De Chuyuipe a Canoa (última entrega)

Presentamos “De Chuyuipe a Canoa”, una novela escrita por el autor ecuatoriano Edison Delgado Yepez de quien, anteriomente, publicamos “La necesidad del corazón”. Esperamos que disfruten con este nuevo trabajo de nuestro autor ángel y surfer. Acá podrán leer el séptimo episodio.

Botticelli. El nacimiento de Venus

Botticelli. El nacimiento de Venus

Danni y sus amigos se estaban quedando sin ropa limpia y sin dinero. Toda la noche había llovido en el pueblo y la humedad se filtraba en la pequeña habitación del hotel. La noche transcurría lentamente y Danni no podía dormir y como estaba acostado junto a Doménica le susurró al oído:

-¿Estás dormida?

-No puedo dormir con este calor, ¿y tú?

-Tengo muchas cosas en la cabeza. No dejo de pensar en ti y en mí.

-¿Te preocupa todo lo que hemos hecho?

-No sé, no sé. Es una sensación extraña el sexo prematrimonial. Tengo tantas ganas de tenerte, pero luego tengo miedo y me entran muchas dudas. Lo peor de todo es el arrepentimiento. Mis padres no son una pareja ejemplar, ¿sabes? Todo el tiempo se la pasan peleando y discutiendo y parecería que ya no se aman y que se odian. No quiero que eso nos pase a nosotros.

Y Doménica se viró en la cama para abrazar a su afligido enamorado y le dijo con ternura:

-No te preocupes por eso, mi amor. Nosotros somos diferentes y nada de eso nos va a pasar. Ya quédate tranquilo, nosotros vamos a ser felices como mis padres, que llevan muchos años de casados, y no necesitan nada en el mundo aparte de ellos dos. Yo soy una mujer muy fiel como mi madre.

-Además me preocupa Joey. Hoy pasó un susto terrible. Rod lo amenazó con caerle a puñetes porque creía que se le había fumado su bate.

-¿Qué pasa con Joey? Déjalo en paz que se haga hombre. Además hoy estuvo todo el tiempo con nosotras sin despegársele a Nicole. Y Nicole, me parece que ya está harta de Canoa y se quiere regresar a Salinas. La vida vagabunda y nómada del surf no le llama mucho la atención.

-Bueno, por suerte, mañana es el último día. Surfeamos en la mañana y nos vamos. Es una maldita desgracia porque las olas están tremendamente poderosas.

-Sí, pero estamos completamente chiros. Sin un sucre partido por la mitad y vamos a pasar hambre. A Ingrid no le importa, por lo que veo, ella es como la sombra de Manuel Fernando. Esa sí que es una pareja de enamorados ejemplar. Y a propósito de Ingrid, ¡no para de preguntarme y de sonsacarme lo que hemos hecho en LOS APOSENTOS!

-¿Y le dijiste algo?

-¡No, qué estás loco!

-¡Por Dios no se te ocurra decirle nada porque todo el mundo se enteraría y se armaría un escándalo! Tendríamos que casarnos.

-Nadie se va a enterar de nada, papito. Todo eso es un secreto entre tú y yo.

De pronto en medio de la oscuridad de la noche se escuchó una queja:

-SSSSHHHH, por favor dejen de cuchichear, cállense y dejen dormir.

Aquella segunda noche en Canoa estuvo llena de humedad acompañada por el ruido que las gotas de agua hacían en el techo del hotel. Rayos y truenos estallaban en el negro firmamento y Danni comprendió que en el mundo existían fuerzas poderosas e inimaginables. Comprobó la existencia de Zeus el que nubes reúne.

Cuando amaneció la aurora de dedos de rosa se posicionó sobre el pueblo de Canoa con su máximo esplendor. La primera en despertarse fue Nicole que no sabía el momento en que los chicos regresaran a Salinas para quedarse metida en el baño una hora y sacarse toda la arena y el sudor pegajoso que la incordiaba.

Se moría de hambre y fue a despertar a Doménica para que se levantara rápido y la llevara a tomar desayuno como si ella fuera su madre y la culpable de todo aquel lioso viaje al fin del mundo.

Pronto las chicas se levantaron y se turnaron para meterse en el baño para lavarse los dientes, orinar y peinarse.

Pava Loca se levantó de buen humor aquella mañana y ya estaba impaciente por meterse al agua a remar y seguir cogiendo olas, el hijoputa era una máquina de surfear.

Cuando los chicos estuvieron listos empezaron a hacer la vaca para reunir todos lo sucres que les quedaban para pagar un buen desayuno. Con el importe del dinero se fueron al mismo saloncito junto al mar de mesas cubiertas de plástico para desayunar huevos duros con café puro.

Pava Loca fue el primero en llegar al punto de quiebre y de inmediato se percató de que la punta estaba repleta  de pequeñas manta rayas. Sus rabos ponzoñosos eran un peligro para los deportistas y esto lo puso inquieto. Joey no sabía cómo remar entre tanta manta raya sin llegar a tocar una de las espinas venenosas que llevan en el rabo.

Las olas habían perdido poder, pero seguían siendo grandes y tubulares y Roberto sentía verdadero placer de irse en cada una de ellas y bajarlas con su estilo suave, carente de movimientos bruscos, un estilo soul, donde la elegancia de los movimientos era el lenguaje con que se transmitían las sensaciones que el observador captaba.

