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La ciencia ficción árabe por Cristina Jurado

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tomada del eurocon2016

En el marco de EUROCON 2016, la escritora de ciencia ficción y fantasía, además editora,  Cristina Jurado (Más Ficción que Ciencia), presentó la situación de la literatura árabe de ciencia ficción-fantasía (aclarando previamente la dificultad de esbozar una distinción clara en estos países de estos dos tipos de ficción).

Los temas de ciencia ficción más abordados en estos países, según expone Jurado, son las distopías, el tema del Tiempo y Espacio (como subversivos de una visión religiosa arraigada) y lo que se puede denominar como “Futurismo del Golfo”, término acuñado por Sophia Al-Maria. Así mismo, la autora resalta el papel de las mujeres en este género en países árabes, contando con grandes escritoras como Noura al-Noman.

Este es el registro de la charla de Cristina Jurado sobre ciencia ficción árabe:

Reflexión Molecular sobre la interfase entre mainstream y Ciencia Ficción. Por Luis Bolaños

Reflexión Molecular sobre la interfase entre mainstream y género de CF (Luis Antonio Bolaños de la Cruz) domingo, 1 de noviembre de 2009 / Ciencia Ficción Perú

atwoodoryx.pngDiversos artículos a lo largo de los dos últimos lustros (recuerdo por ejemplo, uno de Niño de Guzmán) me ha suscitado diversas emociones, indignación pero también lástima, por eso deseo empezar con un tándem que vincula mis dos definiciones más queridas de CF:

“Es la rama de la literatura fantástica que se dedica a especular sobre las variables fundamentales que caracterizan a la humanidad –y sus anexos- en todo tiempo y lugar” (la clave aquí es fantástica, no tecnológica) y

“La CF es el género o subconjunto literario que al funcionar como agujero negro da cuenta de los demás subconjuntos literarios y del conjunto mayor o mainstream” (la clave aquí va de inclusión a adsorción, ya que apenas desde cualquier otro género o del mainstream pueden abordarse esos temas anteriores que son el fundamento de todo relato de CF).

Es más, parece que los acercamientos referidos a la segunda definición, convierten a los textos que abordan su interpretación en verdaderos objetos en el borde del anillo de Schwarszchild de un “black hole”, o sea que caen o son atraídos dentro de la CF, lo cual provoca no poco desconcierto en aquellos críticos que relegan o ningunean a un género, tan complejo que es capaz de realizar semejante artificio y embutirse lo que se acerca sin contemplaciones. De allí la proposición de subconjunto que da cuenta, en palabras de Douglas Adams, de “la vida, el universo y todo lo demás”

Lo cual significa por un costado, que la CF es profundamente humanista (percibida desde la vertiente fantástica por las preocupaciones esenciales que promueve), y por otro lado que cualquier relato que se aproxime a su anillo temático de Schwarszchild es devorado irremediablemente por ella –recordar que una vez encajado le ocurrirá lo mismo que le sucede a cualquier materia, energía o información en el interior de un agujero negro: será incapaz de abandonarlo- y eso a pesar de los plumajes erizados, las negaciones a porfía, las doctas disertaciones sobre la trascendencia y la incapacidad de numerosos críticos para asumir que un género despreciado por su vinculación inicial con los pulps, pero denominado a la posteriori como “literatura culta para masas”, pueda esgrimir esas características.

Por eso recurren al ajado argumento que sostiene que cualquier obra de un escritor de mainstream no puede ser CF… porque la trasciende. Ante semejante contumacia no queda más que carcajearse cuando leemos a Philip Roth y su ucronía (que por cierto no es descubrimiento de él como se atrevió a decir algún crítico despistado) o a Ishiguro y su novela “Nunca me abandones”, tan parecida a una novela de Michael Marshall Smith (Clones) o al film “La Isla”. En este punto recuerdo la provocadora frase de Michel Houellebecq rubricando que lo único trascendente de la literatura del Siglo XX es la ciencia ficción.

Y ahora ocurre igual con el ganador del Pulitzer Cormac McCarthy y “La Carretera”, espléndida y brutal novela de CF, que ha originado un diluvio de comentarios elogiosos en blogs, revistas y periódicos, donde por lo general la tildan de postapocalíptica, pero eluden señalarla como perteneciente al género (alguno vergonzante dirá que es cercana); no obstante para los aficionados no existe motivo de engaño, les recuerda tantas y diversas peripecias descritas por David Brin (El Cartero), Robert McCammon (Canto del Cisne), Stephen King (Apocalipsis), Sonya Dorman (Corre, corre, corre, dijo el pájaro), Plop, un auténtico descenso a los infiernos debido a la pluma de Rafael Pinedo, o Richard Corben (Mundo Mutante) o las diferentes series de aventuras postcatástrofe (ambiental o atómica o cualquier otra causa) que las historietas argentinas de Columba y Skorpyo se esforzaron por esparcir en América del Sur. Quizás la diferencia fundamental estriba en el estilo, breve, compacto, èpico y casi poético de la triste novela, y no en la lacerante, áspera, sin resquicio para la esperanza, terrible acontecimiento que nos despliega, y que tan común es a ese tópico particular de la CF. Y es que tenían que leerlo proveniente de un autor “normal” para reventarle cohetes y prodigarse en elogios.

