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El Superburro: un florilegio de Ciencia Ficción

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Disfrázate de maíz pa que te piquen los pollos

¿Pertenece al erotismo interespecies la relación entre un macho mitad humano/mitad burro  y una hembra cuya cabeza es de burra pero su cuerpo es de humana? ¿En qué desembocará el cruce entre ambos? ¿Cuáles son los genes recesivos y dominantes? ¿Cuál sería el destino de ese hijo producto del amor entre las dos bestias? ¿Serán ángeles aquellos sujetos mitad humanos/mitad mulas?

Con la irrupción musical de Noel Petro, las entidades fabulosas se cifran a través las casi infinitas combinatorias anatómicas entre los burros con otras criaturas; en la carátula de “El superburro”,  la figura de  Superman se transforma en una mezcla semejante a la que originó al Minotauro o Medio Pollo y suplanta la convicción de que sólo un superhombre podrá salvar a la especie humana por la ternura de un asno humanado (o un humano asnado) que surca el cosmos.

El Superburro no es un simple clon proveniente de la cultura de los Estados Unidos: la trastoca como lo hacen los técnicos de teléfonos celulares que se apostan en el centro de Bogotá respecto a las tecnologías asiáticas, europeas o estadounidenses.

Con esta carátula entra en crisis la visión de las aventuras espaciales emprendidas en el siglo XX (el álbum es de fines de los setenta): los satélites son impulsados por la tracción de un burro, como si fueran carretas que superaron la aporía de los combustibles. También se plantea otra perspectiva de la luna pues, en ella, seccionada a solo un cuarto de la dimensión que nos dicen que tiene, se recuesta una burra-mujer, semejante a un sueño romántico que limita con las pesadillas, de modo que el carácter impostado de las cosmovisiones urdidas por nuestra especie se explicita.

Este álbum cuenta con un homenaje a Zorba el Griego y un corte es especialmente inquietante: “Mosaico espacial”. Sin aludirse de manera expresa a los consabidos resabios heredados de historias como Star Wars, este popurrí contiene una mezcla de sonidos caribeños con letras provenientes de la tradición ranchera mexicana y ya uno no sabe si ponerse triste por las pérdidas o bailar porque se perdió. También es memorable “Disfrázate de maíz”, la cual sugiere encuentros eróticos con vegetales y sus frutos y “El bichito del amor”, en donde se exalta el carácter viral e invencible de esta afección.

¿A dónde irá Superburro con su requinto eléctrico? ¿Intentará saldar algunas cuentas o proferir serenatas en lugares ajenos a la precaria influencia de nuestro sol?

 

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