Archive | marzo 2015

CARTAS A UN JOVEN MAGUFO

Magufinho

Joven Magufinho

Esta carta forma parte de una serie de respuestas de Julián Andrés Marsella Mahecha a la numerosa correspondencia que recibe  a diario de aspirantes al mundo del parnaso literario, cultural y académico.

CARTAS A UN JOVEN MAGUFO

Por Julián Andrés Marsella Mahecha

© ® 

 

Para gente como tú,
la alta poesía solo es posible
con la abstinencia sexual
más férrea.

Una mujer solo proyecta lo vulgar que eres
tu genitalidad ha demostrado
lo que siempre sospeché:
tu pretensión se basa en el resentimiento
de los más viles.

 

Y te creiste refinado;
sí,
así es.
Porque ninguna mujer osaba en acostarse contigo.
Cuando una por fin lo hizo,
comprendiste
que eras
un Mario Benedetti.

Por más que leas el catálogo
completo de Herralde, Galaxia Gutemberg y Lengua de trapo,
seguirás haciendo poemas
de oficinista.

 

Hacer ese tipo de poemas no es repudiable,
si sabemos
que, en tus íntimas
creencias,
te consideras el más grande
escritor
de tu época.

El secreto mejor guardado
de la tradición
letrada
de Colombia.

Te creías la mesa más fina del instituto,
reservada para los culos más finos;
no sospechabas,
nadie se sentaba allí,
porque era la que más cerca quedaba al baño,
llena de moscas y olores.

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Tarzán encuentra a La de Opar (Frank Frazetta) por Luis Bolaños

Tarzán encuentra a La de Opar (Frank Frazetta)
Por: Luis Bolaños

Tarzán encuentra a La de Opar

Mi relación con el maestro FF oscilará durante el recorrido del texto entre historia emocionada y homenaje anticipado por el lustro de su muerte, también en mantener el contacto con Luís Cermeño, lo cual significó que uno de los planes que tenía en mente (recoger uno que otro Bitimagen y actualizarlos) podía plasmarse de manera efectiva a través de Mil Inviernos y que mejores páginas para acogerlo que las regaladas por esa revista que está dejando huella en los aficionado(a)s.

La primera vez que me tropecé con FF, me dejo una vívida impresión, durante largo lapso more bajo sus impactos sin conocer su nombre, pero encontrando con frecuencia su impronta en numerosos trabajos, así pude seguirlo hasta llegar a identificarlo, gracias a la abundancia con que se prodigaban sus ilustraciones y dibujos en webs como Therion, Imagination y otras. Por fin pude armar una carpeta con sus obras de arte. Debido a las condiciones paupérrimas del mercado de libros, comics, magazines o revistas especializadas de nuestros países latinoamericanos (en especial Perú como no deja de repetirlo mi amigo Daniel Salvo), los tiempos de creación y publicación se interpenetran e imbrican con los de disfrute o acceso y no solemos consentir paquetes seriados de obras para observar su evolución, más bien en un momento inesperado nos atiborramos con la secuencia quebrada y mezclada la marcha de su estilo; no obstante con Frazetta tuve la suerte de tropezármelo casi secuencialmente merced a un autentico aluvión de importaciones momentáneo que me permitieron su exploración, eran las revistas de la Warren editadas en España que arribaban en containers a puerto.

Tarzán encuentra a La de Opar I
Lo más importante de Frank Frazetta, lo que me obligaba a retornar una y otra vez a observar sus dibujos y recrear las sensaciones de puro éxtasis que me generaban, era su capacidad para atrapar la escena, envolverla en sentido de aventura y salpicarla con una sensualidad que frecuentemente constituía la médula del relato que campeaba en los trazos de su peripecia, era con escasa diferencia el capítulo de un libro gozoso e interminable que por el puro placer de recorrerlo me permitía imaginar las imágenes subsiguientes y antecedentes, compartía con los grandes de la imaginería la virtud de trascender los marcos de su obra en una viñeta.

