De Chuyuipe a Canoa (octava entrega)

Barracuda sombría. Alejandro Obregón.

Barracuda sombría. Alejandro Obregón.

Presentamos “De Chuyuipe a Canoa”, una novela escrita por el autor ecuatoriano Edison Delgado Yepez de quien, anteriomente, publicamos “La necesidad del corazón”. Esperamos que disfruten con este nuevo trabajo de nuestro autor ángel y surfer. Acá podrán leer el séptimo episodio.

Cuando terminó de llover y las chicas se hubieran aburrido de jugar y jugar cartas interminablemente, de jugar al acusado y al teléfono, los chicos decidieron regresar al hotel PALMECHE, y se despidieron de los cuatro amigos que estaban ya acurrucados en sus fundas de dormir, que también utilizaban como forros para las tablas.

Aquella noche en Canoa el clima era incomprensible. La noche lucía despejada, estrellada, y al momento del cielo se desprendía un aguacero, que ya casi parecía una tormenta eléctrica, y luego,, nuevamente volvía a escampar, pero ahora, la noche en aquel punto de la costa y fin del mundo, lucía nublada, fría y el ambiente estaba lleno de humedad.

La única calle principal estaba casi intransitable por el lodo provocado por la lluvia y cuando llegaron al hotel PALMECHE, tuvieron que sacarse los zapatos y llevarlos en la mano al cuarto.

Cuando entraron al cuarto todo estaba oscuro y tuvieron que encender la luz. Al ver que Pava Loca y Roberto estaban dormidos en sus respectivas fundas de dormir, dejaron para mañana la noticia de que habían llegado a Canoa Chechi, Jaime, Rod y Gustavo.

Esta vez Danni se acomodó en una litera junto a Doménica y Manuel Fernando se acomodó en la otra con Ingrid. Joey se metió en su funda de dormir y Nicole se fue a la cama de una de las literas.

Las noches en Canoa son silenciosas, muy silenciosas. La humedad hacía transpirar los cuerpos y Joey no podía dormir porque el vino le hacía hervir la sangre. De pronto se destapó, se levantó, cogió la radio de pilas con el cassette de Peter Frampton y se fue a la cama. Ahí la encendió para escuchar la música con volumen bajito y después de escuchar algunas canciones se quedó sumergido en el negro abismo del sueño.

Afuera los dioses observaban.

La aurora de dedos rosa pronto apareció por la ventana del hotel PALMECHE y el primero en levantarse hambriento fue Pava Loca. Con su cuerpo delgado, su larga melena a lo Marck Richards, de amplias espaldas, se dirigió al baño y se cepilló los dientes. Cuando salió, Roberto lo estaba esperando para entrar al baño pues tenía urgencia de orinar y evacuar.

Poco a poco se fueron levantando el resto de la gallada y de inmediato les empezó a rondar a todos una sola idea en la cabeza: ir a desayunar.

Las chicas se vistieron con sus trajes de baños y sus abrigos y se fueron a desayunar a un restaurant que quedaba junto a la playa. Las mesas eran de madera y sobre ellas los dueños habían colocado unos plásticos de diferentes colores que las cubrían completamente. Aquellos manteles estaban limpios, recién restregados para evitar a los turistas la molesta compañía de las moscas.

Desde donde estaban podían ver el punto de quiebre y se dieron cuenta que el mar estaba agitado, las olas estaban grandes después de la tormenta de anoche.

Los chicos bebieron rápidamente su taza de café y se comieron aprisa sus bolones de verde con tocino y se fueron directamente al mar.

Las chicas lo hicieron todo con más calma, masticaban despacio, con sus ojos se extasiaban de la hermosura del paisaje compuesto por arena amarilla, vegetación verde del cerro junto ala punta y el mar azul. Toda la atmósfera era salvaje y una borrachera de colores y olores primitivos, completamente diferentes a los de la gran ciudad con sus cloacas pestilentes, su ruido contaminante, el ajetréo y los alaridos de los choferes que siempre pitan…

Cuando los chicos llegaron a la orilla, descubrieron la figura alta y regordeta de Jaime con su brazo enyesado, y junto a él, se hallaba Rod, todo mojado y secándose con una toalla, ellos estaban impacientes por colocar la cera sobre la tabla y el cordón salvavidas en los tobillos.

