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“EL AMOR LOCO” DE REBETEZ, UN RELATO Y UNA SALVACIÓN DE LA RUTINA

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René Rebetez

“EL AMOR LOCO”, UN RELATO Y UNA SALVACIÓN DE LA RUTINA

Por: Sharon Alejandra Mariño Alfonso

El propósito de este escrito consiste en analizar las categorías expuestas en el cuento “El amor loco” del autor colombiano René Rebetez en torno a las distinciones que establece entre lo humano y lo artificial. Para abordar los principales planteamientos del escritor indagaremos por los aspectos estructurales y temáticos de su obra,  con el fin de identificar aquellos interrogantes propios del género de la ciencia ficción que, más allá de problematizar las condiciones de Tiempo y Espacio, buscan acercar experiencias que cada vez parecen más cercanas.

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“El amor loco” es uno de los cuentos que componen la colección Ellos lo llaman amanecer y otros relatos (1996), en él su narrador autodiegético se nos presenta como un escritor encargado de enviar mensajes al pasado mediante un dictado, que bien podrían compararse con las notas de voz que se graban para que después de un tiempo considerable reanuden el trabajo, o para que dejen algún punto claro en medio de la confusión. La diferencia es que Klunk se comunica con un pasado de más de mil años de distancia con el objetivo de estudiar lo que él denomina “la peste sentimental”, producida entre 1930 y 1960. El trabajo de este personaje consiste en aproximarse al tipo de manifestaciones afectivas que tuvieron lugar en estos años, y de los que concluye que “nunca el amor ha sido tan equívoco y la función sexual tan interferida por los sentimientos como en aquella época” (p. 108).

Aunque el mecanismo a través del cual se realiza el puente entre una y otra época no se establece más que por el uso de electrodos y cables que conectan el personaje a una gran computadora, las escasas referencias a esta manera de desplazarse y la facilidad con que se realiza dan cuenta de lo sencillo que resulta asociar esa clase de dispositivos (máquinas, motores, controles, etc.) con una tecnología capaz de comunicar una generación que habitaba la tierra con otra que seguramente merodea en el espacio, recordemos que ya para ese entonces los viajes en el tiempo eran uno de los temas más frecuentes en la ciencia ficción. Suponemos así que no fue por desconocimiento, que Rebetez pasó por alto la minuciosa explicación de este mecanismo, sino que su interés no radicaba tanto en abordar los aspectos técnicos del viaje en el Tiempo, como en la intención de explorar los límites entre lo humano y lo artificial.

Sabemos que la función de Klunk no sólo se reduce a la contemplación de una época lejana, ya que su deseo por redimir algunos errores de su propia vida constituye el principal motivo de su búsqueda en el pasado, lo que nos permite reconocer que dada la cantidad de años que han transcurrido desde sus recuerdos más remotos, hasta el momento presente en el que se dedica a escribir, el protagonista es más próximo a lo que podríamos identificar a un ciborg que a un humano. No obstante, las constantes referencias a los miembros de su cuerpo, (como su epidermis, manos, codos y hasta genitales), desmienten cualquier intento por asociar a Klunk con un organismo cibernético. Pero nos equivocamos si consideramos que la anatomía es lo que diferencia a un hombre de un robot, o que lo característico de un robot es su cableado eléctrico.

Dina, quien supervisaba los dictados que hacía Klunk, era una científica que trabajaba en el laboratorio de cibernética adjunto a la facultad de medicina y con quien el narrador sostuvo una larga relación. Su trabajo consistía en estudiar las múltiples posibilidades del cambio de órganos humanos por sucedáneos cibernéticos, ofreciéndose ella misma como donante para las pruebas hasta que cada uno de sus órganos fuesen reemplazados:

“toda ella, aunque idéntica a la Dina original, era ahora un engendro de metales y de plástico. Su apariencia no había cambiado y su salud era inmejorable: estaba destinada a una relativa inmortalidad” (p.117).

En ¿Qué es la ciencia ficción? (1977), Yuli Kagarlitski dedica un capítulo para rastrear algunas de las obras del género que más han profundizado en los cambios físicos a los que el ser humano se ha sometido con el fin de perfeccionar su cuerpo. Cita un artículo de H. G. Wells publicado en 1914 en donde el autor británico admite que difícilmente podría ocultar un horror indescriptible frente a un “caballero preparado” al que se le ha extraído casi todo el contenido del abdomen y realizado una serie de modificaciones, aun sabiendo que esto ha incrementado su capacidad intelectual y emocional. (1977; p. 215). En el caso de Dina vemos que la sustitución de sus órganos por dispositivos mecánicos no sólo la hacen más hábil, sino que demuestra que a diferencia de Klunk, las emociones no ocupan un lugar relevante ni constitutivo en ese modelo de “ser humano”.