Tarzán encuentra a La de Opar II
En algún momento, acababan de estrenar Blade Runner y observé que para buscar datos adicionales que llevesen a encontrar a los replicantes en los fotogramas de una grabación de video, utilizaron algoritmos de búsqueda integrados con pixelado complementario para expandir la imagen y conservar la resolución, mecanismos que aparecían novedosos en ese instante, lo cierto fue que los asimile de inmediato y los convertí en instrumento para explicarme la manera como recreaba y gozaba las imágenes de Frazetta; acercarme era hojearlo, deleitarme con la vista y la mente y como comprobaría posteriormente, literalmente cientos de elaboradas producciones brotadas de sus artilugios (para esa época 802) cumplían con esas características, decidir cual cubriría con su esplendor la página del bitimagen que elaboraba para Velero25 fue por esa virtud un problema arduo, cada vez que determinaba uno como favorito, surgían otras opciones a porfía tomando su lugar y empujándola al descarte, como este hecho se sustenta en la altísima calidad media de un maestro es comprensible que así como me impactó y estiró el lapso para esa elección, haya dejado huellas en innumerables artistas de generaciones sucesivas, incluido el cine en los diseños de Mad Max, Conan y otros filmes (revisar Wikipedia)

Quizás por ello en ocasiones sorprendía en Boris Vallejo o en Chris Achilleos, o en Simon Bisley, Don Maitz, Michael Whelan o Arthur Suydamla influencia de Frazetta, quien había fijado de tal modo los escorzos y las poses (brazos en jarras del héroe musculoso mientras una sinuosa beldad se abraza a sus pierna, por ejemplo) que eran reconocibles en los nombrados y otros que se me quedan en la memoria (quienes rendían homenaje como señala mi hijo Arcadio, no copiaban, por que las obras de referencia poseían a su vez, sus estilos inimitables), sin embargo, frecuentemente no podía desprenderme de la impresión inicial de tales escorzos y posiciones de Frazetta e imaginarlos de otra forma en otro autor. Gracias a la plétora de Internet me he reconciliado con la multiplicidad de imágenes que pueden brotar del ferviente caletre de la pléyade de artífices que ilustran nuestras querencias.

Una nota triste, afectado por problemas de la tiroides se vio obligado a restringir su vitalidad e inspiración. Un derrame cerebral a los 82 años sombreo con un punto de quiebre su quehacer creativo. Sin embargo, el reconocimiento de su legado está manifestado en algunas grandes recopilaciones como The Alexander Gallery Retrospective, Icon, Legacy, Testament, Bud Plant Comic Art, Frazetta Pillow Book, etc, y las recapitulaciones que se continúan efectuando.

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La necesidad del corazón (sexta entrega)

Edison Delgado Yepes, escritor nacido en Ecuador, nos ha permitido publicar, por entregas, su novela “La necesidad del corazón”. Acá podrán leer el episodio anterior.

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La idea de comprar una casa en Salinas fue desde el principio idea de Irene, ella siempre saliéndose con la suya, pero cuando empezaron a venir a pasar las vacaciones a la playa, Irene pronto se cansó del desierto, la soledad, el sol, la arena y el mar, y pronto comenzó a sugerirle a su marido que vendiera la casa, pero a Tuco le empezó a gustar cada vez más la tranquilidad del desierto y comenzó un plan de ahorros para retirarse del negocio de compra y venta de vehículos. Cuando Irene se enteró de aquel proyecto puso el grito en el cielo y comenzó a hacerle la vida imposible a su marido con continuos reproches a su falta de competitividad y quemeimportismo. Por su parte Tuco se quedaba callado y lo soportaba todo hasta que se le colmaba la bilis y entonces le gritaba a su esposa y la mandaba a la casa de la verga o le decía que se consiga un amante y que se vaya con él o con ella, y esto lo decía con intención bien maligna, porque ella creía que su esposo no sabía nada de su preferencia bisexual por las lesbianas.

