bebían y comían en abundancia, y en los momentos de descanso parecían dedicados por entero a dilucidar algún acertijo para el bien de la humanidad por ellos regentada. Un grupo de mozas danzaba cerca y de vez en cuando escanciaban del vino de los sabios y saboreaban el manjar de su mesa. Unos mozos entraban trayendo bandejas repletas de viandas y bebidas, y otros salían con las sobras y botellas vacías. Esto se repitió varias veces, mientras crecía la animación de tan ilustres comensales. El alborozo fue roto por la presencia de un rey altivo que entraba en andas alzado por una docena de fieles lacayos. Todos callaron.

El Rey: Comunicadme el fruto de vuestra sabiduría. Lleváis un año largo disfrutando de mi hospitalidad y generosidad, bebiendo el mejor vino de mis cavas, el mejor queso y leche de mi aprisco, los más suculentos perniles de la porqueriza real y arrullando vuestros oídos los mejores músicos del reino y disfrutando la vista y sentidos con las más hermosas y gráciles cortesanas y sacerdotisas del sexo, para así hacer placentera vuestras discusiones y dilucidaciones de lo existente entre el cielo y la tierra, lo de arriba y lo de abajo, lo de más arriba y lo de más abajo, lo de adentro y lo de afuera. Es hora de que quitéis la venda de mi espíritu. Mi pueblo ansioso espera que vuestra luz disipe las dudas que por tantos siglos empaña sus mentes. ¿Cómo podré gobernar un pueblo carcomido por la duda? ¿Cómo dar solo una ley a gentes de credos tan dispares? Dadme vuestras conclusiones, el tiempo apremia, afuera las gentes impacientes están a punto de asesinarse unas a otras. Sin una fe única, el pueblo se destrozará, y sin pueblo en quien reinar estaré perdido y vosotros me acompañaréis en la caída, de esto no os quepa duda alguna.

Sabio 1 (de pie): Todo ha sido conforme con el designio escrito desde el inicio de los tiempos: Virgen, fecha, sitio y jumento. El jumento fue escogido por la divinidad desde la eternidad. En consecuencia, aquello que parecía natural, es apenas sobrenatural, y aquello considerado humano por algunos es sin duda de índole divina.

Sabio 2 (de pié mientras se sienta el Sabio 1): El jumento es digno entonces de igual o mayor veneración que su jinete, puesto que sin su concurso, no hubiera sido posible el milagro de tan venturoso alumbramiento en el lugar y hora indicados, y las profecías no hubiesen tenido tan feliz cumplimiento evitando así una sonora  e histórica mofa de los contestatarios ateos.

Sabio 3 (de pie mientras se sienta el Sabio 2): Se discutió la naturaleza del rebuzno que el sagrado jumento lanzó según dicen las escrituras, al nacimiento del héroe. Fue el saludo de la divinidad al descenso de la misma en forma humana. Esta verdad, aunque irrefutable, por la premura del tiempo que nos fue dispuesto, no pudo ser estrujada en todas las consecuencias colaterales, y por tanto, y desde ya, pasa a constituir un rico filón para la dialéctica teológica del devenir. Y será virtuoso dar donaciones al sacerdote para que provoque el rebuzno del asno como augurio de mejores tiempos, y coros fervientes con la mirada dirigida a lo alto imitarán el rebuzno con una devoción indescriptible, convirtiéndose en parte indispensable del repertorio litúrgico, evento conmovedor en los nacientes y florecientes templos asnales que desde hoy comenzarán a construirse con vuestra anuencia y apoyo.

Sabio 4 (de pie mientras se sienta el Sabio 3): Un asno de tal naturaleza no podría haber tenido solo cuatro patas como cualquier vulgar cuadrúpedo,  sino tres más, puesto que tres es el número de la trina divinidad, tres los colores primarios y tres las manifestaciones del tiempo: pasado, presente y futuro, así que siete y solo siete patas posee el divino asno como siete son las virtudes cardinales, siete los sellos en el libro del fin, siete los días de la semana de creación en el libro de libros. Siete, aunque la ceguera del hombre solo vea cuatro. Esto es un rotundo y solemne éxito de la teología asnal y en concilios futuros esta teología será enriquecida en sabiduría, se crearán septenarios y aun novenarios al asno, himnos y oraciones, y será la predilecta de los poderosos como herramienta de administración, gobierno y guía a la sumisa y ferviente grey.

