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Dos palabras con Santiago Paéz

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Paéz en “Palabra encendida”

Para Santiago Paéz  la ciencia ficción es una reflexión arriesgada sobre el presente. Por eso nunca buscó aprobación ni pidió permiso para escribir ciencia ficción desde Ecuador -cuando le formularon la típica pregunta sobre cómo es eso de escribir ci fi en un lugar como Ecuador-. El escritor escribe sobre los temas que le interesan, independiente del lugar en donde esté, porque  es escritor y le urge escribir y reflejar sus preocupaciones.

En  el transcurso de la charla presentaron el trailer de Europa Report, la película del ecuatoriano Sebastián Cordero que está haciendo furor. Ah, pero eso no es ecuatoriano, dijo Paéz. Se podría hacer en cualquier lugar del mundo. Pensé en las producciones que en Colombia se hacen bajo ese mismo molde, y se presentan como el logro de la ciencia ficción colombiana, sin proponer nada, solo limitándose a ser clones, usando el término de Campo Ricardo Burgos para estos productos, que como productos, son como los dunkin donuts (que me encantan), se pueden hacer en Bogotá, Quito o Nepal y son los mismos.

Para Paéz, así como un escritor no debe pedir permiso para escribir ciencia ficción desde su ubicación, tampoco debe tratar de ser globalizado, porque entonces se pierde de su realidad, y un escritor está trabajando su realidad desde su producción, adaptar otro modelo es evadir su realidad.

En la pausa de 10 minutos, conocí a otro escritor de ciencia ficción, Jorge Valentín Miño, quien me obsequió su libro ” ayer será otro día” y aprovechó para presentarme a Paéz (Paéz fue supremamente generoso con Miño y dijo que ojalá él hubiera empezado su carrera de escritor en el punto que la empezó Jorge Valentín). La presentación de  la obra de Paéz  me suscitó dos preguntas, que indefectiblemente, me conciernen como alguien que ha escrito una ciencia ficción que al parecer no se considera convencional.

Lo primero que le pregunté fue cómo reaccionaba cuando presentaba sus libros como ciencia ficción y el lector, al no encontrar un molde de Star Wars, podía sentir defraudado el contrato autor-lector. Bueno, me dijo, él se sentía libre de escribir sobre la galaxia y la ciencia ficción en general, pero nunca perdiendo de vista quién era él y cuál era su realidad, así que eso era lo que él daba a su lector y ya si no le gustaba no se preocupaba mucho por ello.

La segunda pregunta tenía que ver con los personajes maricas.

Dedicación de ecuatox: Para Luis que inventa gays como yo

Dedicación de Ecuatox:
Para Luis que inventa gays como yo

Durante la presentación Paéz comentó que cuando creaba personajes gays los trataba de hacer reales, que le resultaba insoportable leer esas novelas en donde los homosexuales eran presentados como señoritos caballeros, casi unos Francisco de Asís, incapaces de un mal pensamiento. Y dijo una frase que me encantó: “cuando escribo sobre gays, me imagino cómo sería yo de gay y seguiría siendo el mismo monstruo que soy ahora, solo que con gusto por los hombres”.

Yo le comenté que en mis relatos de ciencia ficción había muchos homosexuales, y que eso al parecer no le gustaba al público de ciencia ficción acostumbrado al personaje heterosexual que vive aventuras en el espacio, pero nunca un marica. Insistió que para él el problema era que había una vertiente en la literatura en que no había gay malo, incapaces de matar o herir a alguien, un poco de complejo de culpa como el del mulato hacia el indígena, pero de los heteros hacia los homosexuales, que les impedía retratarlos en su dimensión  humana, y esto le ponía en una situación de políticamente incorrecto.

