Hananpacha, una novela de ciencia ficción “política”, desde la perspectiva de Alvaro Pérez

 Alvaro Pérez Quehui*

Ivan

Jean Paul Sartre, dice que la pluma debe estar comprometida con su tiempo, porque escribir es una cuestión moral y el escritor no puede ser ajeno a un mundo inmoral; que cuando los escritores no se comprometen, existe en ellos la tentación de la irresponsabilidad, de no sentirse responsables de nada. Pero la verdad es que somos responsables de todo: de lo que hacemos, de lo que no, e inclusive lo que nos es impuesto. Eso significa que no hay lugar donde podamos escondernos del mundo ni de la realidad, porque, aun si lo hiciéramos, la realidad llegaría a nosotros y tendríamos que comprometernos con ella.

Hananpacha, de Iván Prado Cejas, transcurre en el año 2452, durante un período de tiempo más bien corto, un par de días tal vez. Una raza perversa de extraterrestres, los bextianos, se ha adueñado de la tierra. El perverso Atojj, la reencarnación del inquisidor estelar Katari Mallcu, posee el 75% del planeta con todos sus recursos y lo gobierna junto con el grupo de los Xix, sus 18 ministros. La tierra ahora se llama Gea, pues así lo han querido sus nuevos dueños. Las guerras han desaparecido, ya que sólo existe un gobierno mundial; sólo existe un canal de televisión y un periódico; sólo una franquicia de entretenimiento y otra única de producción y comercialización de alimentos. Todos alrededor el planeta trabajan para el mismo grupo de siniestros ¿Les parece trillado? De seguro algunos dirán que esto ya lo hemos leído, que ya lo hemos visto en el cine o en la televisión, pero espere un momento, aún hay más.

En Gea también habita una raza burócrata de albinos, ciudadanos de segunda clase, creados y modificados genéticamente por la radiación. Los albinos gozan de ciertas preferencias, pero al igual que el resto del planeta, tampoco poseen más que lo estrictamente necesario, ya que la propiedad privada, sin haber desaparecido, ha sido reducida a su más mínima expresión. Si creen que lo han visto todo, pues agárrense, para muestra un botón: en Gea hasta las almohadas son alquiladas por determinados períodos de tiempo. El pueblo de Gea vive y trabaja para los 19 bextianos dueños del planeta, todos conocen y sufren esa cruel realidad, no hay nada más allá de esos poderosos seres.

Ahora ya podríamos decir que tenemos las fichas sobre la mesa, pero un momento, nos falta algo. Sólo hemos organizado las de un bando, las blancas o las negras, es lo mismo, no es difícil notar que hasta aquí existe un vacío. Marx dice que para que pueda darse una rebelión, es necesaria una burguesía originada en su respectivo proceso histórico y en esta novela el ciclo histórico se la ha saltado, o tal vez no, tal vez simplemente la ha hecho una con la monarquía de extraterrestres disfrazados de seres humanos. Lo que es seguro es que los sometidos por excelencia, los creadores de los productos no existen. En Hananpacha el súper visitado conflicto por la tierra no existe y la frase “recuperar Gea” sólo cobra sentido desde una perspectiva simbólica. Ésta es pues una novela sin fuerza productora y sin burguesía opresora, pero sí existen unos seres que son susceptibles de iniciar una revolución, que es lo que plantea la novela. Sí, existen los seres negados, ya que son necesarios, porque en la negación de la negación se inician las insurrecciones. Eso, al menos, en teoría, pero sigamos.

Iván propone este tablero inicial planteando una humanidad sojuzgada por extraterrestres, en la que no se especifica de dónde aparecen las cosas, o quién crea los productos que el planeta consume. Han pasado cientos de años desde el primitivo capitalismo y los esclavizados trabajan materia que no sabemos de dónde surge. Por otra parte, los perversos Xix han aparecido cierto día y se han adueñado de todo y nosotros no sabemos cómo es que ha ocurrido esto y tal vez imaginemos que todo ha sido demasiado vertiginoso. Ojo que no les hablo más que de las primeras páginas de la novela, ya que mi intención no es resumirla; lo que pretendo es incitarlos, sembrarles un poco de curiosidad.

