El cuarto retorno de Batman: PRIMICIA EXCLUSIVA

Con la actuación estelar de:

José José: Robin

Felipe Pirela: Batman

Carlos Lico: El guasón

Y la aparición estelar de:

Juan Gabriel como el Pingüino. 

Alejandra Guzmán: Gatúbela.

Y el maestro Álvaro Carillo como El capitán acertijo.

Ciudad de México- Gotham. Año 2040. 

Temperatura: Medianamente homosexual. 

El Guasón  tomaba una margarita en el Saloon Cuco Valoy. De repente entra, con estrépito, el Pingüino que pide un daiquirí y se sienta al lado del villano. Tomándolo de la mano dice:

– Te doy calor, y tú mi bien, ¿qué me das?

-Ácido. Mejor no, porque tus errores me tienen cansado.- Contesta el Guasón bebiendo hasta el fondo del vaso su margarita.

– ¿No extrañas mi presencia?

– Ya no queda esencia del amor de ayer.

– Te propongo entonces que enamoremos al marica del Robin.

– Ese ya tiene su marido, es Batman, y le canta boleros.

– Será sencillo. Unámonos y matamos a Batman. Así nos quedaremos con nuestro batichico.

Del fondo del Saloon se dejan escuchar unas risas de furcia acelerada por el consumo irrefrenable de estupefacientes. Entonces ambos se miran y se percatan de la presencia de una gata bajo la lluvia de tetosterona homosexual que cae en el recinto.

– ¿Qué me miran, hijueputas? – Dice La Gatúbela- Las tetas no serán porque eso a ustedes no les interesa.

El Pingüino se incorpora y se acerca  a la mesa de la gata y le espeta:

– No creas. Alguna vez besé a una mujer y hasta me gustó.

– Pues esa fui yo, antes del cambio de sexo, así que me besaste cuando aún era hombre. Jamás has besado a una mujer gata.

—-

Mientras tanto en la Baticueva:

Batman se acerca tiernamente a Robin:

– Tengo un verso de amor.

– Me cansé de los versos, quiero besos. – Contesta Robin.

– Y ¿qué de nuestras ilusiones? –  Reclama Batman – Tengo una vida entera para darte a ti.

– Eso es lo que me aburre, es más, me asusta y no me gusta. Tan predecible te has vuelto que ya ni tu antifaz me excita

– Estás ebrio, no sabes lo que dices. Yo sé que me amas. – Batman

– Claro que te amo, pero no te deseo y creo que es tiempo de darnos un tiempo.

Batman salió en su batimóvil a dar una vuelta por el Bronx de Acapulco. Deseaba un batido de anfetas que le hiciera olvidar su desgracia de chico rico mexicano.

—–

Entretanto Robin recibió un mensaje de texto en su baticelular. Era de la Gatúbela.

– Santos pepinillos voladores, santos vergos sin condones, ¿será que me estoy volviendo hombre? – Algo en Robin le hacía desear a la felina, más que a cualquier fileno.

– Vení marica – decía el sms

Robin salió al trote, escuchando las mejores tonadas de Rocío Durcal en su batipod.

————-

En el Saloon:

Sonó el timbre de los villanos. Había llegado su presa y no tuvieron que traerla.

– Somos como flores carnívoras – digo Guasón con complacencia de marica.

– ¿Y cuál es nuestro perfume? – Preguntó el Pingüino.

– El emanado de nuestros culos – respondió categórico, como cualquier Kant, el Guasón.

Gatúbela, oliéndose que esta era una caterva de homosexuales, sin arrestos de resistencia sexual, se apostó en la puerta.

– Ha llegado como un ángel del cielo, nuestro Robin – dijo Capitán Acertijo a la entrada. Sorprendiendo a la propia felina que no se esperaba aquella presencia.

– Santas cacuchas y gonorreas, ¿cuántos son los que quieren apresarme entre sus piernas?- Exclamó Robin, con picardía, pues no veía la hora de traicionar a Batman.