Lamentablemente el tiempo apremiaba y Paéz ya era solicitado para la segunda intervención. Pero antes de despedirme quise que nos regalara unas palabras para los lectores de Mil Inviernos, y él generosamente accedió a dirigirse a ustedes:

Puedes leer algunas obras de Paéz en su blog: http://santiagopaezobras.blogspot.com/

El francés de Campo Ricardo Burgos López

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Libro electrónico en el que aparece el texto de Burgos, junto a otros autores

Los miedos de Campo Ricardo Burgos López se han materializado en esta colección de microrelatos, de autores colombianos traducidos al idioma de Napoleón Bonaparte;  es decir, el idioma de los emperadores.

Para mirar la traducción del cuento al francés pueden ir al link

http://es.calameo.com/books/002617799be54e86901c8

En “Lectures de Colombie”  aparece el cuento “Gabriel García Márquez había muerto”, que publicamos en Mil inviernos: >>leer acá<<

La entrevista sobre esta experiencia translingüística está en: 

http://entretiensld.blogspot.fr/2015/03/campo-ricardo-burgos-lopez-colombie.html

 

 

Unos zombis deambulando por Bogotá. Reseña de Campo Ricardo Burgos López

La revista brasileña “A COR DAS LETRAS”   de la Universidad Estadual de Feira de Santana  acaba de publicar: Número temático: Vertentes do insólito nas literaturas das Américas. A Cor das Letras — UEFS, n. 15, 2014. Este un número especial con todos sus textos dedicados a las literaturas fantásticas en América Latina, entre ellos aparece un artículo  de Campo Ricardo Burgos López sobre el género de los zombis y sobre la novela de zombis “Muérdeme suavemente” del colombiano Fernando Gómez. 

La revista completa se puede descargar desde este enlace: A COR DAS LETRAS 

El texto de Campo Ricardo Burgos López lo reproducimos con previo permiso del autor:

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UNOS ZOMBIS DEAMBULANDO POR BOGOTÁ: MUÉRDEME SUAVEMENTE DE FERNANDO GÓMEZ

Campo Ricardo Burgos López 

Resumen: El artículo analiza la obra Muérdeme suavemente de Fernando Gómez, uno de los primeros textos colombianos que incursiona en el género de los zombis. Para ello, se divide en tres partes. En la primera proporciona un breve panorama del modo en que ha evolucionado la figura del zombi en el cine anglosajón, así como de las interpretaciones de las cuales la figura del zombi ha sido objeto. En la segunda, con base en los presupuestos señalados, examina la obra Muérdeme Suavemente de Fernando Gómez. En la tercera, ofrece una conclusión.

Descriptores: Zombis, Zombis en la literatura colombiana, Literatura fantástica colombiana, Fernando Gómez.

Abstract: This article examines Fernando Gomez’s Muérdeme suavemente, one of the first novels in Colombian literature that explored zombie- fiction.The article is divided in three parts. The first part provides a panoramic view of the presence and development of zombie characters in American Cinema. The second part uses this characterization of zombie figures to analize Muérdeme Suavemente. The third part presents a conclusion.

Keywords: Zombies, Zombies in Colombian Literature, Colombian Fantasy Literature, Fernando Gómez.

1-  ACERCA DEL ZOMBI: EVOLUCIÓN Y METÁFORAS

Entre los entendidos en el tema, se sostiene que los zombis, muertos vivientes o cadáveres que caminan, son una figura que tiene su primer atisbo en algunas regiones africanas, pero que alcanza su pleno desarrollo al interior de la cultura haitiana (FARSON, p. 66-85). En las tradiciones de esta isla caribeña, es creencia común que un zombi es “un cuerpo sin alma ni mente sacado de la tumba y al que se le ha dado un remedo de vida mediante brujería” (FARSON, p. 68). El zombi no sería ni un fantasma ni una persona, sino una suerte de ser atrapado en alguna región intermedia entre la vida y la muerte. En Haití —según nos cuenta Farson— son muy corrientes las historias de brujos o “bokores” que reviven muertos por los motivos más disímiles: algunos lo hacen por venganza y otros —aunque parezca chiste— lo hacen para conseguir criados o sirvientes necesarios en una casa (textualmente, Farson afirma [p. 74] que lo hacen “para obtener mano de obra barata y que no se queje”). El desdichado que vuelve a la vida en calidad de zombi puede durar décadas enteras en esa condición, a menos que algún alma caritativa se apiade de él y para despertarlo le haga ingerir una mezcla de agua y sal. Por esta razón es que en Haití es usual que algunas familias cuiden las tumbas de sus familiares muertos varias semanas o meses después del suceso, pues se supone que una vez los cuerpos se descomponen, los brujos ya no pueden crear zombis a partir de ellos (FARSON, p. 77).