Parafraseando a Harry Harrison repito para comparar: que una vez veías al cowboy cabalgando hacia el sol rojo de un atardecer o seguías los incidentes que franqueaba el antihéroe de una novela negra para solucionar un crimen, las habías -en cierto modo- leído todas, pero la infinita gama temática de la CF que se expande como la galaxia o que siguiendo con el icono del “agujero negro”, interactúa dinámica con su entorno literario: tragando lo que colinde o se acerque, girando sobre si misma para morderse la cola y/o parodiarse, vibrando e insertándose en otros soportes (historietas, comics, películas, música, teatro, modas) con un talante peculiar: por sus características genera una distorsión extrema en tiempo y espacio; y encima, va creando la masa crítica que permite prepararse para la novedad, medida por la fuerza gravitatoria que ejerce en la humanidad (en el listado de los filmes más vistos -y tomando en consideración que el cine es el arte del siglo XX como decía Lenin- la mayoría son pertenecen al género y ni se diga de la tecnología que usamos en la actualidad, soñada o propuesta en sus textos desde el siglo XIX)

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Carta a un novelista raro

Esta carta forma parte de una serie de respuestas de Julián Andrés Marsella Mahecha a la numerosa correspondencia que recibe  a diario de aspirantes al mundo del parnaso literario, cultural y académico.

novelista

Señor mío: es usted un trapacero, un soberbio como todos los que presumen modestia. Sus temas excéntricos no son más que un escapismo a su vida de mierda y a la sociedad de mierda que le tocó vivir. Hace gestos neoborgianos y busca serle gracioso, como cualquier truhán, a los académicos del país de Borges.

 ¿No se da cuenta, bellaco, que usted debió dedicarse a conducir un autobús de servicio público y a escribir florilegios que gustaran a las señoras? Así tendría más dignidad y mucha más altura en el arte poético.

He leído, con detenimiento, sus ensayos llenos de entelequias y erudición propias de los que se apoltronan en los congresos de profesores de literatura;  el reconocimiento que se le hace es una nueva legitimación de la academia,  como si esta tuviera algo creativo que expresar. Y usted es el peor ejemplo de ella: sus respingos de hombre de cultura cosmopolita solo pueden enternecer a quien advierte que, tras su figura, hay un cúmulo de desgracias que usted ha tapado, no por dignidad sino por infamia pues usted teme a la humildad.

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Carta a un joven pusilánime

Esta carta forma parte de una serie de respuestas de Julián Andrés Marsella Mahecha a la numerosa correspondencia que recibe  a diario de aspirantes al mundo del parnaso literario, cultural y académico.  

Flaco

Usted carece de la humildad de un cachorro, pusilánime. En cambio, le sobra la confianza de creerse mejor lector y escritor que cualquier sujeto que lo rodee. Porque no está de más decir que el mundo lo rodea a usted, como en una hora cátedra en la que el centro de atención son sus doctas palabras. Ha hecho carrera académica y burocrática a punta de gandulerías y obsecuencias para cobardes de su estirpe, pero más viejos.

Porque usted, mi gran pusilánime, es un muchacho jovial; en lo único que parece anciano es en su capacidad para olvidar que sus rasgos son humildes y su cuerpillo corresponde al de un faquín atrofiado. Sus lógicas son las del engaño, el arribismo y el menosprecio por aquellos que se atreven a hacer algunas cosas. Apoltronado en su oficina de investigador universitario, se dedica a leer artículos de revistas indexadas hechas por chafarotes de su laya. Sueña con convertirse en un procurador de la buena y la mala literatura, incluso de aquella que usted presume rescatar de la infamia. Sus gustos son tan comunes, pequeño vulgarote, que mis sentimientos de asco solo son superados por los de pesar. ¡Y  desprecio sentir lástima! por lo tanto, profesarla para con usted, duplica el desprecio para conmigo. Pero con niveles: me tengo en mejor concepto que lo que podría tenerlo a usted, meteco.

Su jeta de mula ha sido un gran desperdicio. Si hubiera sido consciente de usted mismo, habría sido negociante de salchichones. O el tendero chismoso del barrio, aquel que delata al muchacho que fuma marihuana para verse como un santón ante las señoras más groseras de la cuadra. Porque algo he visto: usted es el casanova de las mujeres traspuestas de nuestra comarca. Y eso me enternece, saber que se encama con damas putas que algún día le brindarán esa gonorrea que tanto se merece. No tema, no se le subirá al cerebro, pues éste es de un gonorriento de espíritu. Y gonorrea más gonorrea no potencia a la enfermedad. Como dicen los más hermosos ladrones de nuestras plazas públicas: usted, señor mío, es una gonorrea. Leer Más…

Portal de Ciencia (y) Ficción

 

16691_594034187371832_6071561959933473317_nVideo promocional del Portal comunidad en castellano, dedicado a la ciencia ficción.

