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La literatura fantástica como hecho sobrenatural del Samir Karimo

En la literatura fantástica de habla hispana un suceso como la creación del libro Sobrenatural de Samir Karimo  se debe celebrar, sin modestia, como un fenómeno Paranormal.

Pues es paranormal ante toda esa sarta de relatos efectistas que aún se desarrollan bajo la cándida estructura de INICIO-NUDO Y DESENLACE.

¡Ah! -dirán los mequis-  pero tienes que anticipar un poco del desenlace en el inicio, en el nudo “confundir” al lector y el desenlace que sea un golpe de knock out como decía el maestro Cortázar.

Bueno, – les podemos responder-, en qué clase de tiempo ingenuo piensan que viven y, si les gusta tanto seguir fórmulas, ¿por qué no se ponen a preparar tartas de manzana? , pero suponemos el talento no les da para tanto y tienen que buscar propagar sus relatos de cartilla escolar para niños que son menos ingenuos, cándidos e idiotas que ustedes, a los que sus textos les parecerán una soberana estupidez de adulto y se irán mejor a ver las aventuras de Clarence en Cartoon Network, que tiene más sofisticación narrativa, una comprensión más compleja del mundo y unos personajes más cool que los de ustedes, escritores de quinta categoría que ponen toda su mala comprensión de la literatura bajo el sello de ciencia ficción porque ustedes, más que nadie, consideran que este es un género menor que se ciñe a unas sencillas reglas de inicio-nudo-desenlace, pero metiéndole un robotito o una mujer cyborg y fin: ¿y a eso le llaman ser buenos escritores? Dan pena: aprendan de este tío:

sobrenatural

Portada por Juan Miguel Aguilera

Fragmento de un texto de  Karimo en Sobrenatural:

Hace mucho tiempo que el hombre quiere crear mundos alternativos y explicar el mundo de la ciencia ficción. Por ejemplo, Oscar Wilde afirma que la vida copia el arte, Pirandello, Unamuno hablan de la absurdidad de ella. Fernando Pessoa tiene distintos personajes. Estos escritores tienen , por lo tanto, una forma de apartarse de la realidad. Nadie puede cambiar las reglas de la literatura porque está condicionada por la lengua. Lo que podemos hacer es intentar rehacer textos y personajes y crear situaciones distintas de las que vivimos. Debemos utilizar un modelo, como el Quijote para crear un modelo de escritura y lectura. Es más, los libros hablan con otros (incluso diccionarios) y con otras artes (ekphrasis)- “, hablaba así el sepulturero de la literatura.
– ¡Por lo tanto, no se preocupen porque cuestiones existencialistas son importantes para la supervivencia de la Literatura.” Hablaba así mi cuerpo, Alonso Quijano, representante del Escritor.
– Sí, sí .Somos una suerte de máquina de tiempo que si avanza, sueña si da un paso hacia atrás, imagina” hablaba así Cide Hamete Unamuno, el partidario de los personajes. ..
Me siento ajeno a la realidad…
Samir Karimo no solo es una persona que escribe ficciones ajenas a la realidad “natural”. Como autor, es un escritor ajeno a las categorías. Decimos que es fantástico, pero en esta serie de textos que no se deciden por un género literario: no es cuento, no es poema, no es introduccion… El propio Samir se reclama como una forma literaria:

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Reseña: “Arrúllame Ramona” de Cermeño y Escovar, por David Pérez Marulanda en Cosmocápsula

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Revista Cosmocápsula número 16. Enero – Marzo 2016. Reseñas. Volver al índice Reseña: Arrúllame Ramona David Pérez Marulanda Arrúllame Ramona Andrés Felipe Escovar, Luis Cermeño Senderos Editores Bogotá 2014 “Arrúllame Ramona” es un cuento a cuatro manos de los escritores colombianos Andrés Felipe Escovar y Luis Cermeño. Aunque en esta ocasión hablamos de una edición por separado, el relato hace parte de una antología de cuentos de los mismos autores titulada Tríptico de verano y un chupacabras, el cual, según su página

Origen: Reseña: “Arrúllame Ramona” por David Pérez Marulanda

Osito Teddy conoce el existencialismo por Michael Ende

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Libro en Biblioteca Pública Virgilio Barco. Bogotá

Desde la conmovedora historia de Brian Aldiss “Los superjuguetes duran todo el verano” no había leído un texto en donde un osito de peluche se interrogara tan arduamente por su propio ser y se cuestionara tanto sobre la artificialidad, como en el cuento infantil El osito de peluche y otros animales, de Michael Ende.

