Entrevista a Peter Watts (tercera parte)

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Hoy les presentamos la tercera y última parte de la entrevista que Fata Libelli hizo con PEter Watts con ocasión del lanzamiento del libro Ad Astra:

FL: La escritura académica científica tiende a ser severa y precavida mientras que la ciencia ficción puede exponer ideas rarísimas, y tal vez tentar a los lectores a leer ciencia real. ¿Estas dos formas de escritura son complementarias para ti o más bien aproximaciones irreconciliables a los mismos temas?

PW: En mi caso, siempre he visto la ciencia ficción y la ciencia como dos caras de una misma moneda: en ambos casos empiezas con una pregunta y sigues los datos. Las ventajas de la ficción son que no necesitas educación formal en tu tema, que eres libre de tratar asuntos a una escala cósmica y que no tienes que chupársela a los cuerpos de financiación gubernamental para seguir en el negocio. Las ventajas de la ciencia real son que por lo general puedes vivir bien de tus ingresos, que tienes más probabilidades de “acertar” en tus (más modestas) conclusiones y que no tienes que chupársela a las editoriales ni a una audiencia veleidosa para seguir en el negocio. Experimentos intelectuales frente a experimentos reales.

Pero así es como yo escribo ciencia ficción. Hay por ahí otros escritores de género que parten de un personaje en vez de una idea, y en muchos sentidos esos escritores me dan mil vueltas. El lector se implica con un personaje complejo, y tiene una experiencia gratificante en consecuencia. Pero cuando partes desde ideas, como hago yo, los personajes corren siempre el peligro de quedarse en meros portavoces didácticos.

FL: Diría que tus historias cortas son un campo de pruebas exitoso de tus posteriores obras largas, por ejemplo ‘The Island’ incluye muchos temas que se exploran en Visión ciega, y Starfish reintroduce el personaje y la historia de ‘A Niche’. ¿Hay algo único en las historias cortas? ¿Algo que no se pueda expresar en otros formatos?

PW: En realidad Visión ciega es muy anterior a “The Island”, pero entiendo lo que quieres decir, aunque no estoy de acuerdo con ello necesariamente. Novelas y relatos son desde luego especies diferentes y ocupan nichos separados (¿has visto lo que acabo de hacer?); los relatos son geniales para ideas breves con gancho, pero les falta la sustancia para rellenar una obra larga (aunque paradójicamente, he comprobado que en realidad me lleva más tiempo escribir cien mil palabras de un relato que cien mil palabras de una novela, tan solo porque tienes que ser mucho más eficiente en la longitud corta). Es una labor de empaquetado más dura. Aunque sí, algunos elementos de mis relatos luego acaban por encontrar su lugar en una novela.

Por lo general me aproximo a cada proyecto, grande o pequeño, armado de ideas específicas para esa narración. Escribí “The Island”, por ejemplo, específicamente como un reto al viejo y artificial tópico de la “antigua puerta estelar” (que siempre me ha chocado por ser una pizca demasiado conveniente, para lo que son los tropos) y mientras estaba en ello, ¿por qué no meter dentro esa idea sobre Esferas de Dyson vivas con la que había estado jugando? Escribí “The Things”, bueno, obviamente como fanfic de una de mis películas favoritas, pero también como un experimento mental que exploraba el tipo de biología y mentalidad que podría animar a un verdadero cambiaformas. La alegoría de la mentalidad misionera emergió espontáneamente a mitad del proceso de escritura, así que lo añadí como una capa más. Nunca entendí esto como una continuación de las reflexiones sobre cosas de las que ya había escrito previamente; estaban pensadas para ser independientes.