El opuesto de los perversos Xix son los Intis. Ellos, los negados (los olvidados, los rebeldes), viven en las profundidades de la tierra. Ahora preste mucha atención, a pesar de que todo Gea considera que los mestizos se han exterminado del planeta, los Intis han permanecido invulnerables al gobierno mundial y al hipercapitalismo nivel 4, y no sólo eso, han creado una cultura tecnológicamente próspera y alcanzado tal nivel tecnológico que son capaces de realizar viajes interestelares ¿Recuerdan a los albinos, aquellos seres creados y alterados por la radiación?, cuando conozcan su relación con los rebeldes subterráneos de seguro se caerán de espaldas. Kuntur Mallcu es el líder de los Intis y junto con su esposa Phuyu, planean reconquistar Gea. Al igual que los perversos Xix, los Intis cuentan con ayuda extraterrestre. Existe un lejano planeta llamado Sirio y sus habitantes, los sirianos (nobles, bondadosos), promueven el equilibrio del universo (para la novela el cúmulo). Ahora sí tenemos el tablero dispuesto: de un lado están a los Xix, extraterrestres disfrazados de humanos que poseen y gobiernan el planeta, y por el otro a los Intis, supervivientes mestizos que intentan recuperarlo.

Lo que nos propone Hananpacha es un escenario en el cual, a primera vista, diríamos que se han omitido varios elementos. En principio podríamos hasta imaginar que la forma en que se presentan las circunstancias y los personajes, inclusive dentro del género de la ciencia ficción, carece de verosimilitud, que la historia de la novela detenta falencias, pero sólo en principio, desde la totalidad veremos que no es así. Ésta es la cuarta novela de Iván Prado Sejas y a estas alturas su capacidad y estilo le permiten abarcar tal argumento y sus particularidades con maña y sagacidad.

Hananpacha plantea una rebelión, pero una rebelión que no tiene que ver con el plano físico, una rebelión espiritual. Si bien podemos percibir que la posición de los habitantes de Gea es un tanto desventajosa, podremos percibir que en esa sociedad de súper consumo, las condiciones de vida del futuro distópico de Prado bien podrían estar por sobre las nuestras actuales. Más allá de ciertos casos particulares, que se detallan en la novela, y que muestran la dureza (sin que ésta pueda llegar a la crueldad extema) con que son tratados los nativos, parecería que el futuro post revolución, de ganar los héroes, sería menos amigable aún que la situación inicial de la novela. En este punto me viene a la mente la película Matrix, de los hermanos Wachowsky. Si recuerdan, dentro de la simulación, los humanos viven vidas plenas, con familias unidas, cielo azul, democracia, carne asada, sueño americano, vida nocturna, coca cola, en fin. Pero fuera de la Matrix sólo queda el vacío, la desvinculación de los seres amados, el frío, la escasa e insípida comida sintética, el metal, en resumidas cuentas la miseria. Desde esta perspectiva, ¿quién sería el villano?, ¿el arquitecto de la Matrix, que ofrece la realidad: esto es una vida plena, digna, matemática y físicamente solventable?, ¿o los rebeldes de Sión, que ofrecen lo real: esto es carencia, dolor y desolación? Hananpacha plantea la idea de liberación espiritual, contra la totalidad del poder económico y político del planeta, a partir de una guerra mundial. Tal vez el momento más importante de la novela es el viaje que hacen los rebeldes Intis al espacio exterior y su encuentro con los sirianos, que han alcanzado un nivel espiritual y tecnológico más allá de lo soñado inclusive para el futuro distante y ficticio. Es en este punto que la novela toma su nombre.