 

 

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La pregunta no nace del oso por sí mismo, es un moscorrofio el que le pica  la duda a Lavable (nombre de la etiqueta que lo bautizó), por supuesto, recriminándolo sobre su aparente inutilidad y su insignificante existencia. El osito Lavable está tirado, abandonado por su dueño, después de que éste creciera, se fuera, y el oso quedara como una parte del mobiliario, encima del mueble, perplejo,  a veces inclinado, sobre el sofá. Al moscorrofio le irrita ver algo tan aparentemente inútil, y le hace preguntar al oso qué hace en este mundo, cuál es su sentido e importancia en este mundo.

Para encontrarlo, Lavable emprende un periplo alrededor del mundo, en que da con  toda clase de animales, que lejos de darle una respuesta, lo alejan, y le hacen sentir diferente, poca cosa y residual. Por los valores que da cada especie de animal al valor de la existencia, se deduce son antropos, sino en forma sí en sustancia, y de allí que uno adivine en cada una de estas criaturas un oficio humano, o unas características propias de cada grupo humano que considera son mejores sobre otras. Allí tenemos al vanidoso artista, al obsesivo calculador positivista, a los odiosos filósofos y pensadores, a los hacendosos obreros. Y el osito Teddy sabe que no puede ser ninguno de ellos, además porque todos lo rechazan debido a que su ser peludo  no se ajusta a los altos valores que estos consideran son los de la existencia.

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Autor e ilustrador, cada uno con un bicho picándole

Michael Ende, maestro de inocular filosofía a través de sencillos relatos, nos brinda una nueva versión del osito de peluche, con una aparente ingenuidad embarga el ánimo de la misma melancolía y confusión epistemológica que el cuento de Brian Aldiss, en fin, la pregunta es sobre la existencia de nosotros mismos y cómo un peluche artificial puede ser más auténtico que toda esa clase de animales que seguros de encontrar los valores en el mundo se pierden de encontrar algo más fundamental, y esto es el amor.

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Porque el osito Lavable estaba hecho sencillamente para amar y ser amado. No les contaré más de la historia. Vayan a la sección infantil de la biblioteca pública, siéntense en el piso, y si encuentran un niño  léanle el cuento, y verán que para eso este libro estaba hecho.
El osito de Peluche y otros animales
Texto: Michael Ende
Ilustraciones: Berhard Oberdieck
Editorial Everest.

A mares, un poemario infantil sobre la playa, escrito por María Jesús Jabato

Por:  Manuel García Pérez

 @ManuelGarciaOri

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Llega a mis manos un nuevo poemario de Faktoría K de libros (Kalandraka), A mares, escrito por María Jesús Sábato e ilustrado con acuarelas por Rocío Martínez. A diferencia de otros textos literarios infantiles que he comentado anteriormente, este trabajo se caracteriza por su aparente sencillez. Destaco aparente porque parece que la autora resuelve cada poema de una forma trivial, meramente lúdica, con importantes concesiones a la rima consonante, pero su intención no es otra que la de crear un corpus de canciones donde se cohesiona efizcamente fábula con musicalidad: “En un cochazo elegante/ por detrás y por delante/ va el tiburón. Hace sonar la bocina/ cuando dobla las esquinas /del mar Menor./ Como es rico y presumido/ dicen que es un buen partido,/ ¡ay, qué emoción!”(pág. 24) . La leve intensidad de las acuarelas de Rocío Martínez son suficientemente descriptivas porque inciden en ese tono cuentístico que recrea cada poemilla de María Jesús Jabato.

Lo que caracteriza a este poemario es que, detrás de ese aparto formal, hay breves anécdotas, microcuentos y chistecillos que establecen una sincera complicidad con el lector. La virtud de esta clase de libros es que, aunque estén dirigidos a los niños, su lectura también embauca a los adultos, pues recuperamos, sin ser conscientes de ese hecho, una nostálgica visión del juego con las palabras que tantas veces aprendimos en la escuela y dentro de la familia.