Este intercambio entre lo que podríamos considerar característico de cada especie (la humana y la mecánica), nos permite identificar en el relato de Rebetez que el límite que separa nuestra percepción de lo humano y lo artificial cada vez se hace más difuso. Si bien la legitimidad de las emociones son incluso discutibles en el ser humano, resultan ser más nobles en un robot, que reconoce su incapacidad de ser un hombre y menos reprochables en un humano, que se oculta entre cables y partes cibernéticas.

BIBLIOGRAFÍA

Rebetez, R. (1996). Ellos lo llaman amanecer y otros relatos. Bogotá: Tercer mundo editores.

Kagarlitski, Y. (1977). ¿Qué es la ciencia ficción? Barcelona: Ediciones Guadarrama.

 

PENSANDO EN GRANDE.

AL ESPÍRITU EMPRENDEDOR DE UN PAJORRO.

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No puedo creer que exista algo tan bello como Conjunto Primavera. Yo que creí que el bigote más triste que había era el que se me armaba cuando mi bello púbico se salía de mi traje de baño en los balnearios de Tolima. Pero la vida ha vuelto a darme una lección de humildad y grandeza. Todo fue por un comentario en youporn de un chiquillo tan latino como yo que le pedía matrimonio a la actriz porno del video. Lo seguí por las redes y descubrí su amor por el amor que ahora se me contagió. Después de escuchar conjunto primavera uno se convence que lo mejor fue haber nacido muerto.Pero ya que estamos vivos, no hay más remedio que masturbarse como el canguro.

A mí me vienen muchos días de descanso porque me encuentro en desempleo. Estoy cumpliendo mis 40 primaveras y lo único que no se han cumplido son mis sueños. Promesas abundan sobre la mesa y yo, como una niña crédula, apuesto a todas, y como niña crédula, me quedo con el pan lleno de queso.

La verdad estoy muy casando y en esta crisis de fe tan hijueputa solo puedo creer en algo: que no puedo creer que aún salgan agrupaciones musicales tan increíblemente angelicales como el conjunto primavera. Sus videos han sido un aliciente a esta depresión que ya no tiene pensamiento fijo sino, como dirían los más grandes cantautores, es puro corazón.

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El invierno me parece pretencioso. El verano una mierda. El otoño no lo conozco. Solo primaveras, tristes primaveras, llenas de polen para enfermar este pechito asmático.

Mi mundo no solo es triste, es raro como un hijueputa. Por eso ya no me interesa nada más sino seguir a gente enamorada de actrices porno para descubrir que el amor existe y la creencia en la sagrada institución del matrimonio aún perdura, pese a los penes como los de Mandigno, para llenar la web de un hálito de frustración divina y gallardía y dignidad de fracasado.

A hacerse daño.

 

Taxonomía de los ángeles: I entrega

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Maldito el tiempo que pasa cuando te picho, Lola.  

La clave para una auténtica revolución, por Parcerisa.

parcerrrSeñor(a) Revolucionario(a), según el teórico David Parcerisa,  existen dos caminos para hacer algo contra la tiranía. Uno falso y uno verdadero:

1- Revolución violenta: caer en la trampa de los poderosos para darle fundamento a sus leyes marciales: los compartimentos para enterrar a estos activistas en los nuevos campos de concentración ya están listos en los planos, esperando por sus tomas de poder violentas, para ocuparlos con sus revueltas, justas pero belicosas.

2- Revolución del amor: el único camino a la evolución, basada en el principio de no odiar: no odiar al enemigo, no odiar a los diputados,  no odiar a los ricos. Esto parece más difícil de aprender y seguro que no existen campos de aniquilación contra esta fuerza. (No odiar los tiranos  no significa amarlos, o dar la otra mejilla; sencillamente, no prestarles atención porque esto es desenfocar el camino de la autorealización).

Una vez más los teóricos de conspiración dan con la clave que muchos no pueden ver por su afán de verter sangre del enemigo.Por más que la elite nos haga parecer “insectos” y decir que nuestro arte es poca cosa, no olvidemos que Los extraterrestres nos tienen por dioses. Admiran nuestro poder creativo, nuestra capacidad para crear música. Esta es la revolución que requerimos. La base está en creer en uno mismo.

Como dice Parcerisa:

La energía creadora, primigenia del Universo es el amor: Lo demás, parece que son todo  ilusiones surgidas del miedo. Y si nos alineamos con esa energía amorosa es como el caudal de un río. La corriente realmente nos llevará al océano del conocimiento universal. Todo fluirá de acuerdo a los ciclos cósmicos establecidos. Actuar con violencia es sencillamente ir a contracorriente de este río cósmico.