Quisiera hablarles de lo que sigue, del resto de la historia más allá de la presentación, pero no quiero negarles el gusto de descubrir las particularidades de ésta desde su lectura en soledad. He descrito sólo las primeras páginas y, como pueden ver, la trama se plantea de manera ágil, de hecho todo en la novela pasa vertiginosamente, con descripciones claras y precisas de naves y máquinas, y conceptos teóricos futuristas bien planteados. Sin que sea una regla, me animaría a decir que en este caso, como suele ocurrir en varias obras del género, los hechos se sobreponen a los aspectos intrínsecos de los personajes.

Para terminar quiero volver a lo que intenté plantear de principio. Empecé esta presentación hablando de Sartre y es que inevitablemente tuve que remitirme a “Los condenados de la tierra”, de Frantz Fanon, para así poder describir lo que encierra esta novela. Tal vez si entendemos Hananpacha en términos de rebelión contra una colonización foránea, podremos hallar el sentido profundo que intenta plasmar el autor, a través de un género que suele ser, desde su aparente superficialidad, el más subversivo y tal vez complejo. Los seres humanos llegan a ser los esclavos, todos los seres humanos, la humanidad completa, los originarios negados por una fuerza externa, extraterrestres disfrazados de hombres en este caso. La indignación de la negación desemboca en la necesidad de reconocimiento. Les hablo de mi lectura, desde luego, que como toda interpretación puede haber llegado a ser mi propia reescritura del libro. Tal vez lo más interesante de la novela es que la tierra (ahora llamada Gea) está en medio de un conflicto galáctico entre dos fuerzas del universo. Los regentes del planeta son extraterrestres disfrazados y favorecidos por una raza alienígena perversa, y los rebeldes reciben apoyo logístico de la otra, de los benévolos, de los espirituales. Además consideren este dato tal vez exuberante: los humanos rebeldes reciben ayuda de seres extraordinarios no alienígenas, humanoides totalmente terrestres, pero con capacidades sobrehumanas, producto de la radiación tal vez. Y aquí el plus de la historia: dentro de la ficción nadie sabe de la existencia de alienígenas o seres sobrehumanos, además de los gobernantes de un lado y los generales del otro ¿Entienden lo importante de esta particularidad? Este hecho determina la verosimilitud de un escenario sobrecargado de colores y casi extravagante. Podríamos en este momento estar gobernados por extraterrestres y no lo sabríamos. Así el contexto es probable. Creo que con esto es suficiente como presentación, pero que quede claro que no he descrito más que las primeras páginas de la novela, no les he dicho nada que no podrán encontrar, además, en la contratapa y las solapas de manera inmediata.

Sartre escribió la introducción de “los condenados de la tierra” criticando duramente a los colonizadores europeos y justificando la rebelión de Argelia. Escribió que el terror sale de Africa para posicionarse en Europa, en fin. Sartre dice que el escritor es conciencia comprometida con la humanidad. El escritor no se puede esconder y escribe para proyectarse sobre el mundo. No puede desvincularse de  la realidad porque la realidad lo rodea y lo contiene. Entiendo que Hananpacha es una novela política, sin intentar levantar polémica sobre el término. El autor, al elegir el tema y desarrollarlo siguiendo una línea clara, toma partido desde fuera, de manera práctica (al trabajar la hoja en blanco); y como narrador, desde dentro (asumiendo una posición tal vez ideológica al tomar partido por los revolucionarios oprimidos).

Después de la publicación de “los condenados de la tierra”, a Sartre le ponen una bomba en el apartamento, pero de seguro eso no pasará hoy. Por suerte ahora nos encontramos aquí, presentando una novela que creo que no defraudará a los amantes del género, porque muestra un abanico multicolor de situaciones y descripciones de tecnología, que puede comprenderse y disfrutarse en diversos niveles. Podría seguir hablándoles de esta obra, me vienen varios tópicos a la mente, pero creo que con esto es suficiente y sólo me resta invitarlos a tomarla y hojear sus primeras páginas, de seguro continuarán hasta donde los lleve la prolífica imaginación de Iván Prado.

*Alvaro Pérez Q., escritor; ganador VII Concurso Plurinacional de novela Marcelo Quiroga, Bolivia

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