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Reivindicación de las palomas. Microrrelato de Luis Bolaños

Reivindicación de las Palomas:

Rememoro el palomar que teníamos en casa, en la Calle del Curato de Santo Toribio, y los consejos de mi abuela “Cuando agarres un pichón antes de devolverlo al nido ¡Escúpelo!, la saliva borrará el olor de tus manos”, si evadía la recomendación al día siguiente aparecía muerto a picotazos, llamado poderoso a colocar mi atención en un ave que representaba la paz y en simultánea capaz de liquidar a su descendencia, empecé entonces a despreciarlas, peor aún cuando se convirtieron en “ratas aéreas” (China Mieville lo recoje espectacular en “El Azogue” con los extraños animales escapados de los espejos), pero en contra de la maldad del capital podía recuperlas.

Luis Antonio Bolaños de La Cruz

Reivindicación de las Palomas:

Luis Antonio Bolaños de La Cruz

Explicar el largo proceso hacia la caída del capitalismo puede resultar largo, pero podemos condensarlo en:

“techos por doquier” (límites al crecimiento basado en la tasa de ganancia),

resurgir de la ética (obstáculo crucial a la corrupción) y

“crisis ambiental” (destrucción de hábitats y aniquilación de especies y personas)…

y pensar que todo empezó con las palomas, no sólo se comprobó que podían distinguir entre palabras reales e irreales, sino que podían comprender y ser capaces de concebir mensajes:

  • gracias a una maravilla de la biología sensorial aplicaban su sistema de navegación, basado en la brújula magnética que llevaban alojada en la corteza visual del cerebro, a dos procesos en simultánea: a realizar cálculos matemáticos colectivos que podían expresar con un propósito-, y aplicarlo a los protocolos de que usaban en sus virajes para formar figuras en el aire

lo que decían a través de las palabras que dibujaban las bandadas mientras volaban representaba consignas y expresaba un manifiesto político: REBELION DE LO VIVIENTE HASTA ALCANZAR LA LIBERTAD.

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Los juegos del Ano: Ruggplug. Por Luís Bolaños

Con el mismo espíritu poético del juego y el erotismo de una Histoire de l’œil , Luís Bolaños nos presenta un crucial partido entre planetas, en que la destreza, encanto y curiosidad que despierta el órgano anal es el principal ingrediente en donde la estrategia y habilidad de los participantes es crucial para dirimir un asunto de importancia cósmica. Les compartimos esta genial short story de una de las mentes más febriles de la ciencia ficción colombiana.

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Luís Antonio Bolaños de La Cruz

La lectura de Jack Vance además de adictiva se instala en la memoria, retoñando en melancólicas imágenes donde lo nunca sucedido es aceptado como acompañamiento de nuestras sueños, le rindo homenaje al Hussade (en Trullion: Alastor 2262) deporte extraordinario y su manera de plasmar mundos en el relato; pero eso ocurre para mí en el marco de la lectura sobre un partido crucial para Sudáfrica en la biografía Playing the Enemy: Nelson Mandela and the Game That Made a Nation de John Carlín, aunque aquí no es para unificar a un país sino para darle oxígeno a una cultura con problemas; forma parte de mi Saga del Imperio Decadente, en la diáspora tras la caída; finalmente, creo que no hay muchos relatos de CF que muestren cariño por el ano y creí que era el momento de que ocurriera.

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El derrumbe del Imperio trajo consigo una avalancha de cambios, entre los mismos una oleada de paz… pero lo cual no significaba que desaparecieran los conflictos, una manera popular de resolverlos se articuló en torno a las competencias deportivas.

En las postrimerías de la expansión imperial, cuando ya empezaban a surgir las rebeliones, la megarca (de las flotas de colosales naves vivientes multiusos con módulos diversos interconectados que deambulan por el espacio sideral arreglando, componiendo y potenciando los sistemas estelares) Sembradora Tuf-21 culminó la tarea de terraformar un par de planetas en las órbitas adecuadas de la estrella Coxumel; aprovechando las circunstancias adulteró los suficientes datos e informes para alargar el período de adjudicación y permanecer semialetargada fuera de servicio; luego los combates fueron prioritarios y la Tuf-21 se dedicó a realizar “mejoras y experimentos” mientras las prioridades se modificaban y su misión se traspapelaba y estiraba, merced a esas “mejoras y experimentos”.