Pronto se metieron en el agua sólo para descubrir que mar adentro estaban Chechi y Gustavo, remando contra la corriente.

Joey se quedó afuera un momento ayudando a las chicas a armar el parasol, haciendo compañía a Nicole y mirando el horizonte de la playa cubierto parcialmente por una neblina, rota apenas por el estruendo que producían las olas al reventar sobre el mar, olas gigantescas y feroces.

De pronto Rod y se dirigió a Joey y le dijo con tono solemne:

-Oye pelado. Ven acá. Ténme este cigarrillo.

Y le puso en la mano a Joey un cigarrillo de marihuana. Y luego agregó:

-Este cigarrillo es sólo para mí cuando salga de hacer tabla para ver el atardecer.-le contestó nervioso Joey-.

Después de un rato apareció fuera del agua la figura de Chechi y se le dirigió a Joey y le preguntó:

-Rod te dejó un grifo, ¿no?

-Sí, pero me dijo que no me lo fumara que era sólo para él para después de surfear y para ver la caída del sol.

-No importa, no importa, dámelo que yo lo prendo, y si Rod te dice algo yo le digo que me lo fumé yo.

-¡Estás loco, hermano, ese hijoputa es capaz de sacarme la chucha por ese bate!

-No te preocupes pelado que yo hablo con él. Vamos, vamos, rápido enciéndelo ya, apúrate.

-Además están las chicas, imagínate lo que van a pensar.

-No te preocupes que yo me voy caminando por la playa y no se van a dar cuenta de nada.

-Bueno, toma tu grifo, yo no sé nada de todo este asunto, yo me desentiendo de este lío que vas a formar.

Y efectivamente se fue Chechi por la playa con rumbo a las cuevas de LOS APOSENTOS, fumándose su grifo y disfrutando del paisaje, mientras las chicas se lo quedaban viendo con reprobación. Cuando Joey se acercó al grupo de las chicas éstas lo cogieron a cargo y lo interrogaron como si fuera un delincuente.

-¿Y qué quería Chechi?-le dijo Ingrid a Joey-.

-Nada quería que lo acompañe a conocer LOS APOSENTOS, pero le dije que allá sólo van las parejas de enamorados a toquetearse, ¿no?

Y cuando dijo esto, Doménica agachó la cabeza y se puso coloradita. Ingrid en seguida tomó nota de este asunto y se quedó pensativa mirando el horizonte marino donde se dibujaban las siluetas de los chicos cogiendo olas de manera automática y bajándolas desde una altura de vértigo. Ellos sí que sabían pasarla bien. A ellas sólo les tocaba echarse el bronceador y coger el poco sol que despuntaba aquella mañana en Canoa.

Pero justo atrás de ellas los locales habían improvisado una cancha de voley ball y a Nicole se le ocurrió la idea de echarse, con las muchachas, un partidito junto a Joey, que de inmediato dijo que sí.

Así que Doménica e Ingrid hicieron un equipo y Nicole y Joey hicieron pareja para enfrentárseles en un juego amistoso, teniendo como árbitro a Jaime con su brazo enyesado.

Mar adentro Gustavo y Danni se estaban disputando una ola gigantesca de tres metros que venía toda oscilante desde el horizonte. Cuando Danni la cogió ya estaba sobre ella Gustavo y éste le dijo:

-Heeey, salte que esta ola es mía.

Y Danni se quedó pasmado viendo impotente como Gustavo se iba en una olota descomunal. Más atrás Manuel Fernando se iba en una ola que parecía de cuatro metros y en verdad os digo que este muchacho era un surfista de alto nivel.

Rod empezó a remar una ola que Pava Loca le cedió gustoso. En ese momento en Canoa había olas grandes hasta para regalar. Rod empezó a remar y remar aquella ola y finalmente la agarró hasta irse y bajar la concha que rápidamente se formó. Fue un descenso espectacular. Algunos locales de Canoa se empezaron a aglomerar en la playa para ver a estos turistas bañarse y hacer sus acrobacias sobre las olas furiosas.