Cuando el matrimonio terminó, Tuco se sintió libre, pero, entonces, cuando sus planes de vivir feliz se empezaron a hacer realidad y su vida tomaba un nuevo giro lleno de grandes banquetes de mariscos, paz y armonía. Cuando había liquidado con éxito el negocio de su patio de vehículos y se disponía a llevar una existencia completamente tranquila en la playa, el destino le traía la noticia de que no iba a vivir mucho tiempo. A veces Tuco se despertaba en la noche lleno de pánico y desesperación y se volvía a acostar y rezaba el Padrenuestro en completo silencio hasta lograr calmar los nervios. Siempre lo atormentaba la idea de quién sería la persona que lo cuidaría mientras llegara el momento de la agonía. No tenía hijos, su esposa no quería saber nada de él, sus padres estaban bajo tierra: su madre por la diabetes y su padre víctima de la hipertensión. Su hermano era casi un inútil, así, que, en definitiva, estaba solo y moriría solo en este mundo; solo, completamente solo en una cama de hospital, como tanto temía Octavio Paz. Katty era una drogadicta inútil que no servía para nada, ¿quién la mantendría cuando él se muriera?

Cuando Tuco pisó por primera vez un hospital oncológico pronto se informó que el noventa por ciento de los pacientes mueren, y que es entonces cuando el enfermo logra apreciar las cosas insignificantes y simples, pero bellas y sublimes de la vida: como disfrutar de una noche estrellada en Canoa o disfrutar de la compañía de una amiga mientras se saborea una deliciosa pizza donde don PEPE.

Tuco se hizo muy amigo de Tony Reyes el doctor que lo chequeó y que le detectó el cáncer al estómago. Él le conversó que había entrado a trabajar en aquel hospital oncológico junto al mar cuando era estudiante, ya que su padre lo recomendó al director con quien mantenía una larga amistad desde la infancia. Pronto Tony entró a trabajar como ayudante en el área de diagnóstico. Y él le confesó lo triste que era hacerse amigo de un niño con leucemia ya que sabías que iba a morir. El hospital en que trabajaba ahora no siempre fue así: cuando recién entró a trabajar lucía todo viejo, descolorido y desvencijado y a él le tocaba recargar los hematócritos y pronto se dio cuenta de la importancia de tener dinero para comer a la hora del almuerzo. Recargar los hematócritos significaba medir los glóbulos rojos y era una tarea de gran responsabilidad y siempre después de cada jornada, Tony terminaba muerto de hambre y el primer día de trabajo estaba completamente chiro y subió al comedor a ver si alguien le regalaba un plato de comida, aunque sea un arroz con jugo de carne, pero la negra cocinera Heriberto le abrió una cuenta de crédito para que él la pagase en la quincena y así pudo tener asegurada la comida diaria.

Los primeros días de trabajo Tony Reyes no vio a los enfermos de cáncer sino que se lo pasó en el LABORATORIO haciendo hemogramas, que es el conteo de leucocitos, donde se utiliza la fórmula de Schilling, que sirve para diferenciar los leucocitos entre segmentados y mononucleados y los linfocitos y los monolitos y también había que recargar los hematócritos que era el contaje de plaquetas y que se dividían entre: neutrófilos, eucinófilos y batófilos. El problema de la leucemia se detecta cuando entre los glóbulos blancos surge un aumento en número y se alteran en su forma.