La zona permutó de manos un par de ocasiones, pero no llegaron a darse batallas aniquiladoras en el entorno, así que al final de la contienda los dos planetas terraformados pendían como un par de frutas maduras para ser masticados, sorbidos e integrados a los procesos del sistema, de uno de ellos no cabían dudas a quien lo adjudicarían (Aldacán a Vallis, por ser casi su complementario), pero Gitte al borde de la zona de confort requería un arbitraje, y allí se introdujo la corriente deportiva para encontrar solución.

Sólo que la propuesta aprobada fue la de realizar un único partido de Rugplugg entre las partes en pugna (dos planetas interiores con graves problemas para reproducir su existencia con dignidad: Chasma, de asfixiantes desiertos de arcilla roja con algunos lagos pequeños; y Heromote, con un par de océanos, pero casi sin árboles y cubierto de gramíneas), convirtiendo el arbitraje en espectáculo masivo con los medios pendientes de cada minucia para extraerle jugo mediático; se consumaría en la propia superficie, donde se habilitaría un perfecto cuadrilátero dividido en dos mitades sucesivas a partir del centro, las líneas serían cordones de materiales que teñirían el rectángulo de 200 metros de largo por cien de ancho con los colores primarios característicos del Rugplugg.

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El Otro Noé, por Luís Bolaños

El Otro Noé

Luís Antonio Bolaños de La Cruz

Deviene evidente que me burlo de los fundamentalistas religiosos a través del film de Darren Aronofsky con el estilo barroco de Alistair Reynolds, pero con diálogos sarcásticos al estilo Jack Vance, ellos no son culpables del resultado… excepto los fundamentalistas, para quienes va mi desprecio.

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Brotamos en el centro exacto de la flor de dispersión del cuadrángulo que funcionaba como plano Mobius de salida. Seguíamos siendo, excepto algunas moléculas particulares que no provocaban “Efectos Mariposa”, los mismos que ingresamos a miles de años luz de distancia. Usando cierto sesgo angular con determinada velocidad, manipulamos las dimensiones geométricas múltiples que brotaban en el delgado cubo imaginario gracias a las potencias desencadenadas por el agujero negro sujeto a la celda de proa, creadas para que nuestro navío estelar pudiera perforara el plano Mobius de entrada. La maniobra debía copiar y coincidir con aquella efectuada por la sonda exploratoria (una del casi centenar lanzadas) que entregó los datos prometedores que intentaríamos corroborar.

Arribar podía ser casi instantáneo pero igual significaba revisar y observar con detalle, holomapas, nubepuntos, virtuaescenas, grafitempos y metadatos que los multisensores de la sonda recogieron, lo que nos entusiasmaba en inicio era la inmensa estructura recostada sobre las vértebras de una cordillera que sugería habilidades técnicas superiores para su construcción; nos atraía sin que despreciáramos las bullentes pirámides alimenticias oceánicas, ya que aunque los inmensos continentes (cuatro, los dos menores ecuatoriales y los dos polares megalíticos), los tropicales atravesados por monumentales ríos, se vestían con infinidad de plantas, se extrañaban reptiles, anfibios, aves y mamíferos o sus equivalentes, sin embargo sus corrientes repetían la situación marina de abundancia dinámica de especies de peces.

¿Qué ocurrió que lanzó a la evolución a un callejón sin salida? se repetían los exobiólogos. ¿Qué terrible evento geológico devastó los continentes despojándolos de especies y registros pétreos superficiales que revisar? hesitaban los geólogos abrumados por las contradictorias lecturas que provenían de cuantificar el agua retenida en los campos de hielo de los dos continentes polares.

Nos dividimos la tarea y mientras equipos de biometría medían cardúmenes y tasaban cotas de extracción con la intención de constituir una factoría automática que congelara y almacenara filetes en espera de las falúas automáticas de recolección proteínica, otros auscultamos los cientos de kilómetros del esqueleto brutal y ciclópeo que yacía desparramado por cumbres y laderas. Ya no cabía duda de su artificialeza, los patrones geométricos, la profusión de reiteraciones, la distribución de espacios, pasillos, salas y habitaciones, la profusión de habitáculos (quizás un par de millones), abundancia de líneas rectas por más que las dulcificaban suaves curvas, los módulos que se sucedían sin descanso como acicateados por una obsesión eran demostraciones de ejercicio arquitectónico motivado.