Después de un rato Danni le puso el ojo a una ola grande, la remó y logró irse en ella. La ola era tan perfecta que una vez cogida la ola, de inmediato Danni logró tubearse dentro de ella.

Cuando pasaron las tandas de mama rusas a Pava Loca no le quedó más que conformarse con las olas que ya había corrido hasta que de pronto atrás en el horizonte empezaron a aparecer unas enanas blancas, que eran tubulares y rapidísimas y entonces Pava Loca decidió que era el momento y la oportunidad que estaba esperando.

Pava Loca remó con toda su fuerza una enana blanca que ni bien la cogió, el grueso labio del pico le reventó en la espalda y lo tubeó. Al mismo tiempo Pava Loca, con un equilibrio increíble, descendió por el filo de la ola salvando la peligrosa concha hueca que se había formado en esta olita rapidísima de dos metros.

Cuando Chechi terminó de fumarse el cigarrillo de marihuana de Rod, se detuvo en el camino selvático que lo conducía a través de las montañas con rumbo a los aposentos, y regresó a Canoa. Caminar por en medio del follaje grifote era toda una aventura, pero había que tener cuidado con las garrapatas que pululaban por entre esos montes. Aquellos bichos diminutos podían beberse tu sangre hasta crecer tres veces más de su tamaño normal.

Danni cansado de correr olas y deseoso de sentirse cerca de su enamorada, cerca del tierno calor de su cuerpo, cogió una ola y se fue a la orilla. Salió todo encharcado de agua salada, enterró la tabla hasta dejarla parada en la arena húmeda y caminó hasta donde estaba Doménica toda agitada y sudada mientras jugaba voley ball.

Con una sonrisa en los labios y con una mirada pícara le dijo mientras la miraba profundamente a los ojos:

-¿Quieres ir de nuevo a LOS APOSENTOS?

Y ella le respondió aterrorizada, pero llena de entusiasmo:

-¡Bueno!

Ingrid le dijo:

-¡Doménica no te vayas que descompletas el equipo!

Pero Chechi, que estaba grifote de espectador del partido le dijo a Ingrid:

-Déjalos a los tórtolos que se vayan a pasear por la playa. Yo ocuparé el lugar de Doménica. ¡A ver, a ver!, ¡juega!

Danni y Doménica se fueron abrazados por el viejo caminito en medio de la selva hacia las cuevas de LOS APOSENTOS. Sus corazones palpitaban aprisa porque ambos sentían una necesidad de tocarse, de besarse, de desnudarse y apretar sus cuerpos, de fundir sus almas.

Cuando entraron en las cuevas y estuvieron frente a la duna donde se habían tocado la vez anterior, Doménica fue la primera en acostarse sobre la arena y Danni se sentó junto a ella. Estaba sumamente nervioso. El corazón le latía poderosamente. Doménica le tocó el hombro en señal de que se relajara y Danni se acostó junto a ella y se volteó para mirarla. Entonces Doménica le dijo:

-¿No quieres besarme?

-Sí, tengo muchas ganas.

Entonces Danni juntó sus labios contra los de ella y luego le besó el cuello y Doménica esta vez no protestó para nada y cuando Danni llegó a sus pequeños y duros pechos, ella se quitó despacio el sujetador de baño, y Danni pudo succionar con más libertad aquellos pezoncitos morenos. Doménica se sentía aliviada porque desde la última vez que Danni la había tocado e interrumpido se había sentido angustiada, su entrepierna estaba siempre húmeda y no sabía lo que la excitaba tanto. Ahora que Danni había vuelto a depositar sus labios sobre sus chichis todo era mejor y ella sentía una tranquilidad y un placer que nunca antes había conocido.

Danni, en cambio, sentía un endurecimiento de su miembro viril, que lo molestaba tanto. Sentía como si una fuerza viva estuviera a punto de desbordarse fuera de él. De pronto decidió no detenerse en las chichis de su enamorada y con sus labios siguió bajando por el abdomen hasta llegar a su entrepierna. Y entonces fue cuando ella se asustó un poco porque nunca nadie la había tocado por ahí. Y decidió advertirle:

-¡Cuidado Danni, piensa bien lo que vas a hacer!

