De Chuyuipe a Canoa (quinta entrega)

Presentamos “De Chuyuipe a Canoa”, una novela escrita por el autor ecuatoriano Edison Delgado Yepez de quien, anteriomente, publicamos “La necesidad del corazón”. Esperamos que disfruten con este nuevo trabajo de nuestro autor ángel y surfer. Acá podrán leer el cuarto episodio.

Peter Brueghel, La tormenta en el mar

Peter Brueghel, La tormenta en el mar

Mar adentro, Danni fue el primero en darse cuenta que se les venía un aguacero con la corrida de olas y se puso feliz.

En ese momento Pava Loca volvía a coger otra ola y Danni pudo ver cómo su amigo se iba y se tubeaba de inmediato dentro de una gigantesca concha de agua.

Cuando Pava Loca salió del tubo se dio cuenta que millones de agujas se estrellaban en su rostro y dio gracias a Dios por la bendita lluvia helada.

Roberto se puso loco de contento porque entre los surfistas el que les caiga una lluvia en medio de la corrida de olas era algo de buena suerte. Y mientras esperaba olas, sentado sobre la tabla, le empezó a salpicar agua a Manuel Fernando y éste también empezó a salpicarle agua a Danni. Danni estaba cansado de estar sentado sobre la tabla haciendo equilibrio y remando con las manos de vez en cuando para que la corriente no lo desubicara del lugar preciso donde debería estar para coger la próxima ola.

De pronto Danni soltó la tabla y se pegó un clavado en el agua, que estaba fresca y burbujeante como si todo el mar se asemejase a un vaso de seven up con hielo.

-Bueno-dijo Danni a Manuel Fernando-, comenta en qué nos vamos a ir a Canoa, tú sabes que estoy completamente chiro hasta que vengan mis padres.

-Al parecer nos vamos en la Station Wagon de Pava Loca-respondió Manuel-.

-¿Y dónde vamos a llegar?

-Allá tenemos un amigo que quiere aprender a surfear y a cambio de unas clasecitas nos va a dar alojamiento porque sus padres son dueños de un hotel en Canoa.

-¿Y si llevo a Doménica y Nicole, no habrá ningún problema?

-Creo que no, pero eso me parece casi imposible. Si a Ingrid le quieren hacer problema, ¡imagínate el trobo!, que se va a armar con Doménica y peor con Nicole.

-Pero que conste que las puedo llevar, ¿verdad?

-Afirmativo, ¡y ponte pilas!, que se vienen las mamas rusas-dijo Manuel-.

En el horizonte se veían venir unas olas tremendas cuyas cúspides estaban escondidas por gruesas neblinas.

Rápidamente Danni se trepó en su tabla y empezó a remar con los demás hacia lo que parecía ser una montaña de varias toneladas de agua.

De pronto Roberto y Pava Loca se dieron la vuelta, para tratar, cada uno de coger la ola y como Pava Loca estaba más cerca de las rocas, fue el primero en gritar y en irse en la descomunal masa de agua.

Más adelante Manuel y Danni pasaban por encima de la pared de agua para descubrir que más adelante se venía otra tanda de olas. Roberto que venía justo atrás a duras penas logró pasar la tremenda pared de agua.

Al verlo los chicos dijeron:

-¡Con las ultimitas, brother, he!

De pronto Manuel, que por lo general siempre iba vestido con unos shorts hechos de blue jeans, se dio la vuelta y empezó a remar la primera ola que venía de esta segunda tanda hasta largarse montado en ella.

En la siguiente ola estaban Roberto y Danni en seria competencia por tratar de cogerla, pero cuando la remó Danni, la ola era demasiado ancha y no tenía la fuerza para llevarlo, así que el que la aprovechó fue Roberto que se hallaba más atrás.

En un momento dado, Danni se quedó solo en el punto y sentía que todo su cuerpo era bañado por las gigantescas gotas de agua fría de la lluvia.

Una última ola se vino y en esta ocasión la aprovechó Danni para irse. Así que la remó, se posicionó y luego se fue en ella.

Cuando salieron los chicos se fueron directo a la casa de los hermanos Russo. Ya había caído la noche y era casi imposible seguir corriendo olas en Chuyuipe.

 Así que se fueron a pie hasta la vieja casa de madera, llegaron alumbrados por unas estrellas que titilaban en la bóveda negra del cielo, dejaron las tablas para que se escurran en el porche y entraron.

Adentro estaban Ingrid, Doménica, Nicole y Joey.

Ingrid les preguntó si querían café y como ellos estaban helados, mojados y muertos de hambre todos dijeron que sí.

Ingrid y Doménica se fueron a la cocina a preparar café mientras Nicole y Joey miraban una vieja revista LIFE, que habían encontrado en el depósito de periódicos situado debajo de la escalera.

Rápidamente Danni se cambió la ropa húmeda y se puso unos confortables pantaloncillos secos de pana.

