Sibilancias imperiales en Punto de Convergencia

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Ser serio no es ceremonioso, todo lo contrario, es darle paso a los silbidos en lo profundo del tórax y del alma a esas contracciones de la existencia humana y sobrehumana y posthumana.

Los cyborgs están asmásticos como los fantasmas, y uno en su cuarto tose consecutivamente hasta que el aire semeja una lluvia de dardos sobre los alveolos, lo que provoca que se cree un portal y en ese portal aparecen los gestores culturales para promover los frutos del paraíso asmático.

De modo que el día viernes 24 del año en corriente, el editor y matemático Mario Torres Duarte, organizador de los Puntos de Convergencia, en donde discurren los mayores poetas y escritores de la movida actual cultural, ha tenido a bien invitarnos a su espacio con ocasión de charlar en torno a los vericuetos y laberintos de laya homérica que trasuntan la nouvelle The Lola Verga’s Big Band.

En este orden de ideas, se abordará la temática de la conspiración propia de los crononautas paridos por el señor Dante Alighieri, tampoco se evitará abordar el espinoso tema de los periplos que cobijan a historias tan disímiles como las de Simbad o RiverWorld.

En consecuencia, están todos invitados a este convite de letras en donde no faltarán viandas ateridas de ternura, desolación y prístinas sonrisas.

Fecha: 24 de marzo. 

Hora: 6:30

Postdata: se recomienda llegar con anticipación pues el recinto estará abarrotado de ángeles. 

A modo de epílogo, los tentamos con las reconfortantes palabras del joven poeta doctor Juan Cruz Bordoy, y aprovechamos la ocasión para desearle la mayor de las suertes en su nueva aventura cinematográfica.

LA SALUD

Sirve el ser a su salud cual tan primordial deber.

Mil beldades en alud, no lo harían desfallecer.

Más encauza en el sentido que da luz al florecer,

de ser vida y ser vivido presagiando amanecer.
Aquella tenue existencia es la gota que pasible
perla ese mundo de ausencia y lo lleva al mar temible.
Allí el equilibrio muere, lo tan buscado se olvida.
Y la pena que allí fuere se descalza de la vida.
¿Para qué enterrar sus huellas si no se camina a un cielo?
¿Quién se encargará de ellas cuando estemos bajo el suelo?


Juan Cruz Bordoy

 

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