Archive | octubre 2013

La primera vez que no te quiero, de Lola López Mondéjar: la fragmentación como género.

Por Manuel García Pérez

@ManuelGarciaOri

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  Durante años la narrativa de Lola López Mondéjar ha profundizado en una prosa donde los referentes literarios eran explícitos, dejando, sin embargo, una profunda y personalísima hechura en su forma de decir. En su nueva novela, La primera vez que no te quiero,  la fragmentación de la estructura, donde se entrecruzan diversos discursos a modo de reflexiones y de descriptivos pasajes emotivos y simbólicos, deja constancia de una voz auténtica, sin herencias, salvo la que domina desde su esencialidad, desde su propia esencialidad literaria, la que resume, nada más y nada menos, su concepción vital, aquella que la memoria de la autora activa, buscando en los recovecos de lo expresivo, de lo  sobrecogedor, una manera de estar en el mundo.

  La primera vez que no te quiero, editada por Siruela, indaga en la supervivencia de Julia o Giulietta, o Lía, en una realidad política y social que cambia paulatinamente y que la protagonista percibe como un proceso de revelación continua porque las verdades impuestas tienen el fatídico don de la controversia y la falacia, porque el aprendizaje necesario se fuerza en la confusión del amor, en la obsesión, en los temores de la infancia, en los fecundos símbolos de los paisajes y de la casa.

  Los viajes por ciudades europeas emblemáticas, donde se confunde la realidad con la ensoñación de un espacio para huir y para morir, la sensualidad de Paolo, la sórdida y creativa figura de El Señor Oscuro en el descubrimiento del sexo como transgresión de las normas y la lucha contra el lastre de las convenciones establecidas que lapida la creatividad y la libertad de las conductas inspiradas en el sano error de los enamoramientos nos descubren una narrativa fijada en la autobiografía como fingimiento de una vida, que no es la de la autora, sino la vida de muchos lectores que buscan, frente a modas nocivas, la reconciliación con esa literatura que expresa emotividad, realidades complejas sobre los comportamientos, estímulos sensoriales afines a nuestra forma de entender la posmodernidad y el desengaño de sus utopías.

  Lo que destaco de la novela es la dinámica de su estructura,  basada en breves fragmentos donde la intensidad gana a la narración prosaica y evidente de los hechos, porque lo sentimental, lo estimulante desde la reflexión y el recuerdo, adquieren la relevancia significativa del relato. Recordándome a las obras de John Berger o a los cuentos de Pasajes de Castle Road, de Alice Munro, lo que trasciende en la prosa de López Mondéjar es esa búsqueda en la tradición del Psiconálisis para profundizar en la sintomatología afectiva y desasosegante que experimentan sus personajes.

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La guerra de Troya según Alejo Carpentier

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El célebre Alejo Carpentier,  también hizo una versión de la guerra de Troya. La narra en su relato “Semejante a la noche”, a través de un soldado que se apresta a ir a la lucha. Este es el extracto preciso en el que surge otra historia con respecto a las causas de dicha refriega cantada por los fundadores de lo que ha terminado llamándose literatura occidental:

Un soldado viejo que iba a la guerra por oficio, sin más entusiasmo que el trasquilador de ovejas que camina hacia el establo, andaba contando ya, a quien quisiera escucharlo, que Elena de Esparta vivía muy gustosa en Troya, y que cuando se refocilaba en el lecho de Paris sus estertores de gozo encendían las mejillas de las vírgenes que moraban en el palacio de Príamo. Se decía que toda la historia del doloroso cautiverio de la hija de Leda, ofendida y humillada por los troyanos, era mera propaganda de guerra, alentada por Agamemnón, con el asentimiento de Menelao. En realidad, detrás de la empresa que se escudaba con tan elevados propósitos, había muchos negocios que en nada beneficiarían a los combatientes de poco más o menos. Se trataba sobre todo- afirmaba el viejo soldado- de vender más alfarería, más telas, más vasos con escenas de carreras de carros, y de abrirse nuevos caminos hacia las gentes asiáticas, amantes de trueques, acabándose de una vez con la competencia troyana. La nave, demasiado cargada de harina y de hombres, bogaba despacio. Contemplé largamente las casas de mi pueblo, a las que el sol daba de frente. Tenía ganas de llorar. Me quité el casco y oculté mis ojos tras de las crines enhiestas de la cimera que tanto trabajo me hubiera costado redondear- a semejanza de las cimeras magníficas de quienes podían encargar sus equipos de guerra a los artesanos de gran estilo, y que, por cierto, viajaban en la nave más velera y de mayor eslora.

Tomado de “Guerra del tiempo”, P. 44-45, editorial Alianza.

NOS INVADEN LOS HUMANOS

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Compartimos  este cuento de Luis Cermeño por motivo del aniversario  de la emisión radial  de La Guerra de Los Mundos de Orson Welles, día (Oct. 30, 1938) en el que según cuenta la leyenda casi un millón de norteamericanos pensaron que los extraterrestres habían invadido la tierra.  Este es un cuento que  podía clasificarse dentro de un nuevo rango,  como “Ciencia Ficción de Comunicación Social”.

NOS INVADEN LOS HUMANOS

Luis Cermeño 

Considerados como responsables de moldear las ideas de los individuos a pesar de ellos, de manipularlos, los medios actuarían como hipnóticos o engañarían con estereotipos que ellos mismos transmitirían.