Los equipos designados descendieron al pozo de gravedad en chalupas iónicas (la combinación de estirpes tecnológicas brindaba óptimas elecciones ligadas a los itinerarios de acción) tras distinguir aquellos puntos que por su variedad permitían establecer de primera vista las características del pecio. Un guirigay electrónico abarrotó las frecuencias turbando el apacible control que efectuaba de manera cotidiana la sensoesfera, que lo incorporó y redistribuyó para que fluyera y se reconociera como propio

Sin embargo las impresiones eclipsaron los guarismos. Las emociones tiñeron de sutilezas interpretativas lo que descubrían. Un terreno desconocido se abría ante los exploradores. Con frecuencia lo tocado se derrumbaba, lo interpelado se desvanecía, lo recorrido se modificaba, al avanzar introducían una ola de devastación que ponía en peligro la identificación indagada de la ruina, así que en medio de una lluvia de escamas (catalogadas como metálicas, plásticas o silicoides) que trastocaba los protocolos de registro decidieron regresar.

Preocupados, los tripulantes decían –Ya deberían haber retornado– se masticaba la tensión, lo cual era constructor, aportaba elementos poco frecuentes en lo habitual.

–Sí, pero aun demorándose no comprometerían la misión. Les ha ocurrido algo inusual pero operable– agregaban quienes deseaban tranquilizar los ánimos. Una leve inquietud estremecía los corredores.

La IA captó la incomodidad y lanzó un interrogante: – ¿Y qué desean hacer? –Mirándose unos a otras decidieron que era el momento de citar a asamblea para debatir.

–Consultaremos a la gente cual será la táctica a seguir –se dijeron, pero no sin cierta ofuscación. No era frecuente que las respuestas eludieran al consenso de la sensoesfera

–Aportar rutas de solución será enriquecedor. Podremos elucidar las tácticas a seguir para develar el misterio– de inmediato cada cual desde sus saberes se dedicó a escudriñar en sus memorias adicionales o en los múltiples sistemas de recuperación de archivos. Se organizaron apuntando a la presencia de la mayoría (muy pocos quedarían en servicio pero igual estarían conectados) ya fuera en el magno auditorio o a través de las pantallas.

La expectativa crecía, se palpaba, un hálito recorría casi eléctrico la miríada de peritos que escrutaban el misterio. Tras el condumio se pasó a la presentación de los hallazgos, ninguno satisfacía, ni tampoco saturaba las incógnitas con certidumbres…. Hasta que una exozoóloga jovencísima y un entrelazador ya maduro solicitaron la palabra y la imagen, para exponer una fábula que encontraron en arcaicos textos, y que permitía fundamentar las ruinas del megabarco mediante una concepción holística de la arquitectura ligada a un propósito, sostenían que así provocaba efectos en la percepción, se denominaba “el Arca de Noé”.

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ORÁCULO,

Tenemos el gusto de presentar la historia ORÁCULO del escritor español Francesc Barrio @tadeoki

Si os gusta su historia podéis comprar su novela en Amazon: Arthur al otro lado.

También podéis visitarlo en su página web: https://noencuentroellitio.wordpress.com/

Ahora sí dejad lo que estáis haciendo y  leed esto (recordad que lo visteis en Mil Inviernos, la revista de lo fantástico y la ciencia ficción de habla española y pueltolicana):

 

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Dream by shiprock (cc 3.0)

 

ORÁCULO

 

Alma despierta súbitamente, espantada, envuelta en sudor. Aun con la respiración forzada, se siente desorientada, perdida. Del susto, se ha reincorporado en el futón sobre el que descansa. La luz de la luna menguante ilumina tenuemente el interior de su habitación, permitiéndole orientarse. Intenta tranquilizarse. Se levanta, sale de su cámara y se dirige a una de las salas comunes. Coge un tazón y extrae un poco de agua del aljibe. En la Comunidad se respira la calma propia de los instantes previos al amanecer. Apenas se escucha poco más que la acompasada respiración del resto de mujeres de las Penitentes. En el exterior se distinguen los sonidos de la vida nocturna. Perros salvajes, rapaces, insectos, todo tipo de criaturas en plena actividad bajo el manto de estrellas que todo lo cubre.

