Archive by Author | Andrés Felipe Escovar

Edmundo Paz Soldán con Boris Greiff en el jardín botánico

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Boris Greiff a la izquierda, Paz Soldán a la derecha.

 

 

El 31 de Marzo, en el jardín botánico de Bogotá, Boris Greiff (Ficciorama) sostuvo una charla con el escritor boliviano Edmundo Paz-Soldán quien ha cultivado el género de la Ciencia Ficción sin utilizarlo como una etiqueta o un empaque vació que se llena con temáticas concretas.  Este escritor, radicado en Estados Unidos, donde estudió literatura gracias a una beca que obtuvo por su desempeño en el fútbol, ha sido invitado a Bogotá con el fin de que escriba sus impresiones sobre la ciudad. Su última novela aborda el tema de las cárceles, basado en lo que ocurre en San Pedro, una prisión de Bolivia en donde los presos pueden vivir con sus familias en el consabido hacinamiento del sistema penitenciario que sufren muchos países del continente y, por ello, está tanteando la posibilidad de ir a alguna prisión de la capital de Colombia.

El diálogo giró en torno a la construcción de espacios geográficos ficcionales y, por ello, basculó entre Río Fugitivo e Iris; ambas ciudades son invenciones de Paz-Soldán aunque cada una de ellas obedece a un proyecto particular que las hace diferir entre sí.

Río Fugitivo surgió gracias a Onetti, García Márquez y Faulkner; el quería imitarlos y así urdió una ciudad que, al final, fue el germen de su nostalgia por Cochabamba, su lugar de nacimiento. Escribió un par de novelas ambientadas en ese contexto pero luego se embarcó en un proyecto de una ciudad no adscrita al orden realista y surgió Iris; una isla anclada en el futuro en donde hay un imperio que busca explotarla por medio de proyectos mineros a los que hay una insurrección por parte de los pobladores.

Parte de la construcción de mundos ficcionales se basa en la construcción de un concepto de realidad que, en el caso de Paz Soldán, se articula con escritores aparentemente disímiles como Dick y Borges; ambos indagan en torno a la naturaleza misma de la realidad aunque por áreas distintas pues en Borges se plantea desde la metafísica mientras que en Dick se erige una trama que descansa en los estados alterados de conciencia.

En esta sospecha en torno al sustrato de lo real está contenida la novela “Sueños digitales”. Este trabajo nació a partir de un libro de un historiador inglés que halló en un archivo de Stalin, fotos en donde algún personaje era borrado, quizá por haber culminado en Siberia o unos metros bajo tierra por atentar contra el régimen, de modo que quedaba el contorno vacío de un fantasma. Paz se preguntó por cómo un gobierno podría manipular las imágenes y, en su novela, aparece un diseñador que trabaja para el Estado con ese fin. Esto, además, lo relacionó con lo ocurrido en Bolivia con Hugo Banzer, un dictador de los años setenta que retornó al poder en los noventa mediante elecciones populares y  utilizó un retoque de su pasado  para convertirse en un ser casi angelical.

Paz-Soldán no se ha dedicado a replicar el lenguaje y los temas provenientes de la Ciencia Ficción anglosajona; ha construido un entramado de tradiciones que se cruzan y, por lo tanto, posibilita un encuentro entre Onetti y Gibson en la textura de sus palabras escritas. Este escritor boliviano aclaró, ante una pregunta emanada del público sobre la manera como trabaja con el género y lo transforma en una narrativa propia, que el pasaje social e histórico es fundamental en su trabajo.

 

El Superburro: un florilegio de Ciencia Ficción

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Disfrázate de maíz pa que te piquen los pollos

¿Pertenece al erotismo interespecies la relación entre un macho mitad humano/mitad burro  y una hembra cuya cabeza es de burra pero su cuerpo es de humana? ¿En qué desembocará el cruce entre ambos? ¿Cuáles son los genes recesivos y dominantes? ¿Cuál sería el destino de ese hijo producto del amor entre las dos bestias? ¿Serán ángeles aquellos sujetos mitad humanos/mitad mulas?