Este portal, administrado por Víctor Vila Muñoz (Borg)  es una plataforma gratuita a disposición de personas interesadas en dar a conocer sus creaciones, a la vez que informa sobre un amplio abanico de disciplinas y materias (tanto científicas como de entretenimiento). Quien quiera puede colaborar también en la revista digital de descarga gratuita, publicar artículos en el blog, o participar en el foro de debate y opinión.

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Adiós a la librería Albert. Crónica

Fui a la librería Albert por la compulsión de comprar libros que se precipita cuando estoy solo y no tengo nada que hacer. Nunca me percato de los títulos que adquiero; el criterio de mis elecciones radica en las perspectivas fugaces de hacerme un especialista en las políticas contables de la expedición botánica o en los rudimentos de ciertos alquimistas que me servirán para la construcción de un cuento que se desvanece pocas horas después, cuando arrumo  los ejemplares en mi casa, entre todo ese compendio de volúmenes no leídos.

Así como hay libros que, según los bibliófilos, te esperan para que los leas, otros  aguardan a que los compres y los enjaules hasta que llegue un incendio o el final de los tiempos. Es como un matrimonio que se sabe aburrido de antemano, desde un segundo antes de ese primer beso carente del frenesí de las borracheras y sus insucesos.

La última vez que estuve en la librería Albert vi una antología de la ciencia ficción soviética. No lo compré porque en ese entonces no me inventaba a mí mismo como escritor de Ciencia Ficción. Después, cuando comprendí que mis textículos jamás serían publicados en diarios de amplia circulación o revistas con reputadas firmas de editores premiados como escritores, decidí hacerme uno más del club de los amantes de la Ci Fi y empecé a comprar cuanta cosa viera al respecto. Siempre desprecié a  Star Wars, me pareció una tontería Star Trek y, si algo de ciencia ficción vislumbré antes de mi decisión, fue en ciertas glosas literarias hechas por el egregio ex presidente de Colombia y ya muerto ilustre, Don Alfonso López Michelsen, o en las disertaciones latinistas del carnicero y también egregio ex presidente  de Colombia, Laureano Gómez.

Sí, en esos eructos vislumbré más fantasías y pretendí vincularlas con los textos de Ciencia Ficción que circulaban como alta literatura dentro de un género que marginalizaba en su consabido destierro de las más puras letras de la civilización. Por eso me llené de repudio cuando vi las jetas de desdén de algunos cuantos lectores asiduos al género  después mostrarles mi primer relato; eran como esos policías tan pobres y jodidos como los campesinos que golpeaban con sus cachiporras en los acostumbrados e inocuos paros.

Por esos días recordaba el libro; si algunos evocaban a Philip K. Dick o Burroughs o llevaban a Bogotá a un delirio superfluo como los de Douglas Coupland, yo podía valerme de los soviéticos. Siempre que pasaba por el autobús, Librería Albert tenía las puertas abiertas; estaba al lado de una cevichería y, hacia dentro, se levantaba la oscuridad. En cada trayecto me repetía que debía volver pero no lo hice sino hasta hoy,  cuando ya no me vislumbro como escritor de Ciencia Ficción ni de género alguno y  he retornado a la lectura de los Códigos que dejé, con la convicción de un digno sucesor de Kafka,  apenas salí de la facultad de Derecho.

A medida que atravesaba el umbral de la librería, se incrementaba el volumen  del tecleo furioso de una computadora; la jerga de una doctora que leía actas y artículos del Código de Procedimiento Civil asfixiaba a la oscuridad y al dueño de la librería. A don Albert, si es que es él mismo le puso el nombre al local para hacerse un monumento que ahora se incendiaba en las llamas de los recovecos judiciales. Ella, la doctora funcionaria,  le decía que los plazos estaban cumplidos y que, con su equipo de leguleyos, se aprestaba a realizar la “diligencia”.

Don Albert habló, por teléfono, con su abogado; pronunciaba la palabra doctor  como Dios  es proferida por los enfermos terminales en sus oraciones. Este, el doctor,  por lo que deduje de la charla, le dijo que no firmara nada.

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Un reportaje a García Márquez hecho por Germán Castro Caycedo

García Márquez

¿Por qué nos presentaron, quienes nos enseñaron historia de la literatura de Colombia,  un García Márquez obsecuente y sumiso ante reglas de políticos, críticos y mercaderes? Con el reportaje que le hizo Germán Castro Caycedo en 1976, podemos apreciar a un escritor que no se queja de que Colombia sea  un paraíso exótico, tópico de reinas de belleza, futbolistas y periodistas radiales,  o el país más infame y  asesino del mundo, tópico del chauvinismo ácido liderado por el literato Fernando Vallejo. Tampoco se dedica a impartir una cátedra de lo que es buena literatura o a convertirse en un sensor de los escritores. Quizá las cosas cambiaron después de que le dieron el Nobel o nosotros fuimos educados bajo la sombra de una moral del resentimiento:

 

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