-Es que me gustas tanto- le respondió Danni.

-No ahí no, por favor- le dijo agónicamente Doménica.

Pero Danni le fue bajando el pantalón de baño a su enamorada muy lentamente hasta dejar al descubierto su pequeña matita de vello púbico, que estaba empapada de deseo. Danni hundió muy suavemente sus labios en aquel oloroso matorral y restregó sus labios hasta que se decidió utilizar su lengua para explorar la virginidad de Doménica.

Aquellos pliegues de piel estaban saladitos y tenían un olor peculiar. Este proceder arrancaba quejidos a Doménica y unas lágrimas afloraron en los ojos de la niña. Pero Danni ajeno a este drama sólo estaba concentrado en saciar su sed de pasión. Con su lengua recorría de arriba abajo y de izquierda a derecha en aquella hendidura provocándole grandes estremecimientos a Doménica, que sentía que sus entrañas se le iban a salir por entre sus entrepiernas. De pronto se sentó y agarrando con las dos manos la cabeza de Danni le dijo:

-¡Ya basta papito, nos estamos haciendo daño!

Y Danni le respondió:

-Está bien, está bien. Discúlpame, pero siento que te amo mucho.

-Yo sé, yo sé, pero tenemos que controlarnos.

Y de pronto Doménica se percató del miembro endurecido de Danni, que sobresalía por debajo de su pantalón de baño. Y entonces hizo algo sin pensar. Llevó su pequeña mano hasta allí y le apretó el falito endurecido y luego le dijo:

-Quítate el pantalón, pronto.

Y Danni, todo tembloroso, se desabrochó el pantalón y su miembro duro como una roca brotó hacia fuera. Y Doménica se acercó y llevó sus labios hasta la cabeza del falo y se metió la pieza de carne en la boca hasta tragárselo todo. Esta vez fue Danni quien la detuvo y la abrazó bien fuerte. Luego le dijo:

-¡Vámonos!

-¿Hice algo malo?

-No mi amor, todo está bien, pero tenemos que detenernos. Vámonos, caminemos hasta Canoa y respiremos el aire puro hasta tranquilizarnos.

Mientras tanto en la playa de Canoa, Rod salía de surfear y fue directamente adonde se encontraba Joey y le preguntó:

-¿Dónde está mi bate?

Y al ver que Joey se ponía nervioso porque no aparecía Chechi, le preguntó amenazadoramente:

-¿Te fumaste mi bate?

Entonces apareció Chechi y le dijo en tono amistoso a Rod y para que se calmara:

-Ya tranquilo Rod, no le vas a pegar al pelado. Yo le dije que me lo diera- y Joey se apresuró a confirmar aquella noticia.

-Sí, sí, es verdad él me convenció de dárselo, fue él.

Y Chechi continuó:

-Ya Rod, tranquilo, que no pasa nada, yo te doy ahora de noche de mi funda.

-Sí, pero yo quería fumarme un grifo después de surfear para ver la caída del sol, ¿no?

Entonces aparecieron Ingrid y Nicole y al ver el rostro pálido de Joey les preguntaron:

-¿Qué es lo que pasa, qué son todos esos gritos?

-No pasa nada, no pasa nada-dijo Chechi-. Vamos a seguir jugando Voley, vamos.

Y Joey se fue a jugar Voley en el equipo de Nicole.

Últimamente se habían enfriado las cosas entre ellos. Cada cual andaba por su lado, aunque se acostaran juntos en la misma litera. Era como si Nicole le tuviera miedo y él no quisiera perturbarla para nada y pasar silencioso y desapercibido.

Al final el viaje no había resultado para Joey como él lo había pensado. Las olas eran demasiado grandes y demasiado largas. Y cada vez que cogía una ola tenía que correrla hasta la orila y eso significaba que terminaba a casi medio kilómetro de la playa donde estaban las chicas, y de ahí tenía que regresarse a pie por la playa. Simplemente era demasiado esfuerzo luchar contra la corriente y venirse remando por el mar. La corriente era de mar abierto y halaba durísimo.