Sabio 5 (de pie mientras se sienta el Sabio 4): Sin embargo, ¡Oh Rey regente de naciones! Estad alerta, el maligno en su envidia por la prosperidad de nuestra sagrada simbiosis, pondrá palos en la rueda, y avivando la avaricia y la ambición desmedida de algunos traidores miembros de la hermandad, porque los habrá, ¿cuándo o dónde no los hay? Crearán escisiones en el  floreciente y fructífero movimiento asnal: Se ha inferido el séptuple conjunto de miembros para andar, y la fabricación de esta imagen para su comercialización y adoración deberá ser confiada a una sola comunidad clerical privilegiándola sobre las otras con estas regalías, pues ello facilitará su control, así que una de las no favorecidas alegará que el asno participa de dos naturalezas similares al fruto alumbrado por su amazonas: la animal por parte de madre y la divina por parte de padre, y que siendo las patas de este ser las que más contacto tenían con lo terrenal, estas eran de naturaleza similar y por tanto su número debía ser cuatro y solamente cuatro, y erigirán imágenes cuadrúpedas ocasionando uno de los grandes cismas del credo causando ríos de lágrimas y sangre en los devotos(1).

Sabio 6 (de pie mientras se sienta el Sabio 5): Se han tratado otros temas que podrían causar cismas, y quedarán como tarea para otros sabios. La limitación del tiempo no ha permitido una unánime conclusión, tal el cuestionamiento de la virilidad del lazarillo del jumento así como la divinidad de los cuernos que honran su frente.

Sabio 7 (de pie mientras se sienta el Sabio 6): Otro gran cisma podría originarse por la asignación del color asnal, pues si bien las conclusiones teológicas concluyen en ser el dorado, se tropieza con que muchos colores podrían asumir ese tinte: crema dorado, azul dorado, blanco dorado, rojo dorado, en fin, cada cual podría elegir el color de su predilección y dorarlo. Y habría tantos cismas como colores sean atribuidos a la asnal deidad. En esto estábamos cuando llegasteis, así que no poseemos la última palabra. Sin embargo, con nuestra sabiduría y la santa inspiración, hemos reducido la potencial explosión de cismas a únicamente tres vertientes, una por color primario, eso sí ribeteados con la inseparable franja dorada.

Sabio 8 (de pié mientras se sienta el Sabio 7): El asno dorado es de color claro. Así que cuidaos en emplearlo para menesteres degradantes. Cuanto más vestidlo con fino atuendo donde posen suavemente vuestros blondos y linajudos traseros. Para carga pesada y arduos trabajos emplead los asnos de color obscuro pues no fueron insuflados de espíritu divino y en consecuencia podéis disponer de ellos como semoviente domésticos junto a vuestras aves de corral, puercos, cabras y bueyes (2).

El Rey: Veo que habéis hecho una meritoria y enjundiosa labor. Sin embargo, el futuro previsto para vosotros y mi pueblo está propenso a terrible amenaza por esos cabos sueltos que vuestra teología no ha resuelto ni podrá resolver. Presiento que habrá terroristas que predicando eso del libre albedrío arrasarán toda buena intención de integración. Así, que pensando en ello, pasé tres días, si señores, tres días con sus noches, haciendo penitencia en silencio, apartado de los lechos del harem y orando a vuestra dorada bestia, la cual en sueños, en la última noche, se me apareció en todo su esplendor y me dijo: “Rey supremo de príncipes y pueblos: Si quieres perpetuarte perpetúa el culto a mí, y haced que los príncipes de sotana nombren uno de entre ellos para ser su jefe único y cuya palabra sea acatada e indiscutible, pues yo le otorgo el don de la infalibilidad”(3). Desperté alborozado y esa nueva os traigo. El que elijáis tendrá el don, y así queda garantizado que solo podría haber un cisma al que le garantizo total aniquilación. Puesto que el elegido, solo él y únicamente él, sabe qué es la verdad y qué no lo es, y solo él es el apto para descubrir nuevas verdades pues su suprema vocación asnal lo harán infalible, desde ahora y para siempre, así se trate del más sabio e inspirado santo teólogo que haya consumido toda su sesera crea haber llegado a un gran descubrimiento, recurrirá al infalible y este decidirá la veracidad o no de su pretensión. Oh Excelentísimas, Ilustrísimas y Reverendísimas Santas y Sabias Eminencias, desde hoy rectoras del inmortal culto al Asno Dorado, proceded a elegir al infalible.