Con la irrupción musical de Noel Petro, las entidades fabulosas se cifran a través las casi infinitas combinatorias anatómicas entre los burros con otras criaturas; en la carátula de “El superburro”,  la figura de  Superman se transforma en una mezcla semejante a la que originó al Minotauro o Medio Pollo y suplanta la convicción de que sólo un superhombre podrá salvar a la especie humana por la ternura de un asno humanado (o un humano asnado) que surca el cosmos.

El Superburro no es un simple clon proveniente de la cultura de los Estados Unidos: la trastoca como lo hacen los técnicos de teléfonos celulares que se apostan en el centro de Bogotá respecto a las tecnologías asiáticas, europeas o estadounidenses.

Con esta carátula entra en crisis la visión de las aventuras espaciales emprendidas en el siglo XX (el álbum es de fines de los setenta): los satélites son impulsados por la tracción de un burro, como si fueran carretas que superaron la aporía de los combustibles. También se plantea otra perspectiva de la luna pues, en ella, seccionada a solo un cuarto de la dimensión que nos dicen que tiene, se recuesta una burra-mujer, semejante a un sueño romántico que limita con las pesadillas, de modo que el carácter impostado de las cosmovisiones urdidas por nuestra especie se explicita.

Este álbum cuenta con un homenaje a Zorba el Griego y un corte es especialmente inquietante: “Mosaico espacial”. Sin aludirse de manera expresa a los consabidos resabios heredados de historias como Star Wars, este popurrí contiene una mezcla de sonidos caribeños con letras provenientes de la tradición ranchera mexicana y ya uno no sabe si ponerse triste por las pérdidas o bailar porque se perdió. También es memorable “Disfrázate de maíz”, la cual sugiere encuentros eróticos con vegetales y sus frutos y “El bichito del amor”, en donde se exalta el carácter viral e invencible de esta afección.

¿A dónde irá Superburro con su requinto eléctrico? ¿Intentará saldar algunas cuentas o proferir serenatas en lugares ajenos a la precaria influencia de nuestro sol?

 

No habrá más masturbaciones pero sí olvidos (extracto de K-Pax, la novela de Gene Brewer)

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La tierra prometida no está en la Tierra; se enciende a nuestros ojos en las noches despejadas, cuando no hay un computador cerca que nos permita acceder a Yourporn y debemos salir a caminar y cancelar los roces genitales. Porque los alienígenas y sus  lejanos planetas evaporan las aflicciones que los psiquiatras convierten en locuras:

Además de autistas y catatónicos, en esa planta hay pacientes con diversos trastornos que tendrían problemas para relacionarse con los de las dos primeras. Por ejemplo, hay varios comedores compulsivos que devoran cualquier cosa que caiga en sus manos: piedras, papel, hierba, plata; un coprófago cuyo único deseo es ingerir sus excrementos, y a veces los de otros; y varios pacientes con problemas sexuales graves.

Uno de estos últimos, apodado “Whacky” por un alumno hace tiempo, se está masturbando a todas horas. Le excita cualquier cosa: los brazos, las piernas, las camas, los cuartos de baño…

Whacky es hijo de un prestigioso abogado de Nueva York  su exmujer, una conocida actriz de seriales televisivos. Por lo que sabemos tuvo una infancia normal, sin represiones ni abusos, tenía un tes eléctrico, jugaba al béisbol y al baloncesto, le gustaba leer y tenía amigos. En el instituto era tímido con las chicas, pero en la universidad comenzó a salir con una compañera de clase muy guapa. Aunque era alegre y abierta también era muy coqueta,  y le seducía sin llegar nunca “hasta el final”. Loco de deseo, Whacky siguió siendo virgen, como Russell, durante dos interminables años; se estaba reservando para la mujer a la que amaba.

Pero el día de su boda ella se fugó con un antiguo novio que acababa de salir de la cárcel, y dejó a Whacky plantado en el altar (y a punto de estallar). Cuando le dijeron que su prometida había huido se bajó los pantalones y comenzó a masturbarse allí mismo, en la iglesia, y no ha dejado de hacerlo desde entonces.