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La filosofía como ciencia ficción y la ciencia ficción como filosofía

Teresa

La doctora Teresa Mira de Echeverría impartió una conferencia en la que aborda los puntos de contacto entre la filosofía y la ciencia ficción. Esperamos que disfruten de la misma y reflexionen en esta época santa, así sea en torno a cosas non sanctas:

 

 

 

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Especial Santo de Kolosimo y sus variaciones Goldberg

Y dijo Kolosimo: estoy bravo y no habrá más tiempo

Y dijo Kolosimo: estoy bravo y no habrá más tiempo

Ad portas de un nuevo Domingo de Ramos, evocamos a un santo que ha servido para alimentar muchas desdichas e ilusiones de no existir en este planeta abandonado. Entiéndanlo de una vez, los extraterrestres nos hicieron y al ver nuestra mediocridad, se largaron para que nos matemos entre nosotros. No hay remedio y ni siquiera la oración nos salvará, porque de esos extraterrestres vienen los ecos de Dios, y Dios se quedó sordo para con nosotros. Un consejo: mastúrbense, mastúrbense mucho. Eso les acabará las energías antes del juicio final, y cuando sean condenados, sentirán consuelo al seguir lastimando vuestros prepucios,. En cuanto las mujeres no hay problema. Todas se irán a disfrutar de las mieles del buen sexo con esos reptilianos que otrora nos abandonaron. Y los maricas, maricas son, hasta después del juicio final.

Compartimos este relato de Don Peter, tan evocador de ese Philip Dick místicos que los magufos de la moda pasan por alto cuando se burlan de las teorías más revolucionarias del amor, la desdicha y la creación.

Relato 1.1:

Las Variaciones Goldberg de Kolosimo colisionan con Glen Gould 

Epígrafe de editores: Cazaste al aprendiz de Seductor. 

Si Jean Goldberg hubiese dejado perder aquella muchacha, habría sido mejor para él. Pero Jean Goldberg era un jovenzuelo testarudo, y Sabine era muy guapa. Demasiada guapa para que nuestro gallito de 1700 hiciera casos a las voces que corrían acerca de “la bruja de Estrasburgo”. ¿Una hija del demonio? Al parecer, así era. Nadie sabía cuando había llegado Sabine a la ciudad, nadie la había visto de niña y, sin embargo, ella afirmaba que había nacido en Estrasburgo. Y nadie había visto a su padre. Era marino mercante y se encontraba lejos, en Oriente, decía Sabine. Y había también el increíble caso de su madre, raramente dejaba la casa, pero las escasas ocasiones que lo hacía, trastornaba a todos: la muchacha tenía 18 o 20 años, y la madre parecía tener, como máximo, cuatro o cinco más que la hija.

En resumidas cuentas, ¿qué se podría pensar de aquellas dos mujeres que salían por la noche vestidas de hombres, que montaban a caballo como hombres,  que se encontraban por la noche con otras mujeres ataviadas de la misma forma que ellas, y con siniestros personajes indescriptibles, en el tenebroso “Auberge du Cheval Noir”? Naturalmente, si algún valeroso se hubiera atrevido a pedirle explicaciones a la interesada, habría oído cómo le aconsejaban que no bebiera demasiado o se guardara de las alucinaciones.

Sin embargo, Jean Goldberg no tenía alucinaciones, y aquella noche no había bebido ni siquiera una gota. Había permanecido apostado en las cercanías del “Auberge du Cheval Noir”, y cuando vio salir del mismo dos figuritas demasiado gráciles y demasiado agraciadas como para ser masculinas, las siguió sin abandonar las sombras. No se había equivocado. Tras haber marchado durante un largo trayecto por la calle principal, los dos “caballeros” se adentraron por la orilla de un canal y desaparecieron tras la puerta de uno de los más grandes “edificios de los comerciantes”: precisamente la casa de Sabine.

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La carta de Huxley a Orwell sobre 1984

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¿Qué pasó después de 1948, fecha que intercambiadas las dos últimas cifras, da 1984? Llegó 1949 y con ello las primeras críticas al famoso libro que escribió George Orwell, que según varios estudios, es el que más ingleses han mentido a la hora de decir que han leído “para parecer más inteligentes” (acá está el estudio para que no digan que yo también miento: metro.co.uk) . Pero hubo un inglés que ciertamente sí leyó el libro, y fue nada más que el maestro de Francés de Eric Arthur Blair (o sea Orwell), quien además pasó a  compartir con este autor el no pequeño mérito de haber escrito otra de las grandes distopías del siglo XX: “Un mundo feliz”. Aldous Huxley, dirige esta carta a la gris Inglaterra de  Orwell desde los placenteros infiernos futuros que alcanza a percibir desde una soleada  California.