El telón se cierra y un atronador aplauso brota del público acompañado por un  triunfal coro de rebuznos.

El telón se abre. En la tarima, frente a una gran mesa rodeada de sillas ricamente labradas, aparecen con trajes de ceremonia y haciendo genuflexiones al público, el predicador y el mendigo.

–¡Ah bribonzuelos! – Exclamó Simónides para sí – No podríais ser otros. ¿Y dónde el hombre de ocre? Ah! El muy prudente debe estar tras bastidores moviendo los hilos, su presencia en el escenario podría para algunos tener visos de confrontación, totalmente indeseable para la ocasión… Crece mi amor por estos comediantes.

El predicador habló:

-Podéis despojaros de vuestras máscaras y colas. Acabáis de ver una representación como preámbulo al verdadero y sorprendente evento que estáis por presenciar, motivo capital de este convite, y es la apertura del cofre con el libro de los infalibles. Este libro fue iniciado por el primer infalible y heredado y enriquecido en sabiduría por sucesión hasta el actual, quien ha renunciado a abrirlo, y lo ha ofrecido al sínodo universal como contribución para el logro de su propósito. Hasta hoy su contenido es un misterio, solo es conocido por el infalible poseedor, y siendo que el actual lo ha mantenido sellado, todos somos ignorantes de su contenido. Hoy será abierto ante la presencia de delegados de los credos como aporte al comité que ha de redactar el nuevo credo armonizando con el artículo 77 de la carta magna de las naciones confederadas. En cuanto a la comedia que habéis visto, nos fue encomendada redacción y presentación para de una forma bien sintética, hacer un recuento en un estilo simple y de simbología harto asimilable a la mentalidad contemporánea, de la historia de los acontecimientos que más peso han tenido en transportarnos acá, y que además brindase una visión lo más objetiva posible sobre el mundo de la deidad y sus devotos, así  que cuidaos de interpretar literalmente lo que no es cayendo en distinta idolatría.

Realzando el fondo, un aviso de letras fosforescentes y grandes:

            “LA RELIGIÓN ESTARÁ AL SERVICIO DEL HOMBRE”

                “Constitución del Nuevo Orden, Articulo 77”

Al tiempo que los dos salían por la izquierda, entraron por la derecha los invitados: Hombres mayores, algunos con rasgos de ancianidad, vestidos cada uno con el traje de la dignidad ocupada en su credo, y sendos jóvenes sirviéndoles de edecán o secretario portando papeles en la mano. Los dignatarios tomaron asiento y los edecanes de pié, atentos estaban cada uno a los gestos del respectivo superior prestos a la inmediata ejecución de sus órdenes. Había en los ojos de estos, candor y brillo de sumisión y obediencia incondicional. “Deben ser los últimos eunucos de la tierra. Jamás podrán vivir sin amo. No morirán libres”, pensó Simónides.  

Un delegado del infalible, bajo magnífico solio sostenido por dos edecanes, irrumpió la escena. Sostenía en los brazos una gran bandeja de oro y plata y sobre esta el Cofre. Era de Oro y sus formas insinuaban haber sido elaborado según la descripción de la vieja y magnífica arca semítica a escala reducida. Infundía respeto. Colocó con suma delicadeza la preciosa carga sobre la mesa.

Poniéndose de pie, el anciano que parecía ser el líder de la mesa, habló:

-Proceded a su apertura. Es hora de conocer la sabiduría de los siglos, de saciar nuestra sed de verdad con las verdades de los infalibles. Quitad los sellos y accionemos la llave que el infalible me entregó.

Simónides se levantó del asiento ocupado entre el público espectador, y dijo claramente con voz fuerte:

-¡No abráis el cofre! ¡No lo hagáis!

El líder de los sabios: ¿Por qué? ¿Quién es Usted?

Simónides caminó hacia el estrado. Había simplicidad en su andar mas era solemne, había humildad en su semblante pero no sumisión. Llegado al anciano líder, Simónides balbució al oído sin que nadie más le oyera:

-Está vacío.