Y sin embargo, no has sido la única en sacar esta conclusión. Me hace gracia (y también me frustra un poco tal vez) la cantidad de veces que he leído cosas del estilo de “Eh, aquí está Peter Watts volviendo otra vez a los mismos temas nihilistas sobre un universo frío e indiferente”. Creo que lo que puede estar causándolo es una mezcla de “historia/tema” con “perspectiva”. Veo el mundo de determinada manera, y esto por supuesto afecta a las historias que escribo. Por ejemplo, soy biólogo: todos los extraterrestres que invento serán resultado de algún tipo de proceso evolutivo, no producto de una Creación Especial. Pero esto no significa que esas historias traten sobre el tema de “el Creacionismo es estúpido”. Es solo parte del fondo, de la cosmovisión aceptada, y no tiene nada que ver con la historia per se. También podrías afirmar que cualquier serie de televisión policiaca va sobre mecánica automotriz porque salen coches, literalmente, en cada episodio.

FL: Tus libros están disponibles online en tu página web bajo una licencia Creative Commons. Es una decisión valiente pero poco común. ¿Lo hiciste a modo de autopromoción, como reivindicación de la cultura libre o como algo intermedio?

PW: En mi caso no fue nada de eso: fue básicamente un acto a la desesperada al que recurrí una vez se hizo evidente que Visión ciega iba a ser un fracaso comercial. Mi editorial prácticamente lo había dado por muerto antes de nacer, una de las dos cadenas de distribución más importantes de Norteamérica decidió no reservar ninguna copia, e incluso cuando el libro empezó a hacer ruido y las ventas empezaron a aumentar, Tor postergó comprometerse a hacer otra reimpresión. El resultado fue que había un libro por ahí obteniendo reseñas brutales pero nadie podía comprarlo en realidad por las pocas copias que se habían impreso (Visión ciega fue incluso el superventas número uno en un par de librerías especializadas durante varias semanas seguidas, todo gracias a pedidos; no había existencias físicas que vender).

Llegado ese punto pensé que las dos únicas posibilidades que tenía eran: a) el libro fracasa comercialmente y nadie lo lee, o b) el libro fracasa comercialmente pero todo el mundo puede leerlo porque lo regalo desde mi página web. Jamás consideré la posibilidad de que Visión ciega llegara a hacer dinero; simplemente no había ninguna pista que permitiera imaginarlo.

Así que tomé la decisión menos horrible de las dos y liberé Visión ciega. Al mismo tiempo, hice lo mismo con el resto de mis obras publicadas. Y algo extraño sucedió: las ventas en tapa dura se triplicaron la semana siguiente. Desde entonces, Visión ciega se ha traducido a 17 o 18 idiomas, se ha reimpreso en múltiples ocasiones, ha sido nominado a una burrada de premios (incluso ha ganado unos cuantos en el extranjero) y, aunque parezca mentira, se ha convertido en un texto obligatorio en cursos universitarios tan variados como Filosofía y Neuropsicología. Estoy convencido de que nada de esto habría sucedido si no hubiera acudido a la liberación en Creative Commons. Paradójicamente, liberar Visión ciega (o más precisamente, la publicidad resultante de dicho acto) fue lo que finalmente permitió su éxito.

FL: Algunos expertos afirman que la autopublicación y las redes sociales hacen que las editoriales sean innecesarias, mientras otros declaran que todavía ofrecen servicios valiosos a los escritores profesionales. ¿Qué opinas tú sobre la edición digital y la expansión del libro electrónico?

PW: Estoy abierto a todo y convencido de nada. La edición tradicional todavía juega un legítimo papel de guardián para los lectores; la autopublicación es una apuesta arriesgada sin estándares y, como mínimo, un libro de una editorial profesional cuenta con los servicios de un editor y de un corrector. Por otra parte, conozco a un tipo sin títulos profesionales a su espalda que autopublica sus cosas en Amazon y consigue hacer unos cuantos cientos de dólares fijos al mes, sin un nombre ni una reputación destacables. Así que alguien está comprando esas cosas autopublicadas.

