UTOPÍA INSEKTOR

Dedicado al dr. Botía.

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En los tiempos antiguos, los egipcios adoraban a los gatos, en la actualidad, los gatos adoran los aedes aegyptis

Hemos de agradecer las buenas nuevas que nos traen los epidemiólogos: la microcefalia, para ser santos, se ha hecho realidad. Es cuestión de tiempo para que la especie humana por fin extirpe toda forma de pensamiento inmundo de su cabeza. Y solo le quede la ternura del que espera la muerte en la cabina telefónica de un pueblo abandonado. Aquellos desgraciados que no sufran la microcefalia padecerán el síndrome del GuillainBarré, medio cuerpito tendrá una mueca detenida para siempre. Habrá lugar para muchas sonrisas en los shows de media noche, donde los microcefálicos desfilarán en bikini y los portadores del síndrome aplaudirán con una sola mano ante el espectáculo de amor que tendrán al frente. Los insectos están felices porque por fin este planeta se pondrá humilde, y la humildad como buena bendición del cielo, nos empapará de las delicias que proporciona el sufrimiento con  justificación.

Bien lo dijo don Pino, cuando se estaba cayendo del séptimo piso: lo que es Apocalipsis para unos es una Utopía para otros. Hemos llegado al momento en que el lugar sin-lugar ha invadido nuestra Tierra. Alegrémonos pues, el zika y el GuillainBarré, se han desposado en un matrimonio homosexual y nos adoptarán a todos en pro de la igualdad que tanto hombre promulgó en el pasado.

Don Pino se recupera porque ni siquiera se mató en esa caída, solo se rompió todos los huesitos y añora la picadura de un mosquito egipcio, es que, como él mismo reconoce, no era su día y se apresuró, porque lo que pasa es que a él le ganan los nervios y es muy ansioso, y todo el tiempo quiere morirse. Si, Dios mediante, le da GuillainBarré ya no habrá tiempo para la ansiedad y solo podrá llorar por un ojo, pero él se pregunta cuándo, porque es que nada que le llega el día de la suerte.

¿La suerte existirá, o también será un invento de las farmafias?

Papá GuillainBarré , yo soy el divino niño Zika que trajo la mamá zancuda, dulce GuillainBarré mío, mi niño adorado, ven a mi alma triste, ven, no tardes tanto, que me pongo ansioso como don Pino y bien podría estar tirándome también de un séptimo piso.

Se nos vino la hijuemama, y nosotros que estábamos felices porque el ébola solo le daba a los africanos, pero diosito a todos nos hace unos guerreros del trópico.

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los esposos que bendijeron a los insektors

 

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