El líder, como gritando:

-Dice este hombre que el cofre está vacío. ¡Oíd! – y sacudiendo el cofre lo acercó al oído de Simónides.

-¡Está vacío!- repitió Simónides con la misma voz serena ahora fuerte. Y murmuró al oído del líder: -¡El libro está vacío!- Sin esperar respuesta, se dirigió a la salida.

El santo liberó al cobre de sus sellos e introdujo la llave. Abrió. Tomó el libro y le ojeó. Como si hubiese sido picado por mortífera víbora, lo arrojó dentro del cofre y le cerró. La palidez invadió su rostro, gotas de sudor y el temblor de sus manos mostraban una profunda vergüenza y una gran desilusión. Marchita la esperanza, dijo próximo a las lágrimas:

-El libro está vacío. Sus páginas en blanco están. Mi orfandad  por la verdad no puede ser más grande, no hay tragedia peor para mi espíritu- Y sentado, con las manos rodeando las cienes, recostó la cabeza sobre la mesa en total abatimiento. Gran silencio. Luego, repuesto en parte de la inicial impresión, se levantó, dirigió una escrutadora mirada hacia el público en busca del hombre, y le vio próximo a traspasar la línea de salida. Gritó: -¡Seas quien seas por favor regresa! Toma uno de nuestros asientos. Gran sabio eres al mirar dentro del cofre y conocer el gran vacío, gran santo debes ser al poder escudriñar a través del metal y luego ojear un libro sin abrirlo. Ven con nosotros, dinos quién eres y ayúdanos a salir airosos de esta indescifrable encrucijada. Estamos congregados aquí para la elaboración del gran y universal código sagrado, y en vez de luz encontramos la multiplicación de la sombra, el camino que creíamos corto se torna inmensurable y de inalcanzable meta.

Simónides se detuvo. Dio media vuelta y frente al público y la asamblea de sabios, habló:

-¿Es cierto que buscáis uniros en la verdad, y desde ella materializar el credo al servicio del hombre? ¿Por qué discrepáis si todos tenéis la verdad? ¿Si vuestros credos son ciertos y totales por qué son diferentes?  

 “Se os encomendó una misión imposible desde la perspectiva de vuestras realidades inamovibles: Infalibilidad de vuestros líderes, límites estrechos  en vuestras áreas de acción, y confusión en vuestro espíritu: uno es vuestro sentimiento, otro vuestro pensamiento, otra vuestra prédica y otro vuestro actuar.

“Al abrir el libro habéis roto el inamovible de la infalibilidad de vuestros líderes, haced lo mismo con la de vuestros credos. Romped el límite de la cobertura de vuestra visión, sacadla del patio de vuestra casa y extendedla a la tierra toda, así estaréis en el camino de la universalidad. En vuestra diaria oración afirmáis como suprema verdad de vuestro origen, razón y propósito de ser, el estribillo de “Vivo por y para Dios”. Cambiad “Dios” por “Humanidad” y el triunfo  será vuestro, ya no habrá inamovibles y podréis cumplir la misión puesto que estaréis plenos del espíritu del artículo 77.

“Tantos caminos como seres vivos hay hacia la muerte; y seres vivos, caminos y muerte son realidad. Creíais que con reuniros era suficiente para el propósito. Ahora, sabiendo de tantos caminos existentes, ¿cuál tomar? Pero antes, ¿cuál es el propósito? Ya se os dijo: La religión al servicio del hombre.

“Si mi fe es por Zoroastro, ¿qué impide entonces que el Mazdeísmo sea la religión verdadera? ¿O el Hinduismo si mi fe es para Brahma? Y así para cualquier otro credo. Que vuestra fe sea en y para el hombre, él es vuestra realidad y a ella estáis ligados, esa será la religión de la nueva era, esa es vuestra encomienda.

“La ciencia es el panteón de los dioses al ubicarlos en su real categoría de mito.

“No es el ateísmo el asesino de dios. El enemigo está entre vosotros, es interno, yace en la lujuria y codicia de vuestros líderes e irremediablemente en la irracionalidad de vuestros dogmas. 