Mientras Joey se encontraba en estos pensamientos aparecieron los tórtolos con cara de ser pecadores e Ingrid se la quedaba mirando a los ojos a Doménica como tratando de adivinar lo que estaban haciendo allá y Doménica con una sonrisa de picardía en los labios esquivaba aquella mirada inquisitiva que le dirigía su amiga.

Danni empezó a recoger leña y maderos secos que habían encallado en la arena, papel periódico y basura combustible para hacer una fogata. Cuando la encendió provocó una llamarada gigantesca que alumbró el cielo que empezaba a esconder al sol para dar paso a la noche.

Mar adentro el mar no paraba de generar olas gigantescas, pero los muchachos ya daban señales de agotamiento y frío. Así que, poco a poco, fueron saliendo a la playa a calentarse en la fogata de Danni.

Los chicos comentaban que no había mejor sensación que llegar a una playa que no tiene olas y que de pronto se empieza a picar y a generar olas tras olas hasta ponerse tuco y de gran tamaño.

Luego la sensación de poder de surfear todo el día, salir a comer, y volverse a meter al agua a seguir surfeando. Simplemente no había nada que se puede comparar a esa clase de felicidad.

Pava Loca se puso a contar a los chicos que en una ocasión al viajar a San Mateo se encontró con que la furia del invierno había arrastrado dos puentes entre Manta y San Mateo, y él y Roberto tuvieron que cruzar un río correntoso con el agua hasta el cuello agarrados a una poderosa soga.

Joey hablaba de que los adelantos que un surfista hace en el deporte son mágicos porque simplemente salen, aparecen, sin que uno los espere. Ni te enteras cuando te empiezan a salir las maniobras más inverosímiles e inesperadas.

Manuel Fernando hablaba de que lo que más le gustaba eran las fiestas de pueblo y los matrimonios porque se escuchaba una música ya pasada de moda en el Guayas, y la gente trataba a los turistas de una manera especial como si ellos fueran seres de otro planeta.

Rod y Chechi contaron que en una ocasión cuando regresaban de noche del pueblo a la punta de San Mateo, donde tenían la carpa armada, les salieron unos policías, que les pidieron documentos, y ellos a pesar de que les dijeron que eran surfistas, ante la necedad e insistencia de los policías, tuvieron que decirles que si querían ver papeles, tenían que subir el cerro hasta las carpas, porque ahí estaban sus papeles y en medio del camino-dijo Chechi asombrado y cabreado-, éste hijoputa de Rod salió corriendo…

– Y yo tuve que convertirme en fugitivo de la ley, y salir corriendo también hasta perdernos en el desierto. Y dormimos en medio de la nada, soportando el frío y los policías estuvieron buscándonos toda la noche y gritando.  Cuando amaneció, fuimos a la carpa. Los policías ya se habían ido. El cuerpo nos dolía tremendamente por haber dormido en la arena y los matorrales del desierto, y cuando llegamos al cementerio donde estaban armadas las carpas nos dimos cuenta que había una fiesta escandalosa en el cementerio, que los locales, pescadores de San Mateo, habían organizado por el día de los difuntos. Luego Rod dijo:

-¿Te acuerdas cuando en una ocasión llegamos a Montañita grifotes y lo hicimos en el momento en que caía el sol?

-Sí, sí me acuerdo, estábamos trepados en el techo de la chichera y presenciamos un espectáculo incomparable.

-¿Por qué los surfistas fuman marihuana?-preguntó Ingrid.

-No lo sé-contestó Rod.

-Tal vez la marihuana forma parte del estilo de vida de un deportista que continuamente experimenta grandes descargas de adrenalina-se atrevió a opinar Nicole.

-¡Vaya Danni!, ¿de dónde han sacado a esta niña prodigio?- dijo Chechi.

-No deberían fumar marihuana, así todos drogados en medio de las olas furiosas se pueden ahogar-dijo Doménica, preocupada por Danni.

-Lo que pasa es que es super divertido fumar marihuana. Te mueres de la risa. En una ocasión nos fuimos grifotes a visitar una hacienda ganadera por Canoa, y cuando nos sentamos sobre unos maderos, todos alucinados, para ver las vacas, a mí y a Chechi nos dio la impresión de que todas las vacas nos estaban mirando y que sabían que estábamos grifotes. Y fue una idea que a se nos ocurrió a mí y a Chechi al mismo tiempo- dijo Rod sin que se le pueda ocurrir una explicación más intelectual para responderles a las chicas.