El Superburro: un florilegio de Ciencia Ficción

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Disfrázate de maíz pa que te piquen los pollos

¿Pertenece al erotismo interespecies la relación entre un macho mitad humano/mitad burro  y una hembra cuya cabeza es de burra pero su cuerpo es de humana? ¿En qué desembocará el cruce entre ambos? ¿Cuáles son los genes recesivos y dominantes? ¿Cuál sería el destino de ese hijo producto del amor entre las dos bestias? ¿Serán ángeles aquellos sujetos mitad humanos/mitad mulas?

Con la irrupción musical de Noel Petro, las entidades fabulosas se cifran a través las casi infinitas combinatorias anatómicas entre los burros con otras criaturas; en la carátula de “El superburro”,  la figura de  Superman se transforma en una mezcla semejante a la que originó al Minotauro o Medio Pollo y suplanta la convicción de que sólo un superhombre podrá salvar a la especie humana por la ternura de un asno humanado (o un humano asnado) que surca el cosmos.

El Superburro no es un simple clon proveniente de la cultura de los Estados Unidos: la trastoca como lo hacen los técnicos de teléfonos celulares que se apostan en el centro de Bogotá respecto a las tecnologías asiáticas, europeas o estadounidenses.

Con esta carátula entra en crisis la visión de las aventuras espaciales emprendidas en el siglo XX (el álbum es de fines de los setenta): los satélites son impulsados por la tracción de un burro, como si fueran carretas que superaron la aporía de los combustibles. También se plantea otra perspectiva de la luna pues, en ella, seccionada a solo un cuarto de la dimensión que nos dicen que tiene, se recuesta una burra-mujer, semejante a un sueño romántico que limita con las pesadillas, de modo que el carácter impostado de las cosmovisiones urdidas por nuestra especie se explicita.

Este álbum cuenta con un homenaje a Zorba el Griego y un corte es especialmente inquietante: “Mosaico espacial”. Sin aludirse de manera expresa a los consabidos resabios heredados de historias como Star Wars, este popurrí contiene una mezcla de sonidos caribeños con letras provenientes de la tradición ranchera mexicana y ya uno no sabe si ponerse triste por las pérdidas o bailar porque se perdió. También es memorable “Disfrázate de maíz”, la cual sugiere encuentros eróticos con vegetales y sus frutos y “El bichito del amor”, en donde se exalta el carácter viral e invencible de esta afección.

¿A dónde irá Superburro con su requinto eléctrico? ¿Intentará saldar algunas cuentas o proferir serenatas en lugares ajenos a la precaria influencia de nuestro sol?

 

MIL INVIERNOS LLEGA A SU MAYORÍA DE EDAD-IN MEMORIAM DROMEDARIO BERMÚDEZ

Empezaremos esta celebración ofreciendo un gran agradecimiento a nuestros principales auspiciadores.

Con nuestras mamis, personas que han negado aceptar nuestras incapacidades para obtener empleo y un sustento que nos permita mantener tantos divorcios acumulados.

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En segundo lugar, a nuestros notarios y abogados, por sacarnos de tanto embrollo y deuditas.

En tercer lugar, no por eso el último, a Dios por habernos abandonado.

¡Y cómo no poder agradecer a nuestro mentor y mecenas, Robinson “el dromedario” Bermúdez!. Puesto que gracias a sus cuartos de pollo a la broaster, pudimos pasar varios almuerzos que desembocaron en gastritis y diarreas crónicas.

Todos ellos creyeron en nosotros cuando nosotros no creíamos ni en la mama. Así pues que hagamos un brindis y recitemos un  par de poemas escritos por Diosinteo Weimar Morales. Pero dejémonos ya de tanto ritualismo y vamos a la esencia de lo que es Mil Inviernos, es decir,  vamos a los relatos de vidas largas llenas de sueños truncados.

Recordamos con especial cariño, la mañana aquella que el dromedario se nos acercó en la cafetería Varsovia y nos dijo con mucho respeto:

  • Señores escritores, yo me masturbo mucho. Todos los días me masturbo. Quiero que cuenten mi historia pero cuando esté muerto.

Antes de habernos convencido le dijimos que había un remedio santo para aminorar el ritmo propio de los que se masturban: el matrimonio. La razón estriba en que uno no puede pajearse al frente de la esposa. Entonces, hay que ir cada cierto tiempo al baño y ello resulta dispendioso y agotador, mucho más si se despiertan sospechas de que en el baño se está consumiendo cocaína en lugar de estar en ejercicio onanista.

Esta reflexión fue rechazada por Don Bermúdez, quien contestó lo siguiente:

  • Yo desde que me casé, comprendí que el matrimonio lo rejuvenece a uno. Pues volví a pajearme como si tuviera quince años. Además supe que estaba enamorado de mi mujer, pues lo hacía recordando la época en que ella aún me lo daba. Me acuerdo que cuando nació mi primer hijo, a ella la había fecundado los espermatozoides que yo dejaba en la sábana luego de batirme el cuero. Pero la vida es muy triste, pues cuando nació el niño me di cuenta que no era mi hijo sino el de un asiático, como su relato: Verano de Amor.