Cuando Danni se percató del congestionamiento de manta rayas en el agua, de inmediato le dijo a su hermano que se saliera del agua, pero éste le respondió que como hoy era el último día de surf no se lo quería perder por nada del mundo.

Afuera las chicas recibían la ayuda de Manuel Fernando para colocarles el parasol, para que les untara en las requemadas espaldas las porciones de Coopertone y para conversar un rato. Manuel Fernando se dio cuenta de inmediato que las olas habían perdido altura y a él no le gustaba correr olas sin fuerza. Había traído la radio de pilas y se deleitaba escuchando una y otra vez las canciones de Peter Frampton, Donna Summer, Kool & The Gang y sobre todo la canción RED BARCHETA del grupo RUSH.

Ingrid disfrutaba las pocas ocasiones en que su fiel y eterno enamorado se quedaba en la playa junto a ella. Y en estas raras ocasiones ella le leía interesantes artículos del Selecciones del Reader’s Digest, que tanto le gustaban a ella. Ingrid siempre llevaba unas dos o tres revistas a la playa para leer mientras cogía sol, aunque sólo podía leer cuando el tiempo estaba nublado porque el resplandor del sol le dañaba las retinas.

De pronto Manuel Fernando le dijo a Ingrid:

-¿Quieres ir a conocer las cuevas de LOS APOSENTOS?

-¡Bueno!- le dijo ella-.

Y Doménica se puso colorada y se sonrió. En aquellos momentos soñaba despierta con Danni y con la forma como la tocaba y se unía a ella. La pasión la atormentaba y quería que Danni de verdad hiciera algo para que ella vuelva a sentir que las entrañas se le escapaban del cuerpo. Pero por otro lado tenía miedo de que alguien los viera. Aunque era imposible que la pequeña y aburrida Nicole los siguiera y los atisbara. Pero sería vergonzoso ser sorprendidos por otros turistas que también iban a aquella playa a tocarse y besarse.

Manuel Fernando e Ingrid se deleitaron con el paisaje al subir por el estrecho sendero selvático a la pequeña loma para llegar a LOS APOSENTOS y ver desde ahí la magnificencia soleada y apabullante del mar.

Cuando llegaron se quedaron verdaderamente impresionados de la altura de aquellas cuevas y pronto se fueron adentrando por los túneles hasta llegar a unas dunas de arena donde se sentaron. Entonces Manuel Fernando le dijo a su enamorada:

-¡Bueno, aquí es donde comienza lo bueno!

-¡Estás loco, qué me quieres decir!- le dijo asustada Ingrid-. Será mejor que regresemos, ¿no hay peligro de que suba la marea y nos quedemos atrapados?

-Espérate un momento bomboncito, que quiero darte un besito-le dijo Manuel Fernando-.

-No seas loco, alguien puede venir. Ya déjate de esas cosas que para eso tenemos el cuarto de mi casa, ¿no?

Y Manuel Fernando creyó escuchar algo, unos pasos, que no eran en realidad nada más que el ruido, el eco de las olas al golpear contra las rocas y se le quitaron todas las ganas de hacer cariñitos a su enamorada. Así que pronto se encaminaron para la salida sin dejar de admirar las formaciones rocosas, que con la fuerza del viento y del agua de mar habían formado aquellas cavernas.

Mientras tanto Roberto, Danni, Joey y Pava Loca habían llegado a la conclusión de que el surf en Canoa había llegado a su fin. Las olas eran cada vez más débiles y el agua estaba infestada de manta rayas, así que decidieron marcharse a Salinas.

Cuando salieron a la orilla se percataron que las chicas habían iniciado una fogata con papeles de periódico, maderas sueltas y basura combustible. Allí estaban sentadas alrededor de aquella fogata, tratando de protegerse del viento helado y de la brisa que venía del mar. Después de un rato llegaron Manuel Fernando e Ingrid y se unieron al grupo. El cielo estaba completamente nublado, el día era gris y amenazaba con lluvia. Nicole estaba desesperada por regresar a Salinas y Doménica se ponía nerviosa por sus silencios prolongados y por su cara de malestar. De pronto Manuel Fernando dijo:

-¡Bueno ha llegado el momento de regresar a Salinas!, así que nos vamos.

-YUUUpiii-dijo Nicole-.

-Sí, estuvo chévere la corrida en Canoa-dijo Danni-.

-Adiós, adiós, Canoa, playa salvaje e increíble-dijo Joey-.

-Nunca en mi vida he corrido olas tan largas-dijo Roberto-.

-¿Cuándo organizaremos otro viaje para acá?-preguntó Pava Loca-.

-Cuando tengamos dinero- respondió rápido Danni-. Ya sabemos que para venir acá hay que traer dinero.

Entonces Danni le empezó a hablar a Doménica sobre el buceo y le preguntó si ella quería acompañarlo a una excursión subamarina en los restos de un gran barco de carga que se hallaba sumergido en la playa sur de Chuyuipe, y Doménica lo pensó un rato, pero estaba tan enamorada de Danni que no le podía negar nada y le contestó que sí.

Y ella le dijo que sí porque lo amaba.

Y pronto todos recogieron sus tablas, sus toallas y se dirigieron al hotel de PALMECHE para embarcar sus cosas en la Station Wagon y regresar a Salinas.

FIN

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