-La marihuana no es inofensiva del todo. Tiene radicales libres que son muy irritantes y provocan cáncer al pulmón y a la garganta. Pero por otro lado su consumo está tan generalizado que muchos intelectuales hippies quieren legalizarla- dijo Danni.

-Además hasta ahora no hay un solo registro de una muerte por sobredosis de marihuana, ¿sabían?- dijo Jaime y se frotó su brazo enyesado.

-Bueno, será mejor terminemos esta conversación y nos vayamos a descansar y a bañarnos. Me pica todo el cuerpo por la arena-dijo Ingrid.

De esa manera concluyó el segundo día en Canoa.

Cuando Danni y sus amigos llegaron al hotel PALMECHE estaban sumamente cansados y desesperados. Las chicas estaban impacientes por meterse en la ducha y los chicos estaban hambrientos, pero agotados. Sucios pero felices. La corrida había sido sensacional. Manuel Fernando tenía hinchadas las piernas y los brazos de tanto correr olas gigantescas. Joey le contó a Danni sobre el incidente con Rod y su grifo de yerba y el escándalo que le hizo en la playa. Danni tenía la mente clavada en todo lo que estaba haciendo con Doménica y lo que más le preocupaba era que quería más, y muy en el fondo, sabía que ella también quería más. Roberto y Pava Loca se peleaban el turno de tener la radio para escuchar las canciones de Peter Frampton, pues no había más música que escuchar en todo el maldito pueblo.

Cuando las chicas terminaron de bañarse y acicalarse nuevamente, quisieron salir a pasear por el pueblo ya que desde el hotel se escuchaba el ruido que hacían los locales al celebrar una fiesta. Y esta vez todos los chicos quisieron salir a ver qué pasaba.

Ingrid no la dejaba en paz a Doménica con sus preguntas sobre qué era lo que hacían en aquella playa para los enamorados llamada LOS APOSENTOS. Nicole prefería no enterarse de nada y cada vez que se acostaba en una de las literas se sorprendía de la cantidad de arena que tenían, en una ocasión dijo:

-UF, aquí hay más arena que en la playa.

Porque los chicos se acostaban después de llegar de la playa. Toda esta sensación de libertad era algo nuevo para Nicole y la mareaba un poco cuando lo Empezaba a razonar todo. El tener que vivir con aquellos chicos mayores y sus amigas le había abierto la mente un poco y le había ensanchado su horizonte. Pero extrañaba la privacidad y la meticulosa limpieza de su hogar y de su habitación.

Cuando salieron a la avenida única de Canoa fueron testigos del desfile y el ambiente de fiesta. El canelazo campeaba por sus respetos en cada esquina de aquella calle. Todo era una locura y cuando llegaron a la cabaña donde estaban alojados los otros amigos de Danni se alegraron mucho al ver que ellos sí tenían algo que comer. Jaime había conseguido un balde de queso fresco y todos estaban rebanándolo para comerlo. De pronto se escuchó una gran explosión y se fue la luz en todo el pueblo de Canoa. Para rematar se empezó a escuchar tronar el cielo y de pronto empezó a caer un tremendo aguacero. Las chicas se sentaron juntas en el altillo y entre risas nerviosas de complicidad se iban comiendo sus porciones de queso fresco. Para sus paladares hambrientos aquellas porciones de queso eran las cosas más exquisitas del mundo. Abajo Chechi y Rod empezaron a descorchar una botella de vino Concha y Toro y al juntar el rojo líquido con las porciones de queso se sentían los hombres más dichosos del mundo. Manuel Fernando encontró en una funda de dormir un cassette del grupo Rush y se puso feliz de tener otra clase de música aparte de Peter Frampton. Lo colocó en la casetera y ahora sí el ambiente estaba completamente loco con la música esquizofrénica de RED BARCHETA.

Cuando quedaron hartos de comida y bebida se empezaron a acurrucar en sus fundas de dormir y los hermanos Russo y sus amigas comprendieron que era la hora de marcharse, era increíble como todo había transcurrido tan rápido.

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