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Un breve relato de fantasía

Antología

Campo Ricardo burgos López hizo, en 2007, una antología del cuento fantástico colombiano. Este trabajo ha dado a conocer atisbos de trabajos hechos por escritores que han publicado sus escritos desde 1986 hasta 2007, año en que se dio a conocer, por parte de la Universidad Sergio Arboleda, este volumen. Les presentamos un cuento corto del escritor bugueño Harold Kremer (1955), donde todas nuestras perspectivas amenazan con lo ilimitado, como el aburrimiento y la tristeza y la muerte, la enfermedad, los campos de batalla y las balas en el estómago:

El combate

Fue en la guerra de los Mil Días. Raúl Sánchez, con una bala en el estómago, caminó durante tres días y tres noches. Se arrastró por montes y selvas hasta llegar a Buga. Entró a su casa, besó a su madre, a sus hermanas y se desmayó. A los dos días despertó. Vio a sus compañeros de guerra y preguntó por su madre y sus hermanas. Nadie le respondió. Preguntó por qué estaba allí en el campo de batalla. Les respondieron la verdad: iba a morir. Le dieron un calmante y volvió a dormir. Al despertar se encontró en su casa. Preguntó por sus compañeros. “Cuando ibas a partir a la guerra caíste enfermo”, le dijo su madre. Raúl cerró los ojos y murió.

Tomado de Antología del cuento fantástico colombiano. P. 125.

Campo Ricardo Burgos López: Otra vez contra el fútbol

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Otra vez contra el fútbol

Campo Ricardo Burgos López

En estos días, escribiendo acerca de que Falcao no irá con la Selección Colombia al Mundial de Fútbol, alguno de los “iIuminados” periodistas deportivos que tenemos y que es un ejemplo típico de cómo se aborda este asunto en nuestros medios, afirmaba que “vamos a la guerra sin nuestra mejor arma”. En sólo una oración, hay contenidas varias falacias. La primera –y yo sé que la sentencia del periodista es una metáfora- es que el Mundial de Fútbol no es una guerra, es un juego. La segunda, es que el 99% de los colombianos –como salta a la vista- no iremos a Brasil, ni estaremos jugando en las canchas brasileñas; allá durante unas semanas sólo estarán jugando 23 personas y si ganan, ganarán algo ellos, no nosotros; si pierden, pierden ellos, no nosotros. Ligada a la anterior, va la tercera falacia: si Colombia se gana el Mundial, al día siguiente de ese hipotético evento no me rebajarán un peso en Transmilenio, y si Colombia es eliminada rápidamente, de nuevo me cobrarán la misma cantidad por el mismo pasaje en Transmilenio. Es falaz asumir que todos los colombianos ganaremos o perderemos algo gracias a esos 23 chicos, pues nunca ocurre así. Ganen o pierdan estos muchachitos, la vida seguirá tan complicada como siempre. No es cierto que “ganaremos” o “perderemos”, como abusivamente nos incluyen a todos en esas conjugaciones verbales, la gran mayoría de colombianos somos sólo espectadores de esos partidos, nunca protagonistas.

Por otro lado, la inmensa publicidad que por estos días inunda los medios acerca del evento en cuestión, deja claro que para ciertas empresas es vital que la gente vea fútbol como un medio para alcanzar ciertos propósitos comerciales y mercadear ciertos productos. Las diversas empresas se esfuerzan porque su nombre quede asociado al de la Selección, como un modo de conseguir una eficaz ligazón inconsciente con ciertos sentimientos patrioteros que en estos días inundan a quienes se creen las falacias del tipo “vamos todos a una guerra a defender un terruño”. A mi modo de ver, la conducta no alienada sería negarse a ver ese desfile de productos comerciales que de modo directo o indirecto emplean el pretexto del fútbol.

