Un juicio cristiano a Poe, Melville y Hawthorne

Pablo Ladrón de Guevara fue un sacerdote Jesuita español que llegó a Colombia en 1903 y, en 1910, publicó su obra “Novelistas malos y buenos”. En este volumen el sacerdote se ocupó de hacer un juicio sobre distintas obras y autores – las dos categorías se confundían y formaban un sólo objeto de análisis- . El propio Ladrón de Guevara advirtió en el preámbulo de su trabajo: “juzgamos y sentenciamos las novelas con arreglo al código de la ley de Dios, siendo para nosotros malas todas aquellas, en que la moral ó las ideas lo sean. Si los novelistas malos son de grandes talentos, tanto peor. Conforme á este criterio á nadie, que falte, debemos perdonar, ni perdonamos en nuestros juicios: a éste llamamos gravemente deshonesto, al otro levemente provocativo, al que es impío, impío, y al que es blasfemo, blasfemo”. Por lo tanto, el adjetivo de bueno o malo se remite a una conducta moral e, implícitamente, el sacerdote tiene presente la división entre lo moralmente aceptable y el talento. Hoy día puede contrastarse la manera en cómo se refiere este padre a los escritores y lo que abunda en los suplementos literarios; lo que cambia, en muchos casos, es el credo, que ya no apunta a Dios sino al post-estructuralismo o a autoridades como don Harold Bloom, y la aspiración no radica en ser un buen cristiano sino un escéptico ácido, irreverente y demoledor.

Les presentamos tres juicios que hizo este jesuita a Melville, Poe y Hawthorne:

Hawthorne, Natanael (1804-1864): Yanqui. Trascendentalista, de malas ideas, fourierista.

NOVELAS: Blithedale. Casi viene a ser una autobiografía; de filosofía falsa. Entre los personajes está una mujer libre. El lugar de la religión y mundo sobrenatural lo ocupan el magnetismo animal y la creencia en un fluido eléctrico; en vez de las leyes del mundo moral se establecen las del materia; con las atracciones pasionales de Fourier, se sustituye el sacramento del matrimonio; la idea del deber con la de la dicha, y la abnegación se destierra con el egoísmo. Los personajes son también socialistas.

Cuentos mil veces dichos. De asuntos extravagantes, sombríos, de muertos, de malas idas. Se siente en ellos la influencia de la vieja raza puritana, a que el autor pertenecía.

La letra roja A. Pecado grave deshonesto y contra justicia de tercero. Es tanto peor cuanto el culpable pasaba por piadoso, cosa de muy mal efecto. La expiación es pública, pero lo que principalmente atormenta al criminal son los remordimientos, viniendo a confesar públicamente su crimen para morir después.

Ha sacado, además, Hawthorne una novela del crudo y deshonesto cuento del Veneno del pecado. […]

Melville, Hermann. Nació en Nueva York en 1819. Periodista, novelista, historiador de sus viajes. Es algo contradictorio en su conjunto, pseudofilósofo, escéptico al parecer, malsano, llorón, enfático, áspero, chocho, sujeto lo mismo a paroxismos que a inexplicables abatimientos. Otras veces, cuando deja de ser ampuloso, tenebroso y tan vulgarmente pretencioso, puede pasar. […]

Poe, Edgar Allan (1811-1849). De Baltimore. Poeta y cuentista de vida muy azarosa, dado a la bebida. De sus efectos tendido en la calle, fue llevado moribundo a un hospital, donde murió. En sus cuentos es raro, chocante, mórbido, malsano, fríamente fantástico, pero no deshonesto.

Cuentos extraordinarios. Todo en ellos obedece a una preocupación extravagante, monomanía del autor. Cada cuento es un enigma, un logogrifo, un hecho tenebroso, un misterio impenetrable en apariencia. Histerismos, alucinaciones.

Monos y Una. Es de ultratumba.

Revelaciones mesméricas. Cuento en que trata de lo que toca a la división del alama y el cuerpo, a la esencia de Dios.

La carta robada. Modo de adquirir fuerza conjetural para dar con la carta.

El asesino de la calle Morgue. Se averigua que lo fue un orangután.

El gato negro. Capricho fantástico, desordenado, que no se sabe a qué viene ni a dónde va, de cierto terror sin interés.

Para Poe la imaginación es la reina de las facultades, pero la imaginación es para él otra cosa que para nosotros, es algo más, es casi divina. Por eso otros dicen que para Poe no hay sino razón lógica. No hay tal lógica.

Aventura inaudita. De asunto inofensivo, que se puede leer.

Tomado de “Novelistas malos y buenos”. P. 181, 183-185. Editorial Planeta, 1998.

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