“Si habéis de construir una nueva religión, tomad lo mejor de las que fueron, y de las que son en su interés general, aportad lo faltante, dadle carácter universal, no monolítico, que su flexibilidad permita su aplicación a cada pueblo sin  perder la unidad, que permita no estar en contradicción con las leyes de la naturaleza y con las del hombre que al fin y al cabo son para este. No habrá antagonismo entre las leyes de la naturaleza, las leyes del hombre y el nuevo credo. De los credos a considerar, desechad el culto a los dioses, y a sus caprichos, y obtendréis extensa tela de donde cortar, buscad los subconjuntos de unión e intersección de los pueblos felices, y allí encontraréis mucha enjundia para sazonar el nuevo credo.

“La religión del futuro no tendrá vírgenes parturientas, ni mensajeros hijos de la ensoñación. No serán virtudes la pobreza y humildad como basamento para ser gobernados, y sí lo serán la igualdad y la justicia.

“Como necesitáis entusiasmaros, concretar vuestras metas, y satisfaceros con algún ideal, como en  el pasado, plasmadlos en símbolos ante los cuales emocionarse, idead banderas nuevas de color más vívido, cread figuras y emblemas, y entonad algún pegajoso estribillo, ellos os servirán de muletas y como tales también algún día desaparecerán, y aunque sean símbolos condensadores de virtud, estad atentos, no sea que se conviertan en raíz de futuros dioses en un retorno a la oscuridad, a la sujeción a la irrealidad, a una lamentable pérdida de las conquistas logradas hoy.

 “Sois doctos en las cosas de dios e ignaros en las cosas del hombre. Rotos los inamovibles, sed doctos en las cosas del hombre. Esto derivará suprema satisfacción, y cuando lleguéis al término de vuestro peregrinar, tendréis un regocijo en el alma como jamás lo habríais soñado, puesto que al lograr conciencia de ser hombres y vivir como tales y para el hombre, habréis conquistado la corona de haber vivido por y para la especie. Esta conquista permitirá acometer con éxito vuestra misión.

-¡Para ahí! – casi gritando un sabio interrumpió el parlamento de Simónides -,  la propuesta vuestra es por nuestra extinción. Miles de años de infinita sabiduría y los dictados de Dios a través de sus profetas inspirando la santa obediencia del hombre a sus designios, quieres borrarlo así no más en lo que dura un suspiro, suerte tenéis de estar en este siglo, ello explica vuestra osadía sin que seas incinerado como mereces. Arrepiéntete pecador recalcitrante y quizá nuestra magnanimidad y la de Dios algún día enjuaguen tus lágrimas y te brinden alguna pizca de esperanza a tu errático y atormentado espíritu lleno de rabia e irracional rebeldía. No sabes lo que dices ni lo que haces. No te damos de golpes porque ni a enano llegas. Solo un demente como tú en su extravío delirante puede siquiera imaginar sin el mínimo pudor suplantar la sabiduría milenaria emanada de los labios de Dios y enriquecida por la tradición acumulada de los siglos con el mejor esfuerzo atesorado de la santidad de profetas y herederos. Sí, suplantar en un instante con una pesadilla delirante la realidad que Dios y sus profetas nos han dado. Santo Dios creador y sostenedor del universo, ¡danos paciencia para no asesinar a este blasfemo! Nunca antes las verdades eternas que acompañan el basamento de nuestros credos han sido tan injusta y cruelmente vilipendiadas. Infeliz mortal que pretendes en un rapto de vanidad y pecado indescriptibles despojarnos de nuestra divina herencia y del derecho que nos asiste como legítimos mensajeros cada uno del Dios único, te conjuramos a errar por este mundo los días que te resten sobre la tierra y luego en la eternidad del otro, a buscar sin esperanza alguna, la verdad que te ha sido esquiva. Vivirás para siempre en la sombras, tu espíritu jamás será iluminado por la luz divina que alumbra nuestras almas y guía nuestros pasos por este mundo que no tiene atracción para nosotros, y nos lleva con paso firme a los paraísos reservados a los justos. Dios, fuente de todo amor, nos lo brinda a raudales para que a su vez nosotros lo brindemos al pueblo. No intentes manchar nuestras virtudes con vuestros vicios de pretendido sabio.

