La necesidad del corazón (primera entrega)

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Edison Delgado Yepes, escritor nacido en Ecuador, nos ha permitido publicar, por entregas, su novela “La necesidad del corazón”. Esperamos que disfruten de este nuevo trabajo y agradecemos la generosidad del autor:

 

A la querida memoria de Fernando Luna

  

Tienes poder para recordar a todo el mundo que son personas completamente libres. 

Jack Kerouac

 

Qué solo se está en el mundo sin un amigo con el que sentarse y compartir la bebida. 

John Ernest Steinbeck

 

Tuco y Pepe Viche Andolini salieron de una larga sesión de surf en Paco Illescas. Sus músculos estaban hinchados y cargaban sin ningún esfuerzo sus medianas tablas Gordon & Smith. Pero al rato estaban más cansados. Aquellas tablas GORDON & SMITH los habían acompañado durante su largo aprendizaje en Chuyuipe y Paco Illescas. Aunque Tuco y Pepe Viche corrían de playero, la ola de Chuyuipe era salinera, por lo que desde el principio se enseñaron a correr olas dándole la espalda a la ola hasta llegar a niveles de verdadera perfección. El gran sueño de Pepe Viche era ir a correr la ola del Pipeline en Hawai, al igual que lo había hecho Jeffrey Bhorer. Pero al igual que muchos otros sueños más todo quedó en proyectos y conversaciones grifotas de media noche y nada más.

Después de un largo trayecto de caminata las tablas pesaban más y más y los hermanos Andolini se la cambiaban de un brazo al otro para seguir pujando su peso. El sudor corría por su frente como gruesas gotas y las venas de los hombros y brazos se hinchaban debajo de la quemada piel de surfistas.

Tuco y Pepe Viche, poco a poco, se hicieron expertos en correr olas de espalda en Chuyuipe, en vacaciones; y, en época de clases, corrían olas en Engabao y Montaña.

Eran verdaderos surfistas que corrían olas ya sea en temporada o no.

Ahí, en Engabao, el terror al descoque en una ola que era playera era algo mortal y paralizante. Los hermanos Andolini, simplemente, no estaban acostumbrados a correr olas de playero y siempre que estaban a punto de coger una ola se detenían en toda la concha, completamente paralizados de terror por miedo a ahogarse con la caída.

Perico y Rosendo, que eran dos muchachos más avezados, se burlaban de ellos mientras les daban una lección de surf a los novatos con sus tablas Eddie Bauer de una sola quilla. Los hermanos Andolini no comprendían cómo coger la ola de Engabao, a pesar de que habían aprendido tan bien a deslizarse sobre las olas en el salinero de Chuyuipe. Simplemente los dos se ahuevaban.

Más tarde llegó un verdadero surfista radical llamado GALLETA, que era el papi de todos los que corrían en Engabao y en otras partes más audaces del litoral. Cuando GALLETA corría olas en Engabao era el momento de echarse a un lado y observar el espectáculo. Galleta estaba en su mejor momento deportivo y nadie podía, siquiera, osar comparársele o tratar de coger una ola cuando él estaba corriendo. GALLETA era el king de Engabao. Era uno de los personajes super pesados del amplio espectro del mundo surfer guayaquileño.

 Con el tiempo los hermanos Andolini se fueron especializando en olas más fuertes y luego se reían de correr en olas peligrosas como LA FAE.

En una ocasión, mientras miraban metidos en el agua desde atrás las rocas de LA FAE, se dieron cuenta que tenían forma de camello acostado. Muy pronto los dos hermanos se especializaron en correr todas las olas peligrosas del circuito de Salinas: Dead Point, LA FAE, LA CHOCOLATERA, EL SUPER TUBO, LA PUNTILLA y SHIT BAY.

Para surfear en aquellos puntos se levantaban a las cuatro y media de la mañana y se iban a pie por la playa para pasar a oscuras por el aeropuerto y meterse a correr olas sin ser detectados por ningún milico.

LA FAE era algo tremendo: la entrada te sorprendía con dos remolinos a los que tenías que esquivar remando siempre hacia las rocas, pero sin acercárteles demasiado y luego llegar a la punta. Como regla general el mar siempre estaba picado por el viento y las barredoras te minaban el estado físico de una manera impresionante. La espuma blanca y el agua helada pronto te desanimaban a tratar de mantenerte en el point para coger una buena ola.

Cuando llegaban las mama rusas venían demasiado atrás y a pesar de que te sacabas la madre remando para alcanzarlas, el labio grueso te reventaba encima y volvías al comienzo por debajo del agua revolcado y ahogándote. Así pasaban las horas hasta que a punta de mucha perseverancia lograbas volver a situarte en la punta y agarrar una buena ola tuco y bajarla hasta el fondo para cortarla y derraparla hasta la orilla, para volver a comenzar otra vez todo de nuevo. Una y otra vez, una y otra vez.

Al principio todos sus amigos llegaban a la casa de madera de los Andolini, la mayoría de ellos eran viejos compañeros y compañeras del colegio Británico que antes era sólo para extranjeros. A veces la casa se repletaba hasta con quince personas. Muchos de ellos se fumaron su primer cigarrillo de yerba en aquella casa mientras escuchaban la música de Jackson Brown o la de los Doubie Brothers. En aquellos tiempos eran muy, pero que muy raros los tipos que se alimentaban sólo de comida vegetariana. La mayoría prefería cenar hamburguesas y ricos hot dogs que Pepe Viche hervía en agua y luego los asaba al fuego. Muchos surfistas vagabundos como el filósofo Isósceles que siempre andaba descalzo iban a comer gratis unos deliciosos hot dogs donde Pepe Viche y luego se iban al patio de atrás de la cabaña y se fumaban un grifito mientras escuchaban la música astral del grupo YES.