La pasmosa sabiduría del dromedario Bermúdez nos culminó a admirarlo y seguirlo, como quien sigue a un camello en medio del desierto, pues su mote se debía a la joroba pronunciada que le impedía caminar erguido y que el dromedario le atribuía a los años de matrimonio, es decir, de juventud revivida y masturbación empedernida.

Pero ya ven, todas las cosas tienen su final.

Y el dromedario decidió rehabilitarse. Fundó la clínica para la masturbación María Mechas Carranz. Su tratamiento consistía en practicar la adicción más dañina de todas y que se remite al apego por las abstinencias. La masturbación es un hecho maravilloso, doloroso y cruel. Por lo tanto, la renuncia debe ir con una asfixia continuada que en él operó con la forma del asma.

Recordemos cómo empezó a abandonar sus hábitos debido a que sus bronquiolos se hinchaban más que su estrecho pene.

El pobre hombre empezaba a batirse el cuero y el pecho parecía silbar de felicidad. Era como si tuviera un pajarito agonizante entre las tetillas o un avechucho que le pedía alpiste proveniente de sus testículos.

Este ejercicio ingenieril iba a la perfección hasta que un intento de paro cardiorrespiratorio lo hizo decidir entre la asfixia total o la eyaculación feliz de su desgarrado miembro. El dromedario duró una semana aguantando tocarse. Fueron siete días frenéticos, además de fundar un centro asistencial para pajorros inspirado en los doce pasos, se dedicó a practicar las artes pictóricas y abstractas junto su amigo de pilatunas, Pedro Sánchez Merlano, con quien en una época compartió la afición recreativa de la cata de bazuco. Iban de barrio en barrio, probando en donde eran mejores las pipas con aluminio. Les llamaron los señores del aserrín. ¡Ah tiempos que se acabaron pronto!

Bermudez después de hablar con nosotros en la cafetería Varsovia, tomó su automóvil, y en uno de los embotellamientos típicos de Bogotá empezó a rostizarse. Ante la desesperación del tráfico catatónico abrióse la bragueta del pantalón y batióse el cuero hasta eyacular. El paro cardiorrespiratorio no se hizo esperar y él falleció tieso, con la mano en su penca y con una notable cantidad de semen que percudió el pantalón y la carrocería de su coche.

Sea pues, esta la oportunidad para saludar la Fundación Clínica de la Masturbación y recordar a su fundador y fiel amigo.

 Happy Birthday to you Mil Winters.

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Son 5 años de ser una super potencia latinoamericana  en la science fiction, la impotencia, los espíritus, los cachorros, los viajes lunares, los rombos metafísicos  y los divorcios machos.

A meterle toda la ficha a este nuevo año que se augura es más espantoso que los anteriores.

El mensaje político que queremos decirles es: ámense los unos a los otros como la masturbación os ha amado y como  habéis amado la masturbación.

5 años y como dijo nuestro Mamerto, el Gallino: al que no le guste que le piquen pasta de coca. O como dijo doña Marina: como que si compran huevos.

Pdta: El exceso de risa puede desembocar un asma lo mismo que la masturbación. Por eso lo mejor es leer Mil Inviernos para bostezar y aburrirse. Les prometemos muchos textos sobre insignes canónicos de las letras hispánicas.

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MAMADONES DEL 2016 #memes

– Y nos sacaron la leche con toda, compadre – dijo el burro al gato

El gato se relamió las patas, con las que se batió el cuero, en un gesto que sólo comprenden los fabulistas. 

– Yo me la saqué a mí mismo, mi panita –  contestó el felino

Acto seguido se batió el prepucio tan ansiado por directores de zoofilia; aunque, en este caso, era un pedazo carnoso muy rojo. 

Se quemaron todas las putas putas patas

putas patas putas

patatín patatán

Los maderos de San Suan

se sacan la leche

después de mamar

Los pajeros de Don Jacobo

siempre cuentan con un bobo

Ahí van pues estas mamadas que sobrevinieron un año terrible  que mató a todo el hijueputa mundo menos a sus animales más humildes, porque a ellos los destruye su humildad.

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Como el toro que se pegó en la canilla

nos vamos derrotados pa’ Sevilla

a que nos coman las huevas

majaderos y putillas

este romancero gitano

solo lo canta mi ano

para todos aquello que se echan mano

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Felices 2017: 

estimadas recuas de mulas, 

que la luz del Señor ilumine vuestro camino, con la prosperidad

que solo obtienen los más infames. 

A empezar el año con una carcajadita sencilla

porque las lágrimas que vendrán serán a chorros.

Os desea, la granja de mil inviernos.

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Cuento: kerofili

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