Se acercan unos pasos pausados que reconoce inmediatamente. Se trata de la abuela Marcia que se acerca por el pasillo con una vela encendida en la mano.

–Últimamente no duermes muy bien, cariño –dice la anciana. Alma la observa expectativa. Su elegante melena canosa aún mantiene vestigios dorados. Su mirada azulada, que en ocasiones resulta fría, es ahora tierna y amable–. Te haré una tisana. Acércame la valeriana y la melisa, por favor.

–Tú tampoco duermes mucho, Aya –dice Alma rebuscando entre los tarros de hierbas.

–Yo nunca duermo mucho cariño, ya lo sabes. A ver, ¿qué ocurre? –Dice Marcia mientras pone a calentar agua en un cazo de barro.

–Nada, una pesadilla. Ya hace tres días que me ronda. –Su voz suena apesadumbrada.

–Umm, suena serio. Cuéntame.

–He soñado con mis niñas –empieza a narrar Alma, pensativa–. Siguen una senda por el medio del bosque. Es oscuro y, entre los árboles, se distingue una gran columna de luz que parece ser su destino. Yo estoy con ellas pero, a la vez, no estoy, simplemente las veo. Llegan a un claro. Están ansiosas y entre ellas charlan animadas. Del centro del claro surge esa gran columna de luz. Harían falta al menos veinte mujeres para rodearla con los brazos extendidos. Ellas se miran sonriendo. Saben que ya han llegado. Dejan los bártulos en el suelo, se dan las manos y se acercan a la luz. Pero, de repente, todo cambia. El cielo estrellado se transforma en tormenta, la columna ya no existe y en su lugar sólo queda una gran losa de piedra negra que irradia un calor incómodo. Ellas se sienten traicionadas. Alguien las ha engañado. Pero antes de que se giren y puedan huir de la trampa, son asaeteadas. Primero cae Anya, con una flecha que le atraviesa el corazón. Luego cae Siana con un corte profundo en su cuello. Y por último, intentando correr, cae Mysia con varias heridas en la espalda. Veo como mueren las tres. Y entonces despierto, desesperada, con un grito ahogado en mi garganta y el corazón encogido.

–Ya deberían haber vuelto, ¿verdad? –Dice la anciana tras unos tensos instantes. El agua ya hierve.

–Sí, deberían haber regresado hace tres o cuatro días. Creo que les ha pasado algo. Lo siento en mi interior.

–¿Y qué quieres hacer? –Mirándola fijamente a los ojos, Marcia le acerca su infusión.

–Iré a consultar al Oráculo –contesta Alma no sin cierta turbación.

–Será peligroso. Tendrás que cruzar toda la ciudad. No deberías ir sola.

–¡Debo ir sola! –Contesta Alma con intensidad para seguir luego de manera más pausada–. Son mis hijas, yo las envié y yo las he perdido. No voy a involucrar a nadie más. Partiré cuando anochezca y, si todo sale bien, estaré de vuelta al amanecer. No correré ningún riesgo innecesario.

–Si es lo que has decidido, que así sea.

–Es lo que he decidido.

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LUZ EN LO PROFUNDO, por Daniel Guillermo Castellanos O.

Luz en lo profundo

Daniel Guillermo Castellanos Ortegón

Keiko venía a La Tierra, procedente del planeta Orbe, ubicado en las inmediaciones de la constelación de Andrómeda, su raza se caracterizaba por tener cualidades éticas, algo que en La Tierra se había perdido con el paso de los años. Keiko antes de entrar a la atmósfera terrestre pudo darse cuenta que algo andaba mal con los valores en un región específica del planeta azul, vio en su receptor de valores, que Colombia tenía índices muy altos de corrupción, pensó que enseñar ciertas normas de mundos con civilizaciones alejadas del robo estatal, vendría muy bien para los habitantes del país sudamericano.

Aterrizó en horas de la madrugada en el parque Tercer Milenio de la capital del país, todo porque el indicador de corrupción le alarmaba de la cercanía de la zona de conflicto de valores, cuando bajó de su nave vio en los alrededores personas que dormían en la intemperie, algunos quedaron sorprendidos, y pensaron que lo que estaban viendo era producto de los alucinógenos que consumían normalmente.

