The Punisher va al supermercado (Héroes Decadentes- FVR)

 Francesco Giuseppe Vitola Rognini

Héroes decadentes

  Presentando

Segunda parte: Superhéroes fuera de foco

The Punisher va al supermercado

 

eL PUNISHER va al supermercado

Ilustración Roberto Rodríguez “Hereje”

 

 

Por los altavoces suena una melodía en piano, mientras una voz nasal femenina hace varios anuncios: Pasillo doce, lácteos y productos congelados, oferta por la compra de más de cinco productos… Se necesita el precio de tampones extra grandes en la caja de nueve… Nicolás favor acercarse al pasillo cinco, código N, un niño ha hecho destrozos.

¿Dónde carajos estará el papel higiénico? Demasiada gente en un mismo lugar me incomoda, no dejan ver nada, bloquean la circulación con sus cuerpos pequeños y frágiles. Esto está lleno de niños, ancianos y mujeres. No sé porqué tuve que esperar hasta el sábado para comprar todo esto: Atún, fríjoles, pulpo, carne; todo enlatado. Más algodón y alcohol. Tanto ruido me pone nervioso, necesito salir de aquí cuanto antes. Detesto los coches de supermercado, los bastones de las abuelitas, el llanto de los niños pequeños.

Cuatro de la tarde, señor”, me dice la anciana cuando le pregunto la hora. Es imposible llegar al papel higiénico. En uno de los pasillos la viejecita me ha pedido que le baje media estantería para ver los precios, al final no ha comprado nada y me ha tocado regresar todo a su puesto. Un hombre tropezó conmigo y por poco causa un desastre con las dos cajas de cerveza que llevaba en brazos. Su hijo lo hizo trastabillar y si el hombre no hubiese tenido buenos reflejos el niño hubiese recibido las latas en la cabeza. Miro atrás hacia donde están las cajas registradoras y las filas aumentan a toda velocidad. No entiendo donde estaba metida toda esta gente.

Es la primera vez que vengo a un supermercado, normalmente compro en bodegas solitarias, que abren hasta el amanecer, todo se compra al por mayor, y ellos mismo se encargan de llevarte el pedido. Pero hace una semana la bodega donde usualmente compraba se quemó. No me quedó otra opción, entre salir por las noches a limpiar la ciudad de maleantes y alistar mi arsenal para la noche siguiente, apenas hasta hoy me vi en la necesidad de salir a comprar algo para seguir con vida.

Me pregunto ¿dónde estará el papel higiénico?, ¿estará detrás de aquel grupo de cotorras encopetadas menopáusicas que discuten sobre fertilizantes para el jardín, o más allá donde unos jóvenes preparan la juerga, toman paquetes de servilletas y vasos desechables? debe ser ahí!

Luego de un rato tengo lo básico, no he encontrado carrito así que me tocó meter todo en dos canastas. Diez latas de atún, diez de pulpo, diez de carne, un saco de cinco kilos de papa, cinco litros de agua, tres libras de fríjoles, algodón y dos botellas de Jim Beam de un litro cada una. Voy llegando a la fila para pagar y se adelanta la viejecita del bastón, le pregunto si vio la fila y me dice que claro, que no está ciega, que no sea grosero y por abrir la boca me da un bastonazo en la pantorrilla.

Detrás de mí una mujer con dos niños intenta callarlos, a los gritos. Uno de ellos, el que está en brazos de la mujer, me saca la lengua. Yo le sonrío fríamente para asustarle. Como respuesta me vomita sobre las botas, un poco más cerca y lo hace sobre mi camiseta negra y mi chaqueta. Cuando llego a la caja me piden tarjeta descuento, pero como no tengo, la cajera me mira de arriba abajo y murmura:

-Loco de mierda.

Deduzco que es por mi vestimenta, aunque grabo su cara en mi memoria por si alguna vez la encuentro en la calle cometiendo algún crimen.

Un perro -supuestamente prohibido dentro del almacén- se mea en mi pierna y por poco lo sacrifico ahí mismo.

La cajera interrumpe mis pensamientos vengativos poniendo cara de arpía al acecho y me dice el precio a pagar. No logro oír lo que me dice. Unos metros más atrás una chica habla por teléfono celular, grita y sonríe, cuenta algo de su nuevo novio. Unos turnos más atrás en la fila, los jóvenes que evidentemente ya habían comenzado a beber antes de venir de compras, ahora hablan de fútbol, los cuatro a la vez. Al final tengo que pedir me repita el valor a pagar y de muy mala gana me da de nuevo el total. Cancelo, y comienzo a empacar en bolsas plásticas, tratando de colocarlo todo lo más ordenadamente posible para repartir el peso. Aún falta llevarlas cargadas, caminando hasta el apartamento. El tipo de las dos cajas de cerveza termina de meter su compra en el carrito que el niño empuja, y en un segundo de distracción, mientras el papá paga la cuenta, el culicagado arrolla las bolsas que llevo en mis manos. Rompe las dos botellas de Whisky. Los miro a los dos, al niño y al papá. El papá se hace el desentendido. Salen del supermercado. El niño sin embargo mira atrás con cara de culpable. Espero acordarme de su cara cuando crezca, seguro algún delito cometerá. La gente que sale me dice que me eche a un lado, que limpie el desastre. Pienso en sacar una de mis armas y acabar con todo.

Se ha armado una nueva fila, le digo a la cajera que me reemplacen el Whisky. Dice que no hay problema, que haga la fila de nuevo con el tiquete de compra en mano y las dos nuevas botellas.

Luego de treinta minutos y mucho autocontrol llego a casa sin haber matado a nadie. A modo de catarsis afilo media docena de puñales, y desarmo una escopeta para aceitarla.

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Héroes Decadentes es un libro de cuentos de Francesco Vitola Rognini, autor de Hambre de Caza (novela de libre descarga en Editorial Miliniviernos). Todos los domingo hacemos una  entrega de cada uno de los cuentos, y al final recogeremos todos ellos, lo que dará como resultado un  nuevo libro digital de libre descarga.

Hemos publicado la primera parte, que consta de las  historias:  Tardes sin parquesFrost, el payaso estrella , Golpea y Corre, El idealismo no sirve para una mierda  , Otro Borracho que no puede olvidar , Centro Comunitario Ratzinger Tristeza, soledad y rock and roll  y Santa Marta. Junto al prólogo de J. J. Junieles:  Este hambriento corazón  The Punisher va al Supermercado es el primer relato que subimos de la segunda parte: Superhéroes fuera de foco. 

 

 

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