Tardes sin parques (Héroes Decadentes – FVR)

Héroes decadentes

 Francesco Giuseppe Vitola Rognini

Hoy presentamos:

Tardes sin parques

Ilustración Roberto Rodríguez “Hereje”

Ilustración Roberto Rodríguez “Hereje”

Don Fulgencio Martínez declara frente a los jueces encargados de su caso. La señora Magali Rodríguez es su vecina y demandante.

Don Fulgencio es sentenciado a dos meses de cárcel, pero por ser de la tercera edad se le cambia el tiempo por una multa severa. El caso se basa en un hecho observado: el señor dejó que su perro defecara en el antejardín de la señora, quien desde una de las ventanas del segundo piso de su casa, llamó la atención del señor. Él la ignoró. Después rectificó diciendo tener mal oído. La señora Magali llamó a los policías y estos lo arrestaron. El perro es llevado a la perrera, esa noche fue sentenciado a muerte lenta.

-Me mató la hierba- alega la mujer.

-Pero señora, eso es imposible- responde don Fulgencio, y añade- fué sólo un poco de mierda.

-Grosero, tan viejo y tan irresponsable- dice la señora.

-¡Viejo sí, grosero no, e irresponsable mucho menos! Si existiera un parque cerca lo llevaría ahí, pero como en esta ciudad no piensan en la sana diversión, ni en el esparcimiento, pues me tocó dejar que el pobre animalito hiciera popó en su jardín.

-Pero, ¿en mi jardín?

-Señora, ¿y cómo hago?, ¿le tapo el desagüe con el rabo?

-A mi no me importa, no voy a discutir por una mierda de perro, quiero mi hierba como estaba, y eso cuesta. Pague la multa.

-Según la ley todo tiene multa…si no pregúntele a… -El Capitán de la policía les interrumpe decretando el valor de la multa, o la cárcel si no tiene cómo pagarla, o la tercera opción: arreglar él mismo el jardín.-

-Maldita miseria, yo sólo quería distraerme, caminar en la tardecita. Esperaba llegar a una banquita y que el perrito corriera a su antojo.

-Pues, señor, usted no vive en Nueva York. La próxima vez quédese en casa y camine en su patio- sentencia el policía.

-¿Cuando me pagarán lo mío?- dice Magali.

-Pues señora, primero viene el porcentaje de nuestro trabajo, después se le consigna en la cuenta que prefiera, de ahí espera que se haga efectivo- responde el Capitán-.

-Oiga, pero si su sueldo se paga con los impuestos que yo pago- dice la señora.

-Si señora, pero esto es adicional. Piense en el tiempo y la gasolina invertidos en movilizarse para hacer el croquis del lugar de los hechos, y para detener al infractor. Tenga en cuenta además la cantidad de robos que han ocurrido mientras nosotros estamos aquí- explica el policía.

– Oiga capitán, ¿Cómo hacemos para que esto sea resuelto rápido?- dice don Fulgencio.

-Sea creativo, ¿no dizque le gustan los parques para reflexionar y contemplar?

Responde un agente que hasta el momento había presenciado toda la declaración desde una esquina posterior del recinto, con las manos metidas en los bolsillos, donde manoseaba un par de billetes y unas monedas.

Según la ley, don Fulgencio Martínez no es lo suficientemente responsable para pasear el Fox Terrier llamado Donald. Como no había presupuesto para alimentar el animal, fue sacrificado con un procedimiento llamado “inanición asistida”. Lo único que se le podía dar era agua en las mañanas. Al quinto día, como el perro parecía muerto, entraron a recogerlo para echarlo a la basura. El perro se movió cuando lo agarraron, haciendo que los dos policías entraran en pánico y lo pisotearan. La versión oficial fue que lo encontraron así. Explicaron los golpes como producto de un comportamiento suicida del animal, que se volvió loco y se estrelló contra las paredes de la mugrienta celda hasta morir.

La señora Magali tuvo un nieto al poco tiempo de estos eventos. Lo llamaron Jimmy, un niño de ojos negros y pelo como cepillo para limpiar inodoros. Cuando era pequeño tenía el raro hábito de mearse las matas del jardín de su abuela. Siendo más grande -y esto lo hacía a escondidas-, le gustaba cagarse dentro del tanque elevado de la casa. Algunos vecinos decían que el niño era la reencarnación del perro Donald.

Don Fulgencio murió de tristeza cuando le dijeron como murió Donald. Oficialmente fue un ataque al corazón. Su familia se rehusó a pagar la deuda, apelando al sentimiento de culpa que sentían los policías. Por su trabajo intachable el distrito premió a los policías construyendo un centro de operaciones en uno de los parques de la ciudad. Desde entonces los perros y sus dueños fueron cosa de todos los días. Con el tiempo y mucho más gordos y enfermos de las hemorroides, los policías se retiraron.

Años después el centro de operaciones fue abandonado hasta que lo desvalijaron, dejando sólo escombros de ladrillo. El parque se llenó de locos, drogadictos y adolescentes -de clase media- con ínfulas de pandilleros.

El caso de Magali y Fulgencio fue tan extraño que trascendió los límites del tedio y la apatía habituales en esta ciudad. El Gobierno Nacional invirtió en la construcción y mantenimiento de más zonas para pasear perros, las llamadas: Sincaga-rrutas. El modelo fue tan exitoso que se exportó a otras ciudades de Latinoamérica, donde recoger la mierda con una bolsa, sigue siendo algo impensable.

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Héroes Decadentes es un libro de cuentos de Francesco Vitola Rognini, autor de Hambre de Caza (novela de libre descarga en Editorial Miliniviernos). Todos los domingo hacemos una  entrega de cada uno de los cuentos, y al final recogeremos todos ellos, lo que dará como resultado un  nuevo libro digital de libre descarga.

Además de este cuento, hasta la fecha hemos publicado,  Frost, el payaso estrella , Golpea y Corre, El idealismo no sirve para una mierda  , Otro Borracho que no puede olvidar , Centro Comunitario Ratzinger Tristeza, soledad y rock and roll . Junto al prólogo de J. J. Junieles:  Este hambriento corazón 

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