Keiko comenzó a relacionarse con algunas personas, preguntando sobre corrupción, porque su receptor captaba señales de pérdida de valores, uno de los hombres que parecía estar en sano juicio le respondió que la corrupción lo había dejado en la calle, y que la equidad no existía en Colombia, el humanoide orbetano descubrió que la corrupción era el detonante para más problemas, en el mundo de Keiko estas fallas de equidad eran mitos de antiguas generaciones.

Fueron llegando cada vez más curiosos, personas de muchas edades que se disponían a ir a sus trabajos, pero quedaban sorprendidos por la nave, Keiko, pese a ser de otro mundo, tenía una fisionomía similar a los humanos, solo que él en su interior tenía dos corazones y un cerebro más grande.

Mujer cargando agua

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La multitud comenzó a escuchar el discurso del extraterrestre, la mayoría por no decir todos, estaban de acuerdo sobre el fin de la corrupción, parecía que las palabras que salían de Keiko fueran mágicas, todos tenían un pensamiento unificado, era un virus positivo y sano que se propagaba en las personas, todos querían ir a las coordenadas 4°35′51″N 74°04′35″O lugar del problema.

Cientos de personas marcharon hacía el capitolio, encabezando el grupo de marchantes estaba Keiko, que era alimentado por la energía que emanaba del gentío vociferante, con su don discursivo persuadió a los protectores de las puertas del emblemático edificio, el extraterrestre y sus acompañantes entraron.

Cuando Keiko habló con los líderes políticos, notó que su poder de convencer no surtía efecto en los oscuros personajes, los pícaros tenían su propio poder de convencer a los desprevenidos, y lograron llamar a la fuerza de seguridad para sacar violentamente a todos los manifestantes, el extraterrestre actuó de forma desesperada para escapar de la situación, activó un dispositivo que expulsaba un gas que originaba que todos hablaran con la verdad, el efecto duraría 4 años, tiempo estimado para llevar las mentes de la oscuridad a la luz.

La duda, por Luís Antonio Bolaños De La Cruz

Hoy presentamos un nuevo relato de Luís Antonio Bolaños De La Cruz, esperamos lo disfruten tanto como nosotros.

La Duda

(viñeta del Imperio Decadente)

Luís Antonio Bolaños De La Cruz

Partí de un sueño erótico de mi ya lejana juventud, cuando estudiaba en la Universidad Industrial de Santander, lo mezcle con una pulgarada de “Las 43 Dinastías de Antares” de Mike Resnick, una pizca de “La Ciudad de Piedra” de GRR Martin y añadí el ambiente de La Madonna de Clive Barker, y una situación de “Los Escándalos de Crome” de Aldous Huxley, este es el resultado y que me perdonen los autores nombrados.

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Nuestra nave arribó a la órbita de Prim Klam con cierto adelanto, así que mientras el carguero semejante a un conjunto de burbujas aplastadas unas contra otras y acribilladas de perforaciones que permitían el flujo de las gabarras con mercancías hasta los ganchos de anclaje en los colosales hangares -distribuidos en el eje que albergaba a los reactores de hiperimpulso-, iba rellenando sus bodegas, nos permitieron bajar a su superficie. Eramos disciplinados y creíamos en la Reconstrucción de la República tras la caída del Imperio.

Me animé dispuesto a convertir la experiencia en motivo de placer. Cada cual cuando aterrizamos se dedicó a cumplir con las exigencias de sus obsesiones; la mía que era recorrer mercados y monumentos encontró en las megamoles del barrio comercial suficientes escondrijos que visitar. Se sucedían templos con esqueletos embutidos en las paredes metálicas con exposiciones de cópulas interespecies.

Me detuve con algo de cansancio al pie de una titánica cúpula que parecía haber gozado de mejores tiempos, semienterrada en la ladera arenosa que delimitaba el cuenco en que se esparcían las instalaciones del puerto; un susurro me distrajo, al inicio no encontré su procedencia, pero al repetirse comprobé que se emitía desde un paquete de harapos en la escalinata, al mirarlo observé su semejanza con un cuerpo humanoide y me acerqué para dilucidar su ronquido, había alcanzado a interesarme.

