Recordando al cacique de La Junta: Diomedes Dionisio Díaz Maestre

Quien me critica no se siente competente y eso trae que de repente se puede morir de infarto

La Virgen del Carmen que le regaló Juancho Rois

La Virgen del Carmen que le regaló Juancho Rois a Diomedes

Un día como hoy se fue Diomedes Díaz a entonar un canto celestial  junto a su compadre Juancho Rois. Esta vez las lágrimas de Diomedes no fueron de pesar, sino de alegría. No  la alegría de dos muertos que se reencuentran, sino de dos músicos que tras un lejano viaje vuelven a seguir el parrando. En el cielo, tal vez, nadie quiera matar a Diomedes; solo en la tierra, los hay quienes quieren arrojarle tierra a su nombre, en una tarea tan absurda como tapar el océano arrojándole granos de arena, son  “de esos que viven criticándole a Diomedes los buenos hechos que reviven al folclor”.

A Diomedes Díaz se le recuerda por los buenos momentos que dio a su pueblo y enalteció el folclor. Ya en vida el Cacique compareció ante la justicia humana y su espíritu ante la divina. Solo uno de esos legisladores de la moral de redes sociales, con complejo de juez de telemundo internacional,  se atrevería a condenarlo ahora.  Por eso mismo,  no se molesten por la fama que lo sobrevive y que hoy rendimos tributo en esta página cultural.

Diomedes vendió su alma por ese portento de voz que refresca como una brisa sabanera a la caída de la tarde. Los reptilianos andan de parranda rompiéndola, con todo y placas tectónicas, asustando a los del centro del país reviviéndoles ese miedo primate de que se les va a acabar el mundo.

Todas las fiestas del ayer no se entierran, sino que se reviven en navidad y carnaval. El Joe recibe a Diomedes y le dice que Ron pa’ todos en el cielo.

 

Diomedes murió el mismo día que Joe Strummer, quien ahora después de haber pasado por The Clash, prefiere tocar la guitarra para la orquesta de Juancho Rois, Joe Arroyo y Diomedes Díaz. Porque así es el punk, la dicha y el amor cuando ya uno no está atado a su condición corporal.

Como expurgado de la ciencia ficción de Stanley Weinsbaum,  Marciano Martínez  compuso varios éxitos de Dionisio. Los mitos, como las historias de amor, son finitas, y como en esos mortales giros cerebrales van socavando el infinito vacío y absurdo de nuestra existencia cuando se aleja por culpa de esos vientos que quiebran las alas.

 Hubiera amado escribir una canción que la cantara Diomedes Díaz, pero ahora solo espero ese momento para el parnaso de las leyendas. Como dijo el Cacique: ¡Qué vivan los hombres,! Dios bendiga a las mujeres y que nazcan más…

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About Luis Cermeño

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