Wrightwood. Cal.

21 Octubre, 1949

Hola panita,

Fue muy aleta de su parte decirle a los parceros de la editorial que me enviaran una copia del coroto. Llegó cuando estaba todo secuelo trabajando en este camello  que necesita mucho libraco  y visaje; y como ando todo Señor  Magoo necesito parar de leer , entonces me tocó esperar un resto antes de meterle la ficha a Mil Novecientos Ochenta y Cuatro .

No le voy a meter más leña a todo lo que le han dicho esos pirobos  críticos , ¿si pilla? porque el libro es importante, profundo  y tales…  Pero le voy a cantar la vuelta con lo que anda diciendo — ¿La revolución final? Los primeros consejos de una filosofía de la revolución makia — la revolución que va más allá de la política y la economía, y cuyo propósito es una subversión áspera de la sicología y fisiología del individuo — esa la tiene el Marqués de Sade, un man re-frito, todo curtis,  que viene del parche de Robespierre y Babeuf. El video de esas pocas caspas de Mil Novecientos Ochenta y Cuatro  es puro sadismo que se ha pasado, obviamente, a la conclusión lógica de ir más allá del sexo todo rico y luego diciendo que no, ¡la chimba!  Pero la verdad es que ese visaje de que la bota-en-la-jeta siga como pac-man es pura trama. Yo a lo bien creo que esos gonorreas gomelitos va a encontrarla más suave, y sin mancharla menos, y así van a estar más tranquilos, como yo lo pongo en Un Mundo Feliz. He pillado en estos días la historia del magnetismo de los animales y la hipnosis, y parce, he estado todo tramado viendo que después de casi cientocincuenta años, el mundo se ha negado a tomar seriamente los descubrimientos de Mesmer, Braid, Esdaile  y el resto de loquitos.

En parte es porque andan todos empeliculados por el materialismo y la otra porque le tienen un respeto todo chimbo a los filósofos del siglo diecinueve y esos manes de ciencia no están en la juega para investigar las cosas más raras de la psiquis para los manes prácticos, como los políticos, milicos o tombos, para experimentar con ellos en el campo gubernamental.  Gracias a la ignorancia voluntaria de los cuchos, la llegada de la revolución aleta fue demorada por cinco o seis generaciones. Otro accidente repaila fue la inhabilidad de Freud para hipnotizar bien severo y por eso se abrió de la hipnosis. Esto retrasó la aplicación general del hipnotismo en la psiquiatría por al menos cuarenta años. Pero ahora el psicoanálisis ya se está combinando con la hipnosis; y la hipnosis ahora es breve e indefinidamente extendida a través del uso de los roches (barbitúricos) [que yo prefiero comer por las esquinitas porque así saben más dulcecitos], que lo inducen a uno a la hipnopedia y estados de sugestión en incluso los sujetos más recalcitrantes.

En la próxima generación creo que los líderes del mundo van a descubrir que  el condicionamiento de los pelados y la narco-hipnosis son más eficientes, como instrumentos de gobiernos, que los clubs y la cana, y que la sed de poder puede ser completamente satisfecha solo diciéndole a la gente que ame su servidumbre, que cascándoles o pateándoles para que obedezcan.

En otras palabras, siento que la pesadilla de Mil Novecientos Ochenta y Cuatro está destinada a modularse dentro de la pesadilla de un mundo que se parece más al que imaginé en Un Mundo Feliz. El cambio se dará como resultado de la necesidad sentida de incrementar la eficiencia. Mientras tanto, obvio, va a haber una guerra atómica y biológica a larga escala — en ese caso, debemos tener pesadillas de otros tipos apenas imaginables.