Lento, con frecuentes pausas, y a medida que avanzaba en su relato con mayor claridad, supe de las circunstancias de su desgracia. Compartió una preocupación y remarcó que tras perder sus fuerzas y ser arrojado al exterior de las minas de coltan, adoptó una misión: advertir a cada joven que cruzara por delante del edificio lo que podía sucederle si ingresaba: en su caso la arrogancia lo condenó, ignoró los signos y se extravió en los vericuetos de la trampa que se tendió a si mismo, para proseguir quería el equivalente a una cena, no escatimé mi óbolo y me dispuse a escuchar sentándome a su lado en el polvo de la grada vecina. Estas fueron sus palabras:

Estoy paseando en un salón enorme de paredes de protoplasma vegetal que gira en espiral, nudos marrones y cintas verdes lo atraviesan, está tachonado con negros conjuntos de pantallas circulares que simulan ejercicios coreográficos en su interior, apenas discernibles por los fogonazos plateados de los escorzos ejecutados que capta su superficie, sólo por eso era notable la sala, trate de tocarlos y la flexible epidermis registra los sensores de mi dedo pero no se abre para que pueda degustar la información acumulada en los movimientos. Tras distraerme interactuando con las figuras me coloco en postura de loto en un almohadón en lo alto de una columna, desde el cual me deleito con los cuerpos que se enraciman en las piscinas sucesivas que caen en cascada.

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Cosas de Niños, por Josef Amón-Mitrani

Cuento reproducido con la gentil  autorización del autor © (todos los derechos le pertenecen a él)

 

Cosas de Niños

Josef Amón-Mitrani   

Naturaleza muerta con verduras y fruta - Vincent Van Gogh

Naturaleza muerta con verduras y fruta – Vincent Van Gogh

Se había quedado tanto tiempo, tanto, mirando las frutas del frutero que había decidido, así nomás, (de tanto mirar las frutas), que la vida, la vida de los hombres, no podía funcionar de la manera como había estado funcionando. Era imposible, completamente imposible, el hecho de tener que ir a la tienda y pagar (¡pagar!) para comprar una uva, una piña, una mandarina…

      Había pasado tantos días, tantos, sentado en las olas y en la olas que iban y venían como una mariposa que se ve en lo lejos de las cosas. Había pasado tantos días así que se había parado de las olas y había ido corriendo donde su padre y le había preguntado que cuánto había costado el derecho de poder sentarse y mirar las olas. Es que había podido mirar las olas durante tanto tiempo, tanto, que era un tiempo casi infinito el que le habían dado para pasar sus vacaciones en las olas. “¿cuánto pagaste, Pa?”, “¿cuánto cuesta mirar el mar?”. Y Pa, sabiamente, le había explicado que mirar el mar no era lo que costaba, que lo que costaba era la habitación del hotel, la comida del bufé, “el espacio- decía Pa- , lo que cuesta es el espacio desde donde se puede ver el mar tan bonito”.

     Le había dado vueltas y vueltas al asunto, la cabeza hecha ladrillo y carne y sangre de tanto pensar: “El espacio”. “El lugar, los lugares”. “Lo que cuesta es el espacio”. “El mar -pensaba y pensaba- es sólo agua. Es sólo agua grande que está. Es. Es agua que está ahí”. “¿Por qué cuesta mirar el agua?. No, no, lo que cuesta es poder tener un espacio para poder mirar el agua”. “¿Y las frutas?”. “¿Qué pasa entonces con las frutas?”.

   

    ¿Qué era lo que costaba de las uvas?, ¿acaso era el espacio para comer las uvas?, ¿no eran las uvas lo mismo que el agua?…”Papá, papá, ¿cuánto cuesta comerse una piña?”. Y Pa, sabiamente, le había explicado que lo que costaba no era el comerse la piña, sino la piña misma. Le había explicado que lo que se paga es el trabajo que cuesta conseguir una piña. “¿De dónde vienen las piñas, Papá?, ¿por qué cuesta trabajo conseguir una piña?”. Y Pa, sabiamente, le había explicado que la piña (ananá) viene de una linda planta que crece en la tierra, en los campos donde trabajan duro los campesinos…”¿y cuánto cuesta una planta de piñas, Papá?…No, no me respondas, Pa, creo que ya estoy aprendiendo. Lo que cuesta no es la planta, sino el espacio donde crece la planta. El lugar. Una uva, una ola, todo eso cuesta lo que cuesta un espacio, papá, ¿no es así?”.

Naturaleza muerta con cafetera, loza y frutas - Vincent Van Gogh

Naturaleza muerta con cafetera, loza y frutas – Vincent Van Gogh

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