Por lo demás, con todo lo que escribo aquí, sé que no estoy diciendo nada nuevo. Creo que cualquier persona con dos dedos de frente se da cuenta de los hechos que acabamos de describir. Entonces, surge más bien otra pregunta interesante ¿por qué tanta gente continúa viendo fútbol, si es claro que la están manoseando y le están mintiendo? ¿por qué razón la gente de modo voluntario conviene en ser engañada de este particular modo? Tal vez –y esta sólo es una respuesta tentativa-, la gente es más inteligente de lo que ella misma cree y sabe que el fútbol más que deporte es teatro y acepta eso. Parece que hoy en día la gente admite –consciente o inconscientemente- que el futbol es una ilusión que conmueve, una forma de arte contemporáneo donde los futbolistas son actores y los estadios los nuevos escenarios. Creo que en siglos futuros, en los libros de historia de ese entonces, el fútbol con toda la parafernalia que lo rodea, será estudiado en el capítulo de historia del teatro, al lado de géneros afines como la ópera, el ballet o la lucha libre. Por otra parte, cabe también la posibilidad de que la gente se coma todas las mentiras que aquí hemos señalado, y en ese caso, ya es hora de fundar un ”Frente de Liberación del Fútbol” o algo así.

Bogotá, Junio de 2014.

La casa del fin de los tiempos: Un buen augurio

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Reseña de Campo Ricardo Burgos López

La casa del fin de los tiempos, según puede colegirse de la ficha técnica que puede hallarse en internet, es una película venezolana dirigida por Alejandro Hidalgo y estrenada en su país el año 2013, que combina los géneros del suspenso, el terror y la ciencia ficción. El argumento se centra en una vetusta casona caraqueña en donde en diversos momentos del siglo XX han ocurrido misteriosas desapariciones de personas y cómo la protagonista, una mujer llamada Dulce, emprende una investigación para aclarar los inexplicables acontecimientos que en ese lugar han ocurrido.

Al final de la obra, aun cuando son posibles otras interpretaciones, el hecho es que la explicación central de los episodios allí sucedidos es que esa casa de Caracas es un lugar donde por alguna razón los tiempos se confunden y de algún modo coexisten el pasado, el presente y el futuro.  El filme venezolano, entonces, emplea la misma estrategia narrativa de cuentos clásicos de Borges como El otro, donde –recordemos- al sentarse en la banca de un parque, un Borges viejo se encuentra con el mismo Borges, pero joven. En el filme de Hidalgo, el objeto que posibilita esas coexistencias de los mismos personajes en pasado y futuro, no es la banca de un parque, sino una casa. Por otro lado, con el típico truco de que una de las víctimas (Dulce) tras muchos avatares resulte ser también una de las victimarias, “La casa del fin de los tiempos” se afilia a una ilustre estirpe de obras que van desde el Edipo Rey de Sófocles hasta esa cinta de culto que es Angel Heart  de Alan Parker (recuérdese que en ambos casos el investigador de los crímenes resulta ser el criminal). En tercer lugar, hay que apuntar que en el largometraje de Hidalgo se consigue que la lóbrega y tenebrosa casona donde acaece la historia, sea también un personaje más ( tal vez el más importante de todos). Ese es un rasgo en la misma línea de tanto cine tradicional de terror donde la casa embrujada es “más personaje” que los mismos personajes humanos que por ella transitan.

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Gabriel García Márquez había muerto. Por Campo Ricardo Burgos L.

Un cuento de ciencia ficción de Campo Ricardo Burgos López sobre Gabriel García Márquez una vez el premio Nobel  se encuentre en el Más Allá de los cristianos.