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Reseña: Para llegar a La Habana, de Enrique Sacerio-Garí

poemas en Bartleby Editores

poemas en Bartleby Editores

Por:  Manuel García Pérez

 @ManuelGarciaOri

Los símbolos telúricos como epifanía de las fronteras o como una épica del eterno viaje al lugar que no existe, salvo en la intención literaria, es alguno de los rasgos que se identifican en el poemario de Enrique Sacerio-Garí, Para llegar a La Habana, editado por Bartleby Editores.

  Su sincretismo estético nace de la emotividad que, para el lector, supone leer unos versos inspirados en una fusión de vanguardia y costumbrismo. La razón de esa épica, como analiza Norberto Codina, en su estudio introductorio a esta edición, destaca por ese “sentido intuitivo e integrador” de travesías y asombros que la literatura de Sacerio-Garí trama con una percusión significativa, pues la tradición oral se impregna de resonancias modernistas que, lejos de un exotismo puntual, refuerzan esa necesidad continua de perseverar en el viaje, de acertar, si es posible, con las razones que nos mueven a huir de nosotros mismos para encontrar en la tierra el descanso de todo lo que nos asombra y de todo lo que se sufre: “Nunca logro llegar/ a La Habana/ por donde sea que ande/ sin volver a partir/ desgarrándome de Sagua/ madera de mis marcos/ madre del río/ honda ciudad/ que sigue/ dando en mí.” (pág. 37).

  Lo que conmueve es ese proceso de transculturación que su poesía refleja, pues los estilos vanguardistas se fusionan con ese verso eficazmente literario, de tradición modernista, que nos compromete, más allá de lo social, lejos de las influencias de Celaya o de Otero, con la propia pulsión literaria: “De cada casa ausente/ hay que bajar/ con vaivén/ de escalera/ sincopada/ sin traje nuevo/ ni copa rota” (pág. 51). La frontera como línea divisoria entre dos territorios, entre la realidad y lo cuentístico, entre los vivos y los desaparecidos, por ejemplo, está sustentada en sus poemas por una resignificación de los espacios; lugares físicos que se tornan en ideales, en difusos, en memoria de los ausentes, en continua pertenencia a lo que se añora con voluntad: “Mañana buscarás/ otras orillas/ recordando todo/ lo que soñaste/ con la memoria/ llenas de colillas/ de la primera noche/ que me amaste” (pág. 58).

  La resignificación de los objetos convierte los utensilios elementales que caracterizan a la comunidad en vívidos estímulos de unas costumbres que ya no son lo que eran, sino que son metáfora de un tiempo acabado, de un lugar que permanece en los tránsitos de la memoria y el olvido, y no en el presente: “No se trata del silencio:/ hay pregones/ de escobas, colchones/ mantecaditos/ (en la memoria)/ timbres de bicicleta/ hermanos que se llaman/ por la ventana/ voces altas/ que discuten/ y se quieren” (pág. 59). Por esas razones, la poesía de Sacerio-Garí no descarta la necesidad del futuro, pero ese futuro es una aproximación constante a un pasado que inexorablemente cambia, lejos de nosotros, por mucho que lo denunciemos, por mucho que se literaturice. Nada escapa a esa imborrable presencia de lo efímero y de la escritura como un proceso que transforma lo esencial, lo vivido realmente, en otra clase de signos atrayentes, fusionados con la inclemencia de nuevas culturas más artificiales.

  Solamente sobrevive el espacio que no huye de la escritura misma: “Corre la arena oscura de tus horas,/ abre todos los soles donde moras,/ nada la ola libre de la gente:/ en cada gota encontrarás la fuente”. (pág. 88).

Cita nocturna (reseña sobre El rey Cophetua de Julien Gracq)

Por Augusto Munaro

Gracq

EL REY COPHETUA

Julien GRACQ

Traducción: Julià de Jòdar

Prólogo: Jesús Ferrero

Nocturna Ediciones

Madrid, España. 2010 (112 Págs.)