Eso sí, ahora mismo me siento molesto con las editoriales actuales casi por principio. Vieron la escritura en tabletas y decidieron que no había manera de evitar subir el porcentaje de derechos de autor que daban a sus escritores, pero parece que se han sacado ese incremento del culo y que lo han reducido para hacerlo tan pequeño como les ha sido posible. ¿Un 25% de derechos de autor por un libro digital? Es mejor que el 6-12% que conseguimos por el papel, pero puedo hacerme una versión perfectamente profesional de mis libros en casa con un portátil tras más o menos una hora de autoaprendizaje. En alguna ocasión he preguntado a gente de la industria por qué tienen derecho a quedarse con tres cuartas partes de las ganancias de un producto que tiene gastos despreciables de almacenamiento y envío, que ocupa cero espacio en un almacén y que puedo construir yo solo en un fin de semana. Su respuesta siempre ha sido “porque nosotros lo decimos”.

No creo que sea una respuesta especialmente buena. Peor aún, creo que deja traslucir un desprecio subyacente de la industria por los autores que no llegamos a ser superventas. Así que voy a pensar con mucho cuidado qué decido hacer una vez mi contrato expire. Tal vez opte por otro contrato tradicional, tal vez me autopublique, tal vez acuda al crowdsourcing o puede que abandone la narrativa tradicional totalmente. Lo que no creo que pase, sin embargo, es que permanezca fiel a una industria que me trata como a su esclavo. El equilibrio de poder entre autores y editoriales está cambiando; y aunque yo por mi cuenta tal vez sólo sea capaz de vender una décima parte de los libros que vendería con Tor, también podría sacar diez veces más por cada libro.

Como digo, no he tomado decisiones definitivas todavía. Pero la publicación digital lo cambia todo; el asteroide está iluminando ya el horizonte, y si en algo están de acuerdo todas las grandes editoriales es en que no quieren seguir siendo dinosaurios. Tal vez, si evolucionan lo suficientemente rápido aún puedan transformarse en pájaros antes de que el terremoto las alcance. Si no, bienvenidas a la era de los mamíferos.

FL: Ahora estás terminando Echopraxia, un libro sobre lo que sucede en la tierra mientras los acontecimientos de Visión ciega tienen lugar. ¿Puedes avanzarnos algo?

PW: De alguna forma es probable que Echopraxia sea un libro más accesible que Visión ciega: sobre todo porque es narrado desde el punto de vista de un humano normal, no desde la visión aumentada del personaje medio autista del anterior libro. Debería ser más fácil para los lectores contemporáneos identificarse con él, incluso aunque sea un poco gilipollas. El padre de Siri Keeton, que aparece brevemente en el otro libro, es también un personaje principal esta vez. Y sí, averiguamos qué está pasando con los vampiros; de hecho, hay cierta frase en un diálogo que, si estás prestando suficiente atención, podría darle la vuelta a Visión ciega en retrospectiva.

Aunque con respecto a nuevos temas, aquí estoy tratando de salir de mi zona de comfort. Dada mi formación científica he sido por lo general bastante despectivo con respecto a las creencias religiosas de cualquier tipo: si crees, sin ninguna prueba, en cualquier tipo de hada aérea (ya se llame Dios, Alá, Yavé o Visnu), has perdido mi interés. La ciencia funciona, malditos; la religión todavía no ha curado una sola enfermedad o diseñado un solo gen.

La ciencia funciona. Así que, para salir de mi zona de confort, propongo una orden religiosa que funciona mejor. Una en la que los cánticos, las oraciones y el hablar en lenguas de algún modo termina por producir revelaciones profundas y descubrimientos que la ciencia nunca alcanzaría, porque la ciencia empírica nunca puede penetrar más allá de la longitud de Planck. Y por cierto, ¿qué pasa con los milagros? Por definición, los milagros violan las leyes de la física. Si conocemos a Dios por Sus milagros, entonces Dios está rompiendo el sistema operativo del universo; Dios es un virus que acecha en la subestructura de la realidad. En cuyo caso, tal vez la mejor manera de lidiar con Dios no sea adorándolo, sino desinfectándolo.

Pero en fin, también pensaba que Visión ciega era puro y-si cuando lo estaba escribiendo. No tenía ni idea de cuántas pruebas se estaban acumulando y acercándolo al así-es. Así que uno nunca sabe.

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