Gracias por el libro. Severo !

El viejo de siempre,

Aldous Huxley.

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Adiós a la librería Albert. Crónica

Fui a la librería Albert por la compulsión de comprar libros que se precipita cuando estoy solo y no tengo nada que hacer. Nunca me percato de los títulos que adquiero; el criterio de mis elecciones radica en las perspectivas fugaces de hacerme un especialista en las políticas contables de la expedición botánica o en los rudimentos de ciertos alquimistas que me servirán para la construcción de un cuento que se desvanece pocas horas después, cuando arrumo  los ejemplares en mi casa, entre todo ese compendio de volúmenes no leídos.

Así como hay libros que, según los bibliófilos, te esperan para que los leas, otros  aguardan a que los compres y los enjaules hasta que llegue un incendio o el final de los tiempos. Es como un matrimonio que se sabe aburrido de antemano, desde un segundo antes de ese primer beso carente del frenesí de las borracheras y sus insucesos.

La última vez que estuve en la librería Albert vi una antología de la ciencia ficción soviética. No lo compré porque en ese entonces no me inventaba a mí mismo como escritor de Ciencia Ficción. Después, cuando comprendí que mis textículos jamás serían publicados en diarios de amplia circulación o revistas con reputadas firmas de editores premiados como escritores, decidí hacerme uno más del club de los amantes de la Ci Fi y empecé a comprar cuanta cosa viera al respecto. Siempre desprecié a  Star Wars, me pareció una tontería Star Trek y, si algo de ciencia ficción vislumbré antes de mi decisión, fue en ciertas glosas literarias hechas por el egregio ex presidente de Colombia y ya muerto ilustre, Don Alfonso López Michelsen, o en las disertaciones latinistas del carnicero y también egregio ex presidente  de Colombia, Laureano Gómez.

Sí, en esos eructos vislumbré más fantasías y pretendí vincularlas con los textos de Ciencia Ficción que circulaban como alta literatura dentro de un género que marginalizaba en su consabido destierro de las más puras letras de la civilización. Por eso me llené de repudio cuando vi las jetas de desdén de algunos cuantos lectores asiduos al género  después mostrarles mi primer relato; eran como esos policías tan pobres y jodidos como los campesinos que golpeaban con sus cachiporras en los acostumbrados e inocuos paros.

Por esos días recordaba el libro; si algunos evocaban a Philip K. Dick o Burroughs o llevaban a Bogotá a un delirio superfluo como los de Douglas Coupland, yo podía valerme de los soviéticos. Siempre que pasaba por el autobús, Librería Albert tenía las puertas abiertas; estaba al lado de una cevichería y, hacia dentro, se levantaba la oscuridad. En cada trayecto me repetía que debía volver pero no lo hice sino hasta hoy,  cuando ya no me vislumbro como escritor de Ciencia Ficción ni de género alguno y  he retornado a la lectura de los Códigos que dejé, con la convicción de un digno sucesor de Kafka,  apenas salí de la facultad de Derecho.

A medida que atravesaba el umbral de la librería, se incrementaba el volumen  del tecleo furioso de una computadora; la jerga de una doctora que leía actas y artículos del Código de Procedimiento Civil asfixiaba a la oscuridad y al dueño de la librería. A don Albert, si es que es él mismo le puso el nombre al local para hacerse un monumento que ahora se incendiaba en las llamas de los recovecos judiciales. Ella, la doctora funcionaria,  le decía que los plazos estaban cumplidos y que, con su equipo de leguleyos, se aprestaba a realizar la “diligencia”.

Don Albert habló, por teléfono, con su abogado; pronunciaba la palabra doctor  como Dios  es proferida por los enfermos terminales en sus oraciones. Este, el doctor,  por lo que deduje de la charla, le dijo que no firmara nada.

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