 

         

En el día de Todos los Santos de 1917, poco antes de finalizar la Primera Guerra Mundial, el protagonista –un soldado sin nombre que resultó herido en la Batalla de Flandes- recibe un telegrama donde Jacques Nueil –su amigo músico y aviador que no ve hace años- lo invita a su quinta en Braye-la-Forêt. Acepta, desea verlo. El narrador recorre un umbrío camino hasta llegar a la apartada casa, no muy lejos del mar, cuyo bramido se deja oír dándole al sitio una atmósfera ligeramente espectral. Pronto surge un inconveniente. Lo recibe la sirvienta de la villa quien le informa que Nueil está retrasado. El tiempo transcurre, las horas pasan y el arribo de la noche es inevitable. La angustia en esa “casa ensimismada” se torna ineludible. La demora se acrecienta hasta transformar la espera en el tema central del libro.

Como en Esperando a Godot, de Samuel Beckett, o mejor aún, El Castillo donde Franz Kafka sitúa a su agrimensor en la situación de espera continua, sin –además- jamás alcanzar su objetivo, Julien Gracq (1910-2007) pareciera retomar esa idea de demora, pero orienta la narración hacia otra dirección expresiva. Detrás de un elaborado esquema de gestos formales (frases largas y derivativas), hay un afán por dar con una prosa muy elaborada. Esfuerzo que se traduce en la lograda densidad atmosférica. Un equilibrio de sintaxis que induce a querer avanzar frase a frase, página a página, siguiendo la progresión del relato a través de un tempo curiosísimo. Una vivacidad descriptiva que responde a una cohesión (el pendulante dinamismo de la contemplación) al borde de la irrealidad. Juego exquisito que se luce entre los objetos de las habitaciones donde el personaje espera/desespera, y el laberinto de preguntas vertiginosas que esas sensaciones despiertan en él. Pues es allí en ese escenario reclusivo de luces bifurcantes y sombras enlutadas, donde se produce esa suerte de armoniosa coreografía que no es otra cosa más que el pulso suntuoso de una búsqueda interior. El movimiento del espíritu entendido como si se tratase de un único e ininterrumpido plano secuencia, donde la criada y quien rememora la historia (dos desconocidos prácticamente anónimos hasta esa noche) son asediados por las circunstancias del momento.

Al igual que en El mar de las Sirtes (1951), con El rey Cophetua (1970), Gracq alcanzó un virtuosismo extremo de contundente fuerza expresiva utilizando hasta los detalles más mínimos como si fueran los elementos de una liturgia. Cada gesto, cada mirada resulta esencial a la hora de vislumbrar las motivaciones de los personajes, para entender sus vicisitudes y elucubrar sobre sus posibles destinos. No ha de sorprendernos que ese esfuerzo por la exactitud narrativa, cargado de simbolismo, lo llevó a que sus discretas novelas no hayan alcanzado una gran difusión. La suya es una mirada rigurosa, densa, que se demora en los intersticios de la realidad –espacio peligrosamente indeterminado- para glosar sobre los procesos de incomunicación y aislamiento de las personas.

La importancia de Barranquilla 2132 en la ciencia ficción colombiana

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Esta reseña fue publicada originalmente en el  dossier dedicado a la ciencia ficción en Periódico de Libros.

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La importancia de Barranquilla 2132 en la ciencia ficción colombiana.

Por:  Luis Cermeño

 

En la breve novela de José Antonio Osorio Lizarazo, Barranquilla 2132, se pueden encontrar varios elementos que reafirman la noción de que la ciencia ficción es un género dedicado a dar cuenta de las tecnologías futuras, especulaciones tipo Julio Verne y Arthur C. Clarke, cuyo éxito depende de lo ajustado de tales predicciones en determinado tiempo.

Hallamos en Barranquilla 2132 las siguientes tecnologías que, podemos aventurar, el autor colombiano pudo prever acertadamente, evidentemente con otro lenguaje y a la luz de otro tiempo: Criogenia, Internet, impresoras, tabletas, bomba atómica, música trance y la sofisticación de los aparatos de espionaje.

Más allá del enfoque tecnológico, para otros la ciencia ficción es un género dedicado a dar cuenta de transformaciones socio-políticas-culturales futuras, especulaciones tipo Orwell y Huxley; en este caso, también vemos que Osorio Lizarazo en su escarceo futurista acertó en la predicción de movimientos como el feminista, fenómenos como la muerte de la prensa, y las sociedades de control y extrema vigilancia.

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