Pronto los Andolini se hicieron amigos de Freddy Quintanilla, que era un local muy futurista y que siempre le gustaba tocar en su guitarra música vieja de pasillos, el hombre era un as en la orilla y estudiaba educación física. Freddy fue una de los primeros en hacer el 360 al coger una ola. Nadie sabía dónde había aprendido una frase célebre de Heinz Zschokke, que siempre la repetía como muletilla:

Es infinitamente más hermoso dejarse engañar diez veces, que perder una vez la fe en la humanidad.

 

Esa frase siempre la repetía una y otra vez, estuviera o no estuviera de acuerdo, al momento en que se estaban dando las cosas. Incluso después de la pelea que tuvo en la LIBERTAD donde le patearon mal el hígado y después cuando lo operaron mal y le dejaron una gasa en el hígado, que empeoró las cosas. Muchos creyeron que Freddy había muerto de cirrósis por un gusto inmoderado por el alcohol, pero lo que lo mató fue la mala práctica médica, y cuando llegó su final, Tuco y Pepe Viche siempre estuvieron a su lado y siempre repetía la misma fracesita…con su rostro empapado de sudor y la respiración entrecortada.

Es infinitamente más hermoso dejarse engañar diez veces, que perder una vez la fe en la humanidad.

 

Nadie comprendía en ese entonces el motivo de que le gustara tanto ese pensamiento, pero cuando Tuco tomó la decisión de divorciarse de la vaca de su mujer, entonces, lo comprendió todo.

Tanto Tuco como Pepe Viche nunca dejaron de visitar a Freddy en el hospital hasta el d♂a fatal en que dejó este mundo.

El engaño produce rencor y odio, pero aquello no debía quitarle al ser humano la esperanza de volver a hallar el amor. Tuco nunca más se volvió a enamorar. Tuvo mucho sexo con diferentes mujeres, pero ni siquiera lo que tenía con Katty que se aproximaba a lo que él sintió cuando le pidió matrimonio a Irene. El primer amor nunca se olvida ni siquiera cuando termina convirtiéndose en un fracaso tan estrepitoso. En cambio Irene se casó con Tuco sólo para salir de la rutina de una vida sexualmente mediocre y le parecía divertido que este remedo de ejecutivo con sus trajes a cuadros, su melena partida por la mitad y sus zapatos de plataforma se haya ilusionado con ella, una mujer que no tenía corazón suficiente para enamorarse de los hombres.

Los hermanos Andolini habían corrido olas desde temprano en la mañana y un grupo de chicas los habían estado observando con bastante interés, pero el interés se transformó en deseo y el deseo quedó en nada ya que los hermanos Andolini nunca salieron del agua, y cuando lo hicieron, ellas ya se habían ido con los primeros rayos de las tinieblas, que se iban depositando suavemente sobre los filos de las paredes y sobre las blancas dunas de arena.

El frío de las noches en el desierto penetra hasta los huesos y pronto toda la punta de Illescas se empieza a llenar de hippies, que venían a armar sus carpas y a encender sus pequeñas hogueras para iluminarse, calentarse o tocar guitarra.

A medida que las sombras de la oscuridad se dejaban caer sobre el punto, las familias de millonarios, se iban retirando con sus sillas y parasoles hacia la comodidad de sus departamentos con aire acondicionado y agua tibia para sacarse todo vestigio de sal y arena. Cuando llegaban a sus villas y después del baño se instalaban frente a la televisión en blanco y negro con sus pieles quemadas por el sol, y ordenaban a la sirvienta que les prepare algo de comida: un cebiche de camarón, un arroz con pescado fresco, comprado en la mañana en el mercado de la lojanita, o unas salchichas gordas y grandes, alemanas, que se las zampaban con abundante cerveza.

Tuco y Pepe Viche caminaban por el sendero desértico, lleno de espinas con rumbo a su casa de madera y de manera silenciosa, eran testigos de un precioso y olímpico atardecer. Todo el cielo nublado resplandecía en sus bordes con colores dorados, celestes brillantes, verdes difuminados que se convertían en amarillos fosforescentes y anaranjados.

Tuco caminaba y caminaba, pero estaba triste, tenía bien guardado un secreto. El problema con los secretos es que en el fondo son una mentira y la mentira es algo que está contra la naturaleza del hombre. Al hombre le gusta hablar con la verdad ya que de esa manera puede vivir tranquilo con su conciencia y no se mete en problemas con nadie. Mentir es un pecado relativamente cerca al asesinato ya que cuando se empieza a mentir no hay cuándo parar y una mentira trae consigo otra y otra más. Y todo ese esfuerzo de mentir al final resulta inútil ya que la verdad tarde o temprano sale a flote. Por otro lado la mentira y el fingimiento produce un desgaste sicológico que es el factor que provoca que la verdad a la larga o a la corta salga a flote.

Como decía el emperador discapacitado Claudio cuando murió envenenado:

Que todo el veneno salga a flote…

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