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Teknochtitlán. 30 visiones de la cienciaficción mexicana

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En 2015 apareció esta antología hecha bajo el cuidado de Federico Shaffler quien, en el prólogo, afirma evidenciar un detenimiento en la avanzada del género luego de los primeros años del presente siglo. Para la construcción del volumen, se ocupó de revisar publicaciones en la Red y físicas que le sirvieron consolidar un panorama donde aparecen nombres consagrados como Ignacio Padilla o Alberto Chimal al lado de escritores que no son tan nombrados. La multiplicidad de temáticas da a este volumen la posibilidad de convertirse en una ventana por la cual asomar y echar un vistazo al trabajo que se realiza en México.

Acá podrá descargarse el libro

Dios conoce sus almas solitarias. Alusión a su lanzamiento en la Filbo 2016

Había una vez un taxista que me dijo: “Yo no entiendo a la gente; todos los días debe aguantar que se lo soben en el transporte público y se la pasa maldiciendo por eso. Pero llegan los fines de semana y esa misma gente se encierra en lugares parecidos a los galpones en donde hacinan a los pollos y sonríen porque se lo siguen sobando.”

Ignoro si lo que le soban a las gentes es alguna de las denominadas partes íntimas; quizá genitales o eyector, quizá nalgas o axilas. Ignoro si lo que le soban corresponde, también, a alguna de las las partes íntimas: quizá genitales, quizá eyector, quizá nalgas o axilas, quizá todas junta o, quizá, ninguna.

Puede ser que eso con lo que se soba y lo que es sobado sean entidades emanadas de planos metafísicos.

Lo que sí es cierto es que ese sentimiento de aglomeración y roce en el que uno incurre cuando se lo soban, afloró en la feria del libro de Bogotá el sábado 30 de Abril de 2016. La fila para comprar boletas daba la vuelta al reciento y sobrepasaba varias cuadras y no se podía tomar un solo volumen de los stands desparramados por los distintos pabellones que semejaban esas cárceles con un hacinamiento del 100%.

Pese a todo ello pude llegar al espacio de la editorial Collage. A la cinco de la tarde fue el lanzamiento de los libros “El caso Russi” de Fernando Iriarte,  “Un muñeco en la acera” de Sonia Truque y “Dios conoce sus almas solitarias” de Luis Cermeño.

Truque e Iriarte presentaron sus trabajos, encuadrados dentro del llamado género negro, haciendo una breve exposición sobre el tema que los convocaba, sumergiéndose en un mundo que no suele ser muy acuñado en suplementos y magazines culturales; “El caso Russi” retoma el tema de un abogado del siglo antepasado que fue asesinado en Bogotá debido a su comprometida labor de acompañamiento a las clases menos favorecidas; “Un muñeco en la acera” plantea una selección de relatos diseminados en tres volúmenes que, con anterioridad, publicó la autora.

El libro “Dios conoce sus almas solitarias” es fruto de un trabajo de más de década y media de trabajo de Luis Cermeño, como él mismo lo expresó durante el lanzamiento. La gran mayoría de sus escritos fueron publicados en diferentes medios de la red e impresos tanto en Colombia como en distintos lugares del mundo, los cuales no pueden circunscribirse a la ciencia ficción aunque de ella parten.

De esta manera Collage sigue consolidando un catálogo que cuenta con autores como Antonio Mora Vélez, uno de los fundadores de la tradición de la ciencia ficción en el país, el propio Iriarte, reconocido por ser impulsor del género negro y nuevos autores como Cermeño o poetas con un espacio reconocido como Fernando Denis o J.J Junieles.

El espacio del lanzamiento estuvo bombardeado por el ruido de los compradores que se sobaban de pabellón en pabellón. Cualquier desprevenido podría pensar que Bogotá es una ciudad atiborrada de lectores. Sin embargo, en los respetivos rankings, tanto la ciudad como el país no aparecen en los primeros lugares.