– Adivina adivinador – Contestó el Capitán Acertijo agarrándose los genitales.

Gatúbela se interpuso entre los dos galanes y tomándolo de la nuca a Robin lo acercó a su boca y pasó su carrasposa lengua por la mejilla lampiña del esposo de Batman.

– Sincero con mi cariño, cariño que vi primero. – Exclamó otro de sus puzzles el Capitán Acertijo.

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Entretanto en el Bronx de Acapulco, Batman se fumaba un buen cigarro de pasta base, y le hablaba a un cantinero que nadie más veía. Su baticoche ya no existía, lo había dejado en prenda de garantía al traficante de la zona, pues todo el dinero de Wayne se había difuminado como las humaredas que salían de su boca sedienta de más bazuco o crack.

– Soy como una tarde gris y me siento infeliz. Soy como un lucero fugaz que ya no brilla jamás. – Le decía al amiguito invisible, o la rata pasajera que se detenía a escucharlo en sus desvaríos de drogómano terminal.

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¿Quién cuidaría el Gotham DF? ¿Cómo podríamos sortear los futuros peligros urdidos por villanos de toda laya? ¿Quién nos defendería de los zetas y las maras hondureñas?

Robin aún tenía un as bajo la manga. El as de su culo insaciable.

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– Parece domingo, parece domingo- Dijo el Pingüino, cuando vio a Robin alejarse del Saloon con Gatúbela y el Capitán Acertijo.

– La vida no es nada-  se lamentaba el Guasón.

– ¿No tenemos oportunidad para el amor? Bueno, vamos a destruir la ciudad ya que Batman está vuelto mierda por ese maricón que se acuesta con mujeres – Sonrío con malicia Pingüino.

Guasón se incorporó y antes de cerrar la puerta del Saloon ya se había comunicado con el Chapo Guzmán, quien decía  conocer el paradero de Batman.

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– A ese tenemos que darle más anfetas y crack, es una pinche basura ese güero, y después vamos por el Gobierno. Tienes que inscribirte al PRI, Chapo. — Dijo Pingüino.

– Pues yo me lanzaré por el PAN – repuso el Guasón en aquella reunión hecha en las entrañas de Belice.

Entonces el Chapo, haciendo un  salvamento:

– No mamen, me voy con la coalición Movimiento Progresista .

– ¿No te gusta el PRI? – Pregunta el Pingüino.

– No- dice Chapo- Esos gueys son muy cochinos

– Entonces me haré candidato del PRI, después no se quejen porque soy el presidente. – Repuso Pingüino.

– Está bien, pero ahora vamos a matar al pendejo de Batman – susurró entre risas y salsa el Guasón.

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Ya salía del Bronx con una resaca de los mil demonios, cuando se vio rodeado de una parranda de maricas. Entre ellos no estaba Robin así que trato de seguir derecho, pero no le fue posible. El olor a pasta base era más fuerte que el amor y que cualquier tango feroz. De modo que volvió al grupo de maricas, y decidió ofrecer su culo a cambio de unas cuantas bichas. Aprovechando su indefensión, los tres villanos cumplieron sus más aberrantes fantasías. Y solo después de haber vaciado sus gónadas procedieron a empalar con una lanza de dos metros y cincuenta centímetros de diámetro al otrora héroe del DF. Por fortuna Batman no sufrió, el efecto de las drogas era tal que solo sintió en su trasero una leve molestia parecida a la de los suicidas cuando se descerrajan la cabeza de un tiro. Antes de morir, en un arresto de lucidez, cantó:

– Condena que no se acaba con regresar

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¿Qué pasará con Robin, Acertijo y Gatúbela?

¿Quién será el nuevo presidente de México? ¿El chapo Guzmán, el Pinguino o el Guasón que se fue con el PAN y sin el vino?

La próxima semana continuaremos con estas aventuras.

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