Etnografía de un viajero interdimensional XI

Uno Cinco Tres nos deja en suspenso con este relato que da cuenta de su encuentro con un ave proveniente de una dimensión con rasgos similares a la que creemos habitar:

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Águila lumínica nocturna.

Existe un águila, un ser alado, autosuficiente y capaz de generar la luz más intensa, jamás vista por mis ojos, una luz pura.

 En mi travesía por dimensiones, me encontré en un plano iluminado por la inmensa luna que orbitaba al planeta; una luna, visualizada desde el mundo, como carente de color y, con su aparición en forma de luna llena,  acudía un ser interdimensional que se posaba sobre los árboles y las montañas más altas y empinadas, un águila que desde sus ojos desprendía luz.

Decidí acercarme, con cautela, hacia el animal enorme. Se posó sobre un gran árbol que terminaba en la niebla y su silueta se reflejaba con notoria forma de ave. Intenso era el momento y, de pronto, abrió sus alas. Este gigante se abalanzó contra mí de forma agresiva y si no me agacho tal vez no habría historia que contar.

Tirado en el piso, después de sentir su fuerza pasar sobre mi homínido vehiculo,  con intención de no menos que herirme, recobré la conciencia de dónde estaba.. Un bosque oscuro, lleno de ruidos de animales, todos hostiles a la vibración que emite mi sistema de energía.

En los planetas solemos conectarnos los seres interdimensionales por medio de la energía, de las manifestaciones energéticas que causa, inclusive, un cruce de miradas. Al parecer los animales habían sufrido del abuso de otros seres, tal vez superiores y, por esto, la energía que emitía mi sistema era rechazada por los organismos del planeta. No solo existimos nosotros, también existen seres que se disfrazan, haciendo que a su alrededor se muevan sólo energías al alcance del ser, y que desencadenan un ataque pues no son naturales de estas dimensiones… la antimateria.

De repente, el gran ave soltó un grito, más bien como si una onda que, desde lo más bajo, viniera y que al romper el suelo o el aire, sonara con tal fuerza que se escuchara la voz de un dios mismo. Un sonido parecido al de los elefantes pero metiendo su barritar más expresivo dentro de un cuerno gigante de Izmir. Su sonido fue tan intenso y de ondas de frecuencia extremas, que los animales en un segundo callaron su alarido y solo quedaron el eco, el suelo y árboles vibrando y  el águila, con una mirada puesta sobre mi cadáver…

Abrió sus alas de nuevo, y de su pico dorado germinaron tres plumas, imponentes e indicando la superioridad que el animal proponía sobre mi. Sabiendo de qué se trataba todo, decidí agachar mi rostro, indicando que estaba a su servicio, y saludando a su energía interna. Por unos minutos todo fue un silencio y un frío impresionante, ese frío que se siente antes de retornar a otro plano, solo que aun vivía.. el ser alado por alguna razón no me había devorado. Su energía me estaba analizando, sintiendo y recopilando datos energéticos para hacer una materialización de alguna forma inteligente. Lentamente fue acercándose, cada paso que daba, lo sentía desde mi ser, abrazando a su ser. De pronto, otro sonido, un poco menos grave, se escuchó, esta vez no con fuerza, más bien con delicadeza, indicando que podía mirarlo a los ojos.

El ser se aproximó hacia mí, de manera sutil e imponente pero amistosa. Y llegó hasta donde estaba, disminuyendo la intensidad de su luz…..

Continuará.

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