Entonces surge una pregunta: ¿A qué va la multitud a la feria del libro? ¿A comprar libros que no leerán? ¿A sobarse y que se lo soben, como dijo el taxista cuyo rostro se ha perdido en el espejo retrovisor que apenas lo reflejaba cuando yo intentaba mirarlo mientras le hablaba y él me contestaba durante un trayecto que no recuerdo?

 

Pat Conroy (Q.E.P.D)

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Falleció el cuatro de marzo. Fue autor de “El príncipe de las mareas”, una novela llevada al cine a comienzos de los noventa. También escribió “Música de playa”, una historia que, para aquellos que la leímos antes de comenzar el rosario de divorcios, se convirtió en la dulce premonición de las amarguras de la vida sentimental. Esta historia comienza así:

En 1980, un año después de que mi esposa saltara hacia la muerte desde el puente Silas Pearlman, en Charleston, Carolina del Sur, me trasladé a Italia para empezar una nueva vida junto a mi pequeña.

Pero vida sólo hay una. Y puede convertirse en una sucesión de desencantos.

El protagonista regresa a Estados Unidos y  reencuentra a su familia y el entorno en el que creció. Incluso, tiene la oportunidad de ajustar cuentas con la iglesia:

– ¿Es todo lo que la Iglesia significaba para ti?- inquirió el sacerdote-. ¿El bingo de la parroquia?

– No- respondí-. También significa la Inquisición. Franco. El silencio del papa durante el Holocausto. El aborto. El control de natalidad. El celibato de los sacerdotes.

-Ya veo.

-Sólo la punta del iceberg-añadí.

-Pero ¿y Dios? – insistió- ¿Qué hay de él?

-Hemos tenido una pelea de enamorados-dije.

-¿Por qué?

-Contribuyó a matar a mi mujer – respondí -. En realidad no, por supuesto; pero me resulta más fácil echarle la culpa a él que a mí.

En casa de sus padres, el hombre viudo debe presenciar la agonía y el desenlace fatal de su mami:

Esa misma sangre que me alimentó, pensé, ahora la está matando. Por eso la gente cree en dioses y los necesita en las horas negras a la fría luz de las estrellas, me dije. Ninguna otra cosa podría conmover la señorial indiferencia del mundo. Mi madre, pensé; fue en ella donde por primera vez conocí el Edén y el planeta al que habría de ingresar desnudo y asustado.

Ojalá, Pat, no hayas partido de este planeta asustado; por mucho, desnudo.

Investigación sobre los pecados capitales. (Primera entrega)

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Entre pecado capital y pecado capital hay muros agujereados; un ratoncito que ha abrevado en las mieles de la lujuria, puede repantigarse sobre el desierto campo de la pereza y soñar con banquetes cocinados por el cocinero de la gula. Gracias a esta investigación hecha por milinviernos, hemos concluido que los ratoncitos somos nosotros. Y cuando escribimos “nosotros”, nos referimos a los lectores de la entrada y a todos aquellos miembros de la humanidad que se consideran desdichados y carentes del ataque inhóspito de un autoasesinato (así es: el suicidio lo dejamos para proclamas adyacentes a una obra, ya sea artística, científica, económica, social, etc).

Este trabajo se materializará en siete entradas. Cada una de ellas corresponderá a alguno de los siete pecados capitales. El objetivo de este primer capítulo, más que el de evidenciar los engranajes de cada uno de los rigores de nuestros deseos, es el de atisbar, entre los escombros del desánimo, por qué un masturbardor se siente lujurioso.

Este primer tema es el que más convoca a milinviernos, junto a la ciencia ficción: las pajas. Aunque huelga aclarar que, como dice el poeta:

Entre las pajas y la ci fi no hay muchas diferencias:

El principio de identidad se extravía en los recovecos

de solitarias eyaculaciones

y un mesías que

con casco de astronauta

anuncia que el fin de los tiempos ocurrió ya

y somos la bocanada última del incendio

eructado por el inframundo.

 

El tema de la presente exposición, dada la escualidez de las fronteras entre pecados capitales, tiene dos focos a saber:

  1. La lujuria.
  2. La envidia.

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