Este cuento se publicó originalmente en el 2006 en:  revista AXXÓN y es reproducido en Mil Inviernos con la autorización del autor.

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Gabriel García Márquez —por fin para algunos y por desdicha para otros— había muerto. Mientras en diversos lugares del mundo se efectuaban los predecibles homenajes al escritor, los periodistas escribían las obvias notas necrológicas, los académicos producían los vaticinables ensayos sobre la vida, obra y milagros del santo, los traficantes literarios saboreaban por anticipado el pronosticable efecto que la noticia tendría sobre las ventas de los libros, los profesores de diversos colegios y entes educativos obligaban a sus sufridos alumnos a escribir el típico texto respecto del prohombre fallecido, y los familiares del escritor también de modo predecible empezaban a saquear sin compasión las pertenencias del occiso a la búsqueda de algún manuscrito olvidado que al publicarse les mejorara el saldo bancario, la situación del mismo Garcia Márquez era bien diferente. Pocos segundos después de despertar en el Más Allá, García Márquez se encontró haciendo una fila infinita, una fila de personas que delante del puesto que él ocupaba, llegaba hasta el horizonte que la vista alcanzaba y todavía más allá. Aún desacostumbrado a la situación, García Márquez observó el cielo azul sobre su cabeza y el verde valle de fina grama que se extendía indefinidamente por el norte, sur, oriente y occidente. El clima era decididamente primaveral y una suave brisa contribuía a mantener la tibieza reinante sin que alguien pudiera en exceso sofocarse. García Márquez observó también que tanto delante como detrás de él en la fila, incontables personas de todas las razas, tamaños, credos y apariencias, trataban de disimular la impaciencia que les producía tener que esperar turno. Cuando así completó su evaluación visual, por fin se decidió a hablar.

—Disculpe —se dirigió a una mujer bajita y de apariencia oriental que se hallaba justo un puesto delante del suyo—. ¿Qué es esto? —preguntó mientras movía su mano derecha indicando vagamente en derredor.

—¡Usted está muerto! —repuso con sorpresa la mujer oriental—. ¿No se ha dado cuenta?

—¿Muerto? —contestó con sorpresa García Márquez—. ¿Así de simple? ¿Esto es todo?

La mujer oriental volvió a mirar a García Márquez sin comprender.

—Pero —prosiguió el que en la Tierra llamaban “Gabo” —. ¿Para qué es esta fila? ¿A dónde conduce?

—Al Juicio Final —contestó la mujer oriental con gesto impaciente—. ¿No es obvio?

García Márquez quedó patidifuso. ¿Juicio Final? ¿Entonces era cierto lo que le habían contado sus abuelos alguna vez en la infancia? ¿El socialismo de vanguardia podía estar equivocado en ese punto? ¿Eso era posible? Por alguna razón más allá de la humana comprensión, ahora la mujer oriental se había animado a hablarle y continuaba su disertación.

—Allá al frente —dijo señalando el horizonte con un dedo— está el tribunal de Dios, todos vamos para allá y una vez frente a Él, cada uno de nosotros obtendrá lo que merece. Nada más y nada menos —concluyó.

García Márquez estaba boquiabierto. ¿Es que era posible Dios? ¿Es que sí era cierto el cuento ese de los pecados en la vida terrestre y el tener que dar cuenta de cada uno de nuestros actos, pensamientos y omisiones? Por un momento, el escritor sintió miedo.

—Espere un momento —repuso García Márquez—. Cuál es su nombre?

—Noriko Saito —contestó la mujer—. Soy, o más bien era —y al decir esto la mujer sonrió melancólica—, del Japón. ¿Y usted?

—Gabriel García Márquez —dijo el llamado “Gabo” no sin notar al decirlo cierto envanecimiento y cierto involuntario engolamiento de la voz —. De Colombia.

Curiosamente, la mujer no pareció conocerlo.

—Disculpe —prosiguió el confuso escritor—. ¿Usted habla español?

—Claro que no —replicó la mujer—. Todo el tiempo le he hablado en japonés.

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