Cuando Mercedes mató a Hitler

adolfi

Mercedes es una máquina del tiempo que envejece y sabe de sus pretéritos crímenes. Debe enmendarse y, para hacerlo, no hay más remedio que tragarse la vejez a punta de tecnología. Toman un auto cualquiera de la marca y lo aceleran sobre una inmensa autopista; sin destellos, ni altos vuelos, ni truenos ni túneles, el automóvil atraviesa los campos austriacos de comienzos del siglo XX. El error se enmendará acabando el peligro. El auto ya tiene frente a él al niño Adolf. Sólo basta con embestirlo y ya no habrá Campos de Concentración, Cámaras de gas, ni poemas de Paul Celan o testimonios de Primo Levi.

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