Carta a un truhancillo

Esta carta forma parte de una serie de respuestas de Julián Andrés Marsella Mahecha a la numerosa correspondencia que recibe  a diario de aspirantes al mundo del parnaso literario, cultural y académico. 

Truhancillo retratado por Don Diego Velázquez

Truhancillo retratado por Don Diego Velázquez

 

 Señor X,

le pido perdón por haber descubierto sus infulas de escritor de primer orden. Para bien o para mal, discusiones de ese tipo corresponden a los truhancillos, categoría a la cual no estoy adscripto (si acaso a la de ganapán desafortunado). Y usted, más que truhancillo, es un truhán con todas las letras en mayúsculas.

Nunca pensé que una diatriba dirigida a un ser infame fuera a ser tomada a título personal por alguien en quien, por otra parte,  jamás pienso;  y ello acrecienta sus cualidades de mediocre.

Anoche, cuando lo pensé, bajo el calor de mis cobijas, aumentado por el de las flatulencias, me pregunté: ¿ es enanazo el pequeñín que mide más de cien centímetros pero sus extremidades son un borrón no disimulado de Dios? O,  ¿será, más bien, un enanito, pues para ser enanazo se requiere tener una mínima de talla y una deformidad contundente en las extremidades?

Problema no menor que extrapolé, al instante, con la denominación de truhancillo.

Y mi conclusión es que usted, como ya le dije, es un gran Truhán: el verlo hacer chistes y comentarios llenos de veneno en las cortes más mediocres, atestadas de mandarines casi iletrados, que se ocultan en libros desconocidos para asi borrar todo indicio de no haber leído lo mínimo, me hace pensar que un truhán, cuanto más pequeña es la corte a la que acude a rendir su obsecuencia, pintada de picardía e irreverencia, se hace más grande como tal.

Y por tanto, aunque usted pueda acusar la existencia de un oxímoron, es usted el más pequeño gran truhán que en mi vida he atestiguado.

Me corrijo: el segundo o tercero más pequeño gran truhán, lo cual acrecienta su mediocridad y la candidez de sus felonías.

Lo felicito, mi señor mío, por aparecer nuevamente en mi panorama, con toda su arremetida de indignación de ser menospreciado, pues esto permitió volver a darle una imagen a su nombre y a su nombre promulgarle una profunda lástima porque existan seres de su calaña.

Por ello puedo decirle: Fray Majadero, es usted, además de chafarote, belitre.

Con mi más insincero desprecio, el mismo que me produce quienes van por la vida con risitas de hienas.

(pues tan truhancillo grande es vuesa merced, que ni rencor alimenta a mis pensamientos)

Su camarada

Don Ganapán Ferrer

PD: Respecto a los enanos, aún no no sé si enanazo es aquél cuya talla es casi normal o el que linda con la nada. Y si enanito es el pequeño de toda proporción o aquél que, aunque gigante sea, sus proporciones sean las correspondientes a los chiquilines que torean vacas flacas.

¿Operará, Don Truhán, un raciocinio tan cojo y retorcido como el que he aplicado a su majaderísima presencia?

Julian Andrés Marsella Mahecha, Montañas de Zipacón

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