Pava Loca había traído unas botellas de cerveza en lata, que con la lluvia se habían refrescado, destapó una y empezó a beber para entrar en calor. Cuando se terminó la lata de cerveza de un solo trago se puso a estornudar y Roberto se partió de la risa.

Roberto estaba cambiando a cada rato la señal de la televisión portátil hasta que se quedó en el canal en que presentaban EL SHOW DE CAROL BURNETT. Y empezó a reírse a carcajadas incontenibles de los dramas de aquella comedia.

Mientras tanto Manuel escuchaba en la radio de pilas una canción de la banda BREAD, titulada: BABY I’M A WANT YOU.

Entonces Danni fue a la cocina donde Ingrid y Doménica estaban preparando carne asada con arroz y huevos. La tomó del brazo y le preguntó si ya le había pedido permiso a sus padres para ir a Canoa y ella le dijo.

 -No, tengo miedo de que me digan que no.

-Pero tienes que preguntarles porque el viaje es pasado mañana. Tienes todo el día de mañana para preguntarles.

-¿Y si me dicen que no?

-Entonces no sé qué hacer- dijo Danni-. Si quieres puedo acompañarte a hablar con tus padres para asegurarles que vas a estar bien.

-Eso sería una buena idea-dijo Doménica-.

Afuera la lluvia arreciaba y se oían los estruendos producidos por los rayos y los truenos.

Pava Loca empezó a aburrirse y salió al porche a contemplar la tormenta eléctrica. Y de pronto Ingrid empezó a servir el café a cada uno en su taza. A Pava Loca le gustaba el café casi sin azúcar. Se quedaba ahí sentado mirando el salvaje oleaje que se estrellaba contra las rocas y se quedaba pensando la manera de entrar a coger esas olas, que la negra y eterna noche se lo impedían.

Roberto se cansó de ver televisión y saludó con un estruendoso:¡BIEN!, la llegada del café que calentaría su frío cuerpo. Manuel Fernando ayudaba en la cocina a pasar platos y a servir a Ingrid y se portaba con ella con aquella dulzura que caracteriza a unos enamorados de mucho tiempo. Nicole y Joey estaban sentados, bien apretados en el mismo butacón leyendo la vieja y polvosa revista LIFE.

De pronto Manuel Fernando llamó a sentarse a la mesa del comedor a comer y todos se fueron acomodando para servirse su carne asada con arroz y huevo. Y para tomar, fresco solo, para variar.

Pava Loca con la boca llena le preguntó a Doménica y a Nicole si ya conocían la playa de Punta Carnero y ellas le respondieron que no. Entonces Pava Loca les dijo:

 -¿Entonces ustedes no han visto nunca la caída del sol allá?, ¿verdad?

-No-respondieron las chicas-.

-¿Qué te parece si mañana corremos olas en Punta Carnero y nos quedamos a ver la caída del sol, Danni?

-Me parece estupendo, hace tiempo que no corro olas en esa punta-dijo Danni-.

-¿De verdad nunca has visto la caída del sol en Punta Carnero?- le dijo Joey a Nicole-.

-No, en serio-le respondió Nicole la de rojos cabellos-.

-Entonces, está todo listo, mañana corremos en Punta Carnero.

-Te va a encantar ver la caída del sol-le dijo Ingrid a Doménica-.

-¿Sí?, ¿es chévere?

-Sí, definitivamente es un espectáculo de primera.

Aquella noche los chicos esperaron a que la lluvia cesara y luego se prepararon para ir a una feria que había llegado a la península y que prometía ofrecer algunas novedades.

Rápidamente Danni y Joey se bañaron con agua dulce de tanque y se vistieron con sus blue jeanes, sus zapatos de goma Nike y sus camisas de vaqueros y se fueron en el Land Rover  con las chicas, mientras Manuel Fernando se iba con los chicos e Ingrid a sus casas.

La noche estaba fresca después de la refrescante lluvia y las estrellas aparecían sobre un cielo negro pero clarísimo, que hacía que las estrellas brillaran más de lo normal.

Danni y su hermano estuvieron esperando a Doménica en la sala de su casa, hasta que ella estuvo lista, y luego hicieron lo mismo en la casa de Nicole, aunque el padre estaba reacio a volverla a dejar salir, pero al final cuando lo invitaron a él también, éste se negó a ir, pero consintió en dejar ir a su hija a la feria de pueblo que se había asentado en las afueras de Salinas.

Cuando el viejo Land Rover finalmente llegó, los chicos se bajaron con el corazón lleno de dicha. Compraron los boletos y se metieron. Lo primero que hicieron las chicas es comprar algodón de azúcar y luego empezaron a pasear por todo el perímetro. Por todas partes había tiendas de tiro al blanco que premiaban al ganador con ositos de peluche. Y estaban las famosas ruedas moscovitas. Y habían dos: una grande y otra chiquita. Cuando Danni le propuso a Doménica subir a la grande, ella se opuso tenazmente porque le tenía miedo a las alturas y le dijo:

 -¡No, eso sí que no!, allá no me vas a meter, ¡me muero!

