Las risas, el lenguaje y el tiempo según Kaypi: Extracto de “Empotrados” de Ian Watson

Ian, ¿sonríes como un hombre o una mujer xemahoa?

Ian, ¿sonríes como un hombre o una mujer xemahoa?

Ian Watson en su novela Empotrados, entre tantas historias que se entrecruzan en la narración, nos expone un relato que le cuenta Kaypi, un hombre perteneciente a la comunidad xemahoa apostada en la selva Brasileña y a punto de ser desterrada para fines “civilizatorios”, a Pierre Darriand, un antropólogo francés que encuentra en el idioma de los xemahoa (específicamente, el que ponen a andar en los rituales sagrados) un vínculo con el lenguaje poético de Raymond Russell y los experimentos lingüísticos de un antiguo compañero inglés llamado Chris Sole quien, a su vez, los aplica en niños encerrados en un hospital inglés a partir la teoría del lenguaje de Noam Chomsky. También podemos encontrar, en el decurso de esta primera novela del escritor británico, la íntima relación que hay entre el lenguaje y el tiempo y, finalmente, nos hallamos frente a la risa y sus dos grandes formas:

Y, así, me dispongo a escuchar, y grabo la historia de Kayapi.

—Te he hablado acerca de la risa del alma y de la alegría estúpida, ¿verdad? Ahora, muchas criaturas quieren que los hombres rían con risa estúpida para poder meterse dentro de nosotros, a través de nuestra lengua, cuando no dominamos las palabras. Los monos hacen trucos en lo alto de los árboles para hacernos reír. Pero nosotros no reímos. Excepto con un estallido de risa del alma que los hace salir corriendo. ¿Sabes, Pi-er, cómo está hecho el hombre? Está hecho de un leño hueco y una piedra hueca juntos. Algunos hablan de una calabaza hueca, pero yo creo que es una piedra hueca. El leño hueco permanece tirado en el suelo cuando, un día, llegan dos serpientes. Una es una serpiente hombre. La otra es una serpiente mujer. La serpiente mujer quiere vivir dentro del leño, pero no ve agujero para entrar en él. Los extremos están tapados. No hay ningún orificio de ramas. La serpiente mujer se siente desdichada. Pregunta a la serpiente hombre cómo ha de hacer para entrar. La serpiente hombre cree saberlo. Sale corriendo y vuelve con su amigo, el pájaro carpintero, y le pide que picotee con su pico el leño y pruebe de hacer un agujero. Pero el leño es tan duro que el pájaro carpintero se hace daño en el pico. La serpiente mujer sigue sintiéndose desdichada. Así, pues, la serpiente hombre sale corriendo y trae a otro amigo suyo. Un pájaro pequeño llamado kai-kai. Un kai-kai es más liviano que una pluma y canta unos cantos largos y muy profundos, aunque sea tan pequeño. Canta de la misma manera que el brujo, una vez y otra vez, profundo y profundo. A la serpiente le gusta el kai-kai porque, cuando el kaikai canta, la serpiente sabe cómo enroscarse. ¿Me escuchas, Pi-er? Te estoy hablando.

—Te escucho, Kayapi. Mi caja está escuchando. No lo entiendo todo aún, pero lo entenderé.

Pero Kayapi termina por aburrirse de que no le entienda, y deja el resto de su historia para otro día.

 

Una advertencia acerca de la lengua xemahoa.

La forma del tiempo futuro es muy peculiar. Aún no estoy seguro de que sea realmente un tiempo futuro. Probablemente se trata de un presente enfático que contiene atisbos de futuridad, un modo peculiar de los xemahoa. Éstos añaden la palabra yi, que significa literalmente «ahora», al verbo en presente, o también yi-yi, «ahora-ahora». Kayapi me explicó la diferencia diciendo el presente del verbo «comer» mientras se sujetaba la boca con la mano y movía los labios. Después apartó la mano de la boca, apretó los labios y pronunció el verbo «comer» añadiéndole yi. Por último, apartó su mano todo cuanto podía y puso una cara seria, como un hombre que está chupando un limón, y pronunció el verbo «comer» seguido de yi-yi. Yo interpreto estas tres formas del verbo como «ahora», «futuro inmediato» y «futuro remoto», pero los xemahoa las consideran a todas como aspectos del presente.

Parece extraño que el peso de «ahora» sobre el presente lleve el presente hasta el futuro. Sin embargo, empiezo a sospechar que ésta es una característica esencial de esta lengua original. Si el xemahoa B —la lengua xemahoa hablada bajo los efectos de la droga— es una lengua tan profundamente empotrada en sí misma como mis grabaciones me hacen sospechar, la voz «ahora» va cargada con la futura vocalización de dicha voz. De este modo se elimina la extensión en el tiempo de una afirmación, extensión que tiene lugar indefectiblemente, toda vez que formular una afirmación ocupa tiempo (durante el cual las condiciones de dicho tiempo han cambiado y es posible que la afirmación no sea ya igualmente válida).

 

Otra observación sobre la lengua xemahoa.

De hecho, la medición del tiempo es más sutil de lo que yo pensaba. Para medir el tiempo pasado y el futuro, pueden utilizar las mismas palabras de plumas de ave que les sirven para contar. Sin embargo, los «números» aplicados al tiempo no constituyen unidades fijas, sino que, por el contrario, están condicionados, en cuanto a su modulación, por el contexto a que se refieren. Así, los mismos números pueden medir y cuantificar las fases de desarrollo del feto humano, desde la concepción hasta el alumbramiento, mientras que en otro contexto pueden medir y cuantificar las etapas de toda la vida del hombre.

¡Todo eso es demasiado complicado para un pobre caraiba como yo! Y, sin embargo, este lenguaje es un instrumento de admirable sofisticación y flexibilidad, cuando no de elevada especificación cultural. Los calificativos yi y yi-yi desempeñan un papel importante en él. Así, por ejemplo, la palabra compuesta kai-kai-yi significa una cantidad x de algo (de fases de embarazo, de etapas de la vida humana, de partes de un ritual), a lo largo de la línea del tiempo, mientra que el término yi-kai-kai, igualmente útil y significativo, representa un segmento cronológico x. desde el presente hasta el pasado, hasta aquella corriente «madre» de palabras que lleva consigo vida.

 

Kayapi reanudó su relato en el punto en que lo había interrumpido algunos días antes.

—¿Me escuchas, Pi-er?

Kai-kai entona una graciosa canción. Intenta que el leño ría. Porque sabe que el pájaro carpintero nunca conseguirá abrir un agujero en el leño por procedimientos violentos. Su canción resulta graciosa porque es envolvente y penetrante. Porque él canta el mismo tipo de canción que la serpiente al enroscarse sobre sí misma. Sin embargo, ni siquiera esta canción hace reír al leño. El leño sigue con la boca fuertemente cerrada. Entonces, kai-kai tiene una idea. Recuerda, es tan liviano… Sus uñas no son las uñas duras del carpintero. Kai-kai se pone  a hacer cosquillas al leño…

Yo no recordaba la palabra correspondiente a «hacer cosquillas». Kayapi me la explicó gráficamente, haciéndome cosquillas en la espalda. Y lo hizo con inteligencia, de la manera que kai-kai debió hacerlo al leño en el relato. Trató de hacerme reír. Pero entonces me acordé de la risa profana y puse cara seria. Él sonrió en señal de aprobación.

—Así, pues, kai-kai hace cosquillas al leño, hasta que el leño se ríe. En el momento en que el leño abre la boca para reír, la serpiente mujer se mete rápidamente por la boca del leño. Se enrolla en su interior, antes de que el leño pueda expulsarla. Esto, Pi-er — añadió Kayapi, golpeándose la tripa con la mano abierta—, nos dice cómo nosotros, los hombres, empezamos a tener tripas. Pero la mujer todavía tiene un hueco dentro de ella, y allí es donde el niño se enrosca… Ahora tengo hambre, Pi-cr —gruñó—. Mi barriga tiene un agujero…

Salió para recoger un poco de pescado seco —piraracu— y se puso a mordisquearlo.

Había estado lloviendo intensamente. Ahora, por el momento, finos rayos de luz se filtraban a través de las ramas, enredaderas y parásitos de la selva hasta un mundo mojado.

Allá lejos, en la selva, el gruñido, los revolcones, los arranques de un jabalí cazado cautelosamente por algunos muchachos. El queixada es más astuto y violento que el jaguar. Por último, resonando sobre el espejo de las aguas, el hiriente gemido de la muerte…

 

Hoy, Kayapi terminó su relato.

—Así es como se formaron las tripas, Pi-er. Pero, la serpiente hombre quería también un sitio para ella. Se fue deslizando hasta que llegó a su roca.

—Que algunos dicen que es una calabaza, ¿no?

Kayapi hizo una mueca.

—Sí, Pi-er, pero yo creo que es una piedra hueca. Mantenía la boca fuertemente cerrada, pues había visto lo que le ocurrió al leño. La serpiente hombre no lo comprendía. Entonces fue a ver a su amigo, el pájaro carpintero, y le pidió que hiciera un agujero en la roca. Pero esto le hizo más daño al pico del pájaro que el leño. Y se marchó rápidamente. Entonces, la serpiente pidió a su amigo kai-kai que hiciera cosquillas a la roca, pero la roca no siente como siente el leño. Kai-kai es demasiado pequeño y liviano. Entonces, la serpiente hombre va y pide a su amigo el pichón (a-pai-i) que venga a ayudarle. El a-pai-i se posa sobre la roca para hacerle cosquillas, pero la roca mantiene la boca fuertemente cerrada. Entonces, la serpiente hombre se pone a pensar de nuevo. Se coloca delante de la roca, de forma que la roca le vea. Y entonces la serpiente se enrolla y hace un nudo.

Los dedos de Kayapi se juntan en expresiva mímica.

—Cuando la roca ve que la serpiente nombre se enrolla y forma un nudo, se olvida de sí misma. Abre la boca y se pone a reír. Y mientras está riendo y su lengua está ocupada con la alegría profana, y no hay palabras con que guardar su boca, la serpiente hombre se desenrosca y se mete rápidamente por la boca abierta y se enrolla de nuevo formando un nudo enorme, antes de que la roca pueda echarla fuera. Un nudo grande atado muchas veces. Así es cómo empezamos a tener sesos en nuestra cabeza.

Así, pues, este relato mítico de la roca y la serpiente contenía la explicación de su

lenguaje empotrado.

Muchos detalles sobre la lengua xemahoa que me habían confundido, empiezan a encontrar su sitio. La actitud de los xemahoa ante la risa. Por qué las mujeres que ríen frívolamente no toman maka-i. (Pero, ¿y la mujer de la cabaña?) Su sistema de relaciones matrimoniales incestuosas. Su sofisticado concepto de las magnitudes cronológicas, sorprendente entre pobladores de esta enorme jungla sin tiempo, monocromática, Numerosas tribus tienen idea de las estrellas, de la salida de las Pléyades en un momento determinado del año; sin embargo, el concepto de tiempo que tienen los xemahoa posiblemente sea único. La manera como el objeto de su atención modula la escala cronológica a base de plumas de ave, su funcionamiento a la manera de un reóstato mental, generando una resistencia variable.

Resulta digno de mención cómo los xemahoa utilizan objetos concretos de la selva — árboles, plumas de aves— para codificar conceptos tan abstractos. Y cuan radicalmente se los quiere destruir «replantándolos», ¡Cuánta razón tienen ignorándolo! ¿Qué otra alternativa les queda? ¿Coger el entorno selvático y llevárselo a otro sitio?

También resulta notable la extensión de la escala de mediciones que permite su reóstato

«mental». Desde el lapso de tiempo de la vida humana hasta el microtiempo reichiano del orgasmo. Hay que decir de pasada que son grandes artistas sexuales, según he oído decir a Kayapi. Desgraciadamente para mí, su sistema incestuoso me impide toda experiencia personal en este sentido, por más seductoras que estas muchachas sean a mis ojos. (¡Ah, la muchacha makonde en la selva de Mozambique, con tus muslos de ébano y pechos de color crema de chocolate, con tu oscuro pubis, tu calor africano, como si hicieras el amor a la palpitante noche, a la cálida noche de África!) Sí, las fases del orgasmo en su lenguaje de amor habrían maravillado a Wilhelm Reich. Ellos pueden expresar desde el microtiempo del orgasmo hasta las edades del hombre, hasta… Dios sabe qué más, pasando por las fases de enclaustramiento del feto en el vientre. ¿Podrían ellos captar el concepto de tiempo geológico con este lenguaje de «reóstato»?

Nuestra manera de hablar del tiempo es errónea. Completamente fuera de lugar. No tenemos experiencia directa del tiempo. Ni percepción directa de él. Pero para la mente de los xemahoa, el tiempo existe como experiencia directa. Y el tiempo se desplaza de acuerdo con la resistencia, infinitamente variable, de la proposición. El tiempo puede ser concebido directamente en términos de las cosas que tienen a mano en la selva, Las plumas de la cola de un guacamayo. Las plumas de las alas del kai-kai. ¡Es luciendo estas plumas que ellos danzan el tiempo mientras el brujo canta!

Otra cosa que me descubre el relato de Kayapi: estos supuestos «salvajes» entienden que el pensamiento tiene lugar en la cabeza, dentro del cerebro, y, aunque esto nos pueda parecer una idea harto elemental, no debemos olvidar que los griegos, con su Aristóteles y su Platón, no la tenían. Para ellos, el cerebro era simplemente una masa inútil.

Tomado de “Empotrados” P. 58-62, Ediciones Orbis. Traducido por Ramón Ibero

 

 

 

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