Una microselección de microrrelatos

mil y una

Tenemos el gusto de presentarles una selección de microrrelatos escritos por Edwin Bonelo (@edwinbonelo) quien, desde hace años, trabaja el género:

 

Entre-vista

Ah, ¿el ojo de Dios? Claro, sale todos los dieciochos de agosto, como a las dos de la mañana, por allá detrás de ese cerro; da la vuelta arriba y se esconde al otro día, aunque con el sol se pierde, o de pronto tal vez cierra los párpados por tanta luz. Yo no creo en pendejadas, pero uno no puede desconfiar de lo que ve y a mí nadie me quita de la cabeza esa figura mirándome, viendo todo sin parpadear, mareando con todas las vueltas que da y los colores que bota. En una cosa complicada, porque yo le puedo decir muchas cosas que le veo, pero hasta que uno no lo vive no lo siente, ni palabras hay para contar esos calores, esos fríos y esas luces que a uno lo envuelven cada año. Por eso nunca fallo, y con paciencia llego hasta esta orilla y me paro ahí, donde está el palito clavado en el suelo, porque si me muevo así sea un milímetro se pierde la vista, como si no me diera permiso de admirarlo como yo quiera.

 

Microrrelato

Buscó en el diccionario, en la robusta enciclopedia de su casa y en la etérea de Internet; escarbó en viejos libros de biblioteca y habló con expertos y profanos. Tarde en la noche, con la cabeza agotada, el optimismo en el suelo y el puño decayendo de ganas, escribió: “¡ya sé!: microrrelato es cualquier mierda”, y se echó a escribir.

El tachón

Del computador a la vieja máquina y de esta al arcaico lápiz. Huyendo del pensamiento fragmentado me adentré nuevamente en el rectángulo vivo de papel. El resultado, una magnífica cantidad de líneas sobrepuestas sobre más líneas borrando, subrayando, escondiendo, rectificando; en últimas, mostrando esa jocosa dialéctica entre la potencia y el acto del pensamiento.

Vistazo

Ya viejo, se entristeció al constatar que la historia de su vida podía leerse sin saltar el renglón.

El primer peldaño

-Barlajr!*

El humano

Indudablemente, al augusto Monterroso

 

Cuando despertó su especie ya no estaba allí.

En Persia

Por la calle polvorienta ella huía con el cuchillo aún teñido de rojo justo el segundo día después de la noche mil.

* Última palabra pronunciada por Hrdandr antes de ascender al monte Iltads luego de ser azotado por el tremendo calor de la luna Imbadsts, la tercera de la constelación Yidm. Al no soportar sobre su cansada jiba el peso de los años, que eran muchos, se marchó de su pequeño hmkemt, dejando intacto el lugar, muestra clara del desespero de este viejo terldsk.

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