Simónides, imperturbable, como si el santo no le hubiese interrumpido:

-Las grandes verdades no han sido de consenso. Cuántas veces sucede que un  hombre dice “SÍ” y un millón dice “NO”, siendo “SÍ” lo cierto.  Vuestro discurso es incoherente. Despreciando la realidad, creasteis un mundo fantasmal y dedicado vuestro mejor esfuerzo a racionalizar esa ilusión con preguntas y respuestas igualmente brumosas.

“Me disgustan aquellos que desprecian lo que no poseen ni pueden poseer. Y, más aún, a aquellos que desprecian a los poseedores de tales cosas.

“Cuando dices que desprecias tal vicio o tal virtud, son ellas quienes te desprecian.

“¡Cuántas veces vuestras virtudes son disfraces y vuestras renuncias son debilidades!

“Nadie da lo que no posee, sin embargo son grandes desposeídos grandes promeseros. ¿No son acaso los de cisternas vacías quienes prometen llenar los odres del sediento? No pretendas dar lo que no tienes.

“El  universo puede continuar su existencia sin el hombre. Aun la misma tierra sería mejor sin el hombre que pretendéis ser.

“La religión es el método de la razón invadida de pereza, y su clímax es la fe.

“Si tu mente no está abierta a la verdad, esta sea cual sea nunca será su huésped.

“Siendo que los dioses en nada dependen del hombre, es inútil ofrecerles promesas y loas por sus favores imposibles por la misma razón. Lo sensato para el adorador desinteresado es brindarles una devoción inútil e incondicional.

“¿Por qué criticas la flaqueza de tu prójimo cuando la tuya es superior?  Cuando superes la tuya ayuda a superar la de tu vecino.

“No puedes ser justo con tu prójimo sin antes serlo contigo.

“Si aspiráis a ser deístas de corazón comenzad  por ser ateos en la mente.

“Sed sinceros. Hay movimientos ocultos en las tropas armadas para defensa de vuestros credos y sus “eternas verdades”.  Vuestras fábricas de armas activas están las 24 horas del día.      

“No se fabrican espadas para sembrar rosas, ni se siembran rosas con espadas, ni con sus varas se libran guerras.

“La gran babel está por colapsar, y colapsará. Será una gran prueba y una gran tragedia. Pero el hombre sobrevivirá y saludará, alborozado, un amanecer digno de héroes y dioses, la humanidad de hombres libres quizás, o algo superior.

“Preparaos para la gran batalla, este teatro y este parlamento son su preámbulo. En vez de afilar vuestras lenguas afilad vuestras espadas.  

“Los cobardes se refugiarán en los templos. Los valientes lucharán a campo abierto. Eso veo.

“Para muchos será la última batalla. – Siempre hay una última batalla en que perdemos todo. Siempre en la última jugada perdemos el resto – dicen jugadores y guerreros.

“Al hombre sabio le debe ser indiferente la vida y la muerte (4). Sin embargo, si le es dado elegir, preferirá la vida. Siempre habrá sobrevivientes.

“El hombre es a la tierra como la rosa al rosal. Cuando la buena tierra del jardín esté agotada, sembrad rosas en las estrellas.

“Cuando llegue la hora, y llegará, cualquier sitio será el correcto para morir, y morirás”.

– Señor – dijo un espectador poniéndose de pié – ¿qué es eso de la guerra? ¡Decidnos que es mentira! ¿Hemos pues de armarnos y revivir el espíritu guerrero?

– No soy profeta – replicó Simónides -, haberos mentido aun sea por una vez  me haría feliz.  Guardad vuestro impulso y fuerza para días venideros que hoy no es día de difuntos. – Salió, y detrás el predicador, el pordiosero y un hombre con vestiduras ocres.

 

(1) La preferencial concesión en la venta de indulgencias ocasionó el Cisma de Lutero y la fundación del Protestantismo a partir de 1517.

(2) “Los negros carecen de alma” fue una conclusión  aterradora propalada y consentida por la clerecía papal para mitigar y anular los prejuicios éticos a la esclavitud de gentes de color por parte de las dos potencias católicas  – España y Portugal – y evitar así brechas económicas en la balanza de estas.

(3) El concilio Vaticano de 1870 declaró como dogma la infalibilidad del Papa.

(4) Bhagavad Gita. (Aparte del Mahabarata, epopeya India). Ver Capítulo segundo, verso 11.

 

 

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