-Pero si no nos va a pasar nada y es superdivertido ver desde arriba todo el paisaje, ¡si para eso es que se sube uno a esos aparatos!

-No ya te dije que no y es no, por eso es que nunca se me ocurriría ser surfista porque le tengo fobia a las alturas, ¿ok?

-¡Bueno!, como tú quieras, mi amorcito-le dijo Danni-.

De pronto llegaron Manuel Fernando e Ingrid y de inmediato él la convenció de subir a la rueda moscovita más alta. De pronto Joey lo llamó a gritos a su hermano y éste fue corriendo a ver de qué se trataba el asunto, y era que el niño de doce años, había encontrado la pista de carros chocones o carros locos y ahí sí, Doménica sí quiso meterse y la pasaron de lo lindo chocando y evitando ser chocados. Mientras tanto Joey y Nicole se metieron en un juego diferente. Se trataba de una gigantesca piscina con botecitos mecánicos que giraban y giraban alrededor de la piscina. Nicole iba bien divertida y por primera vez se encontraba bien agarrada del brazo de Joel, y así estuvieron todo el rato.

Al pequeño muchacho Russo, de doce años, el corazón se le quería salir por la boca de la pura felicidad. Aquella sería la noche más feliz de su vida y no quería que terminara nunca.

En aquellos momentos Manuel Fernando se encontraba con Ingrid sentado en la rueda moscovita y en un momento se encontraban en todo lo alto hasta poder ver toda Salinas nocturna, como un gran islote preñado de luces, como gigantescas luciérnagas.

Abajo se los oía gritar a Roberto y Pava Loca. Finalmente los viejos surfistas de LA FAE habían llegado y estaban ansiosos por treparse a la rueda moscovita, pero recién estaban en la fila. En sus manos tenían unas latas de pepsi cola, pero en su interior habían colocado cerveza.

Cuando finalmente cada grupo terminó de divertirse resultó que todos se encontraron en el centro de la feria, comprando carne en palito y de común acuerdo quedaron en entrar a la casa del horror.

Al principio Doménica no quería y Nicole estaba espantada, pero ahora que ya había cogido confianza cada vez que sentía miedo, se apretaba del brazo de Joey y no había alma que la pudiera soltar, porque así se sentía más segura.

La noche llena de estrellas se presentaba infinita y despejada de nubes. Todo el cielo negro como la tinta, se mostraba rutilante de fuegos lejanos, otras galaxias, otros mundos, otros centros del universo, donde giraban las vidas de otras especies.

Danni empezó a recordar que Tales de Mileto, un ingeniero de la segunda mitad del siglo VII a.C., de padres fenicios, afirmaba que el origen de la vida se hallaba en el agua. El semen era húmedo y todo lo que tenía vida estaba relacionado con los líquidos vitales, mientras que las piedras, el desierto, la arena y los cadáveres estaban secos, convertidos en polvo y muertos. Los católicos celebraban un día de fin de feriado con la imposición de la cruz de ceniza en la frente para recordarle al ser humano, que polvo eres y en polvo te convertirás.

De pronto sus pensamientos se interrumpieron cuando se percató que ya se hallaban en la cola para comprar los tickets para entrar a la casa del horror. Cuando comenzó el recorrido, Doménica se le apretujó bien hasta hacerlo sentir ternura por ella. Y finalmente le dijo:

-No se preocupe, mi negrita, que nada le va a pasar. Esos monstruos son personas del circo que están disfrazados. De esa manera se ganan la vida.

-¿En serio?- le respondió ella-.

Cuando terminó el recorrido, los chicos habían pasado por toda clase de pasadizos tortuosos, en completa penumbra o iluminados con luz roja, donde a cada rato eran sorprendidos por la aparición de un hombre disfrazado con una máscara, portando algún cuchillo o hacha en la mano, y con una máscara atroz gritaba espantosamente y embarrado con sangre artificial.

Cuando salieron de la casa del horror se dieron cuenta que ya era bien entrada la noche. Y los hermanos Russo decidieron ir a dejar a las chicas. Cuando las chicas los dejaron en Ballenita cada cual se fue a su pequeño rectángulo bien acolchado que tenían por cama y se metieron debajo de las sábanas para refugiarse del frío de la noche y de la madrugada.

Danni se quedó dormido rápidamente, pero Joey no podía dormir de tanta alegría que le rebosaba en el corazón. En el momento en que llegaron a la casa de Nicole, él había estado a punto de despedirse de ella con un beso en la boca.

Aquella noche salinera era simplemente demasiado magnífica para Joey, y ya estaba ansioso por saber lo que el destino del pueblo griego le deparaba en su viaje a Canoa. Joey se imaginaba durmiendo vestido junto a Nicole como había visto siempre a sus padres, sólo que ellos dormían en pijamas.

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