ERIC MAIGRET – Sociología de la comunicación y los medios

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Sería su gran noche en la belle époque fm. Una emisora sucia y vulgar ubicada en el último radial del FM, imposible de hallar en las radios convencionales; por lo general la audiencia ávida de porquería que lograba sintonizarla lo hacía violentando sus dispositivos desechables (esto se lograba usualmente trazando alrededor de la perilla una pequeña ranura con una navaja). La belle époque no correspondía al tipo de cadena comercial que pautaba lánguidas horas de publirreportajes y electrodomésticos para el hogar. El sostenimiento de la misma era un misterio. Había quien aseguraba que su existencia obedecía al inconsciente exhausto de la suma de transmisiones nacionales, las cuales convergían en una afortunada frecuencia digna de ser dirigida a las estrellas como un mensaje claro de que los miedos de los hombres superaban en nobleza a sus deseos. No le faltaban razones a quien hacía estas afirmaciones, sólo bastaba con echar un vistazo al tipo de público fiel a la belle époque para comprobar que su naturaleza era extraterrestre: fenómenos disfuncionales, ebrios del mediodía, candidatos a intentos de suicidio subvalorados, escritores de ficción zombie, encumbrados ladrones de porciones de pizza. Toda esta gama de personas, conocidas como Des Foules, que ni siquiera eran dignas de ser tenidas en cuenta en las élites del submundo (gobernadas por hippies, beatniks, ravers y hipsters), seguían fervorosas las transmisiones de la grasienta emisora y adoptaban como credo el slogan: el puerto de los radios robados cruza el canal de destrucción hacia la belle époque.

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Devadasi: de la historia, la religión y la tradición al mercado sexual de niñas

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Las devadasi en el hinduismo son niñas que han sido seleccionadas para ser “dedicadas” al culto y al servicio de una deidad. Desde pequeñas estas niñas son escogidas para convertirse en esclavas de una deidad desde que alcanzan la pubertad y para el resto de sus vidas. Antes de la llegada del Imperio británico a la India las devadasi eran populares y gozaban de una estatus alto en el sistema de castas. Sin embargo esta práctica pasó de ser una tradición con la que algunas mujeres accedían a su propia independencia económica para convertirse en el símbolo moderno de la esclavitud y la explotación sexual de personas en nombre de la religión.

El documental Storyville: Sex, Death and the Gods de 2011 –dirigido por Beeban Kidron, la misma directora de Bridget Jones: The Edge of Reason– muestra esta transición y la manera en que esta tradición india es vivida ahora por mujeres en situación de pobreza extrema.

De mujeres ricas e independientes a ciudadanas fallidas del imperio y prostitutas

Existe evidencia de la existencia de las devadasi desde el siglo XI y en el siglo XVII ya está plenamente documentado que cientos de miles de ellas vivían y trabajaban en el sur de la India. En su época de mayor esplendor las devadasi eran símbolos del placer y personificaban el goce y los sacerdotes y los príncipes las tomaban como concubinas. La “dedicación” de las niñas toma lugar en una ceremonia llamada Pottukattu, similar a un matrimonio arreglado. Su “dedicación” es irreversible y constituye una marca indeleble.  Leer Más…

Bruce Sterling sobre el Quipu

El siguiente es un fragmento del ensayo de Bruce Sterling The Life and Death of Media, recogido en el libro Sound Unbound de Paul Miller, aka DJ Spooky that Subliminal Kid ( 2008, The M.I.T Press), que al tiempo hace parte de The Dead media Project , un proyecto en colaboración con Richard Kadrey, descrito por Sterling como un asunto de autopsia de medios o “media forense”.

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Algunos medios pierden algunas especies, pero el género continúa. Otros medios son asesinados.

 ¿Alguna vez han escuchado hablar sobre el Quipu del Perú prehispánico? Si lo han hecho, apenas es un milagrito. Los archivos de los quipus incas fueron quemados por los conquistadores españoles, tras el concilio de Lima en el año de 1583. Quedan aproximadamente 400 auténticos quipus en todo el mundo. Cada uno de estos quipus que poseemos actualmente fueron sacados de alguna tumba humana. Leer Más…

Cuando Mercedes mató a Hitler

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Mercedes es una máquina del tiempo que envejece y sabe de sus pretéritos crímenes. Debe enmendarse y, para hacerlo, no hay más remedio que tragarse la vejez a punta de tecnología. Toman un auto cualquiera de la marca y lo aceleran sobre una inmensa autopista; sin destellos, ni altos vuelos, ni truenos ni túneles, el automóvil atraviesa los campos austriacos de comienzos del siglo XX. El error se enmendará acabando el peligro. El auto ya tiene frente a él al niño Adolf. Sólo basta con embestirlo y ya no habrá Campos de Concentración, Cámaras de gas, ni poemas de Paul Celan o testimonios de Primo Levi.

El hacker de Tawantinsuyo

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Tawantinsuyo  es el nombre en quechúa con el que se conoció lo que fuera el Imperio Inca, el mayor Imperio Pre-Colombino de América, el cual alcanzó a abarcar un extenso territorio del continente, entre lo que hoy se conoce como el sur de Colombia y el norte de Argentina. Este Imperio, cuyo centro se asentó en el Reino de Cusco, se caracterizó por su gran poderío militar y sobre todo su capacidad de administración, del centro a las regiones. Este control administrativo se desarrollaba a partir una tecnología que hoy se considera extinta a pesar de su central importancia para entender la cultura Inca: el Quipu.

La primera vez que supe sobre los Quipus fue por un famoso ensayo de Bruce Sterling llamado The Life and Death of Media, recogido en el libro Sound Unbound (The M.I.T Press) de Paul Miller. En este ensayo Sterling nos demostraba cómo el Quipu podía entenderse como un medio muerto y además, casi un precursor de